La España del ladrillo (III): Piolín va

Por Mona Meinhof

Son tantas las noticias de corrupción urbanística que saltan a diario a los medios que corremos el riesgo de que los árboles no nos dejen ver el bosque: al igual que no se puede decir que Mario Conde sea el único banquero de actitud reprobable, la inmensa mayor parte de lo que, desde un punto de vista ecológico y social, puede calificarse de abusos urbanísticos tiene lugar dentro de la economía formal y con arreglo a la legislación vigente.
Un caso muy revelador y que lleva años ofreciendo noticias de interés –y que, mientras no se demuestre lo contrario, se desarrolla dentro de la legalidad vigente– es el del Parque Warner, en San Martín de la Vega (Madrid)
En su día, la Comunidad de Madrid aportó un 43% del capital inicial (380 millones de euros) para este parque de ocio inaugurado en 2002 y que acumula, desde entonces, una ingente cantidad de pérdidas, situación que se ha intentado revertir inyectando más y más dinero, buena parte del cual son fondos públicos. Ya en noviembre de 2004, ante las críticas de la oposición, la presidenta regional anunció su intención de salirse del accionariado del parque, algo que consiguió por fin cuando en noviembre de 2006 la inmobiliaria Fadesa se hizo con el 73,8% del parque al comprar, entre otras participaciones, el 43,6% que tenía la CAM. ¿Cómo explicar un desembolso de este calibre para comprar un parque ruinoso? Pues por su “potencial urbanístico”: el lote adquirido por Fadesa incluye 667.000 metros cuadrados de suelo comercial, industrial y de servicios (275.000 añadidos recientemente tras la firma el pasado diciembre de un convenio urbanístico entre la CAM y el Ayuntamiento de San Martín de la Vega). Sin duda “un centro comercial grande tiene el éxito garantizado, ya que la zona está muy bien comunicada” (El País, Suplemento “Propiedades”, 09.02.07). En efecto, la inversión directa de la CAM en transportes y accesos al parque se calculaba, en 2004, en unos 156 millones de euros e incluía un ramal de autovía y una línea de tren directa obscenamente infrautilizada. No obstante, los expertos consideran que para que el parque salga adelante “hace falta la componente residencial de su entorno –posibilidad que no prevén los terrenos adyacentes– y que únicamente hoteles, comercio y ocio no son la solución. La clave de la operación está en la recalificación de los terrenos, para la que es posible que Jove cuente con un acuerdo o un compromiso por parte de las autoridades” (ibíd.).
En resumen: la CAM consigue deshacerse de unas acciones que le pesaban como un fardo y las compra una inmobiliaria que confía en una posible recalificación. Permanezcan atentos, porque la noticia promete…

Una respuesta a “La España del ladrillo (III): Piolín va”

  1. rino
    marzo 19th, 2007 21:27
    1

    Ay, Piolín, ¡en manos que quién estás! Al final vas a acabar echando de menos las garras de Silvestre

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