Vuelve «El prestigio»

Por Darwin Palermo

Con motivo del estreno de la película El truco final acaba de reeditarse El prestigio (Minotauro, 2007), la novela de Christopher Priest en la que se basa la película y uno de esos libros en cuya valoración coinciden unánimemente tanto sus partidarios como sus detractores: puro entretenimiento. El prestigio se sumerge con elegancia en la época dorada de la prestidigitación, en pleno apogeo de los teatros de variedades, y enlaza con la novela de terror victoriana. Prácticamente, lo único que se puede decir del argumento sin arruinar su desenlace es que narra la historia paralela de dos magos decimonónicos que se convierten en archienemigos y que utiliza con mucha inteligencia el clásico recurso literario del “doble”. Por eso, incluso para quien no aprecie demasiado las novelas fantásticas, El prestigio ofrece al menos una excusa para recordar la tradición milenaria de gemelos idénticos, sosias, dobles personalidades diabólicas, doppelgängers y bilocaciones que, en los últimos cincuenta años, se extendió a territorios insospechados: los dobles idénticos han sido utilizados a menudo en experimentos mentales de filosofía del lenguaje para “someter a prueba” (es un decir) distintas teorías del significado y de la identidad personal. Entre la abundante bibliografía sobre el tema, merece la pena recordar La cultura de la copia (Cátedra, 1998), un inquietante ensayo de Hillel Schwartz -autora también, entre otras obras, de una historia de las dietas- que recoge una alucinante colección de datos curiosos sobre falsificaciones, hermanos gemelos, maniquíes, dobles, retratos, copias idénticas, museos de cera, fotocopias…

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