Por Karim Sambá y DJ Shuffle

Esta semana han coincidido el debate sobre el estado de la nación y la visita a España de los creadores de Los Simpsons. La trifulca ZP/Rajoy ha alcanzado tales grados de sopor que mientras veíamos las imágenes nos ha dado por pensar en qué políticos españoles podrían haber interpretado a los personajes de la serie en una obra de teatro. Ahí va el resultado: Patti y Selma Bouvier (Ana Palacio y Loyola de Palacio), Smithers (Ángel Acebes), Ned Flanders (José María Aznar), Director Skinner (José Barrionuevo), Milhouse (José Blanco), Barney (Martínez Pujalte), Actor secundario Bob (Jorge Verstryinge), etc. Vamos con las frases de la semana.

«El Ayuntamiento socialista de Collado Villalba presume de haber logrado contratar a Elton John, para actuar solo con su piano, por 600.000 € (…) Pero Collado no es el único Ayuntamiento que puede presumir de pagar exclusivas. El Ayuntamiento de Xátiva (Valencia), gobernado por el PP desde hace 12 años, pagará un caché aún más elevado por Elton John, que en este caso viajará acompañado de su banda. “Queríamos lo mejor”, cuenta por teléfono el alcalde, Alfonso Rus, que anunció “medio en broma” en el último mitín de campaña a las municipales que si ganaban traería a Elton John al pueblo» (El País, 2 de julio de 2007). Candidatos socialistas y populares aceleran los contactos con Sting, Eagles y Il Divo para afrontar con garantías las elecciones generales de 2008.

«Pregunta: ¿Mayordomo o Blackberry? Respuesta: Mayordomo, mayordomo» (Valentino, diseñador de moda, en el número de julio de Marie Claire) . La modernidad, obviamente, tiene un límite.

«¿Por qué Los Simpsons tienen 4 dedos y no 5? En un capitulo Bart le dice a Lisa que los humanos del futuro tendrán 5 dedos y no 4… Que curioso, je, je… Saludos!

Ja, ja, ja. Es una convención que tengan cuatro dedos. David Silverman, el director de la película, nos habló de un termino que utilizan los animadores: kilometraje de lápiz. Por ejemplo, si haces 20.000 dibujos, los necesarios para un episodio de TV, que es mucho lápiz (por no hablar de los árboles que se han gastado), te ahorras un montón si no dibujas el quinto dedo» (Matt Groening y Al Jean, padres de Los Simpsons, en el chat de elmundo.es, 2 de julio de 2007).

«Salvando las distancias, tanto en el chabolista que conduce un deportivo como en el alcalde o el empresario que acumulan propiedades y millones (en paraísos fiscales o en bolsas bajo la cama), la sospecha surge de nuestra incredulidad ante la posibilidad de que alguien haya hecho crecer su fortuna de tal manera y en tan corto tiempo si no es mediante trampa o delito. Si le damos la vuelta al argumento, en el reverso de nuestra sospecha se escucha a media voz una pregunta implícita, aunque pocas veces enunciada: ¿es posible enriquecerse de forma lícita? ¿Cabe hacer fortuna respetando la legalidad, sin corromper ni corromperse? Una pregunta que en realidad va más allá, y no se limita a la licitud, pues nuestro escándalo mira a la limpieza legal, pero también a la ética, sabiendo que dentro de la ley cabe lo deshonesto (…)

Por lo visto todos queremos ser millonarios, todos queremos acceder a esas formas elevadas de consumo, todos queremos dar la vuelta al mundo, saludar el año nuevo en lugares exóticos, tener una bodega envidiable en casas singulares y enormes con piscina, gimnasio y garaje doble, saborear las creaciones de los cocineros estrella, comprar arte contemporáneo y no tener que mirar la cuenta corriente desde mediados de mes. Queremos ser millonarios pero, mientras hojeamos revistas que muestran la casa de nuestros sueños y todo tipo de placeres sibaritas, esperamos que alguien nos responda a la pregunta: ¿podemos disfrutar de todo ello sin ensuciarnos las manos? (…)

Así que nuestra pregunta sigue sin ser contestada, pero además da lugar a nuevas preguntas, secundarias, derivadas de aquella: si hablamos de enriquecerse de manera: ¿qué entendemos por limpieza? ¿Está en el límite de la ley? Rechazamos el enriquecimiento súbito construido sobre la estafa, la corrupción, el robo o la evasión fiscal. ¿Lo damos por bueno cuando se levanta sobre la especulación bursátil o inmobiliaria, o sobre la compra de empresas para su inmediato desguace? ¿Nos parece aceptable cuando en apoya en la imposición de precios abusivos a proveedores y clientes? ¿Y si se basa en la explotación laboral, aunque sea una explotación que no vulnera la legislación? Y aún más: si consideramos sospechoso un enriquecimiento rápido y elevado, ¿a partir de qué cantidad deja de ser sospechoso? Lo es multiplicar por cinco un patrimonio en dos años. ¿Lo es también duplicar ese mismo patrimonio en el mismo plazo? ¿Dónde ponemos el límite de lo aceptable, de los esperable, y de los dudoso, de lo increíble?» (Isaac Rosa, escritor, El País, 28 de junio de 2007).

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2 respuestas a “”

  1. camarón
    julio 5th, 2007 19:47
    1

    Creo que el límite de la riqueza hay que ponerlo en lo que necesita uno, según esta letra de federico garcía lorca adaptada por kiko veneno: un jarro de vino y un pan casero

    lo mismo vale lo que dijero vainica doble y repiten ahora los expertos sol y nieve: un higo chumbo y una aceituna

    lo demás es trabajar.

  2. Iván
    julio 6th, 2007 11:58
    2

    El ayuntamiento de Oviedo, gobernado por Gabino de Lorenzo -aquí no se dice por el PP, se dice por Gabino… ¡ahí, a golpe de caciquismo!- y modélico según Rajoy, ya quemó hace unos años esa etapa de contratar conciertos multimillonarios y de gran valor propagandístico. Ahora le ha dado por llamar a esta legislatura la de la «lucha contra el ruido», ¿consecuencias prácticas? prohibición de cualquier fiesta que implique conciertos al aire libre a excepción de las de San Mateo -porque, claro, El sueño de Morfeo, Melendi y la Pantoja tienen que actuar al menos una vez al año en Oviedo-, y prohibición de la semana de jazz a excepción de dos conciertos en el auditorio. Aparte de lo asombrados que nos quedamos todos cuando nos enteramos, sobre todo los que pensábamos que ya estábamos curados de espanto, está la curiosa frontera que establecerán Gabino y su gente para lo que es ruido y lo que no. Yo solo espero que en las próximas navidades no vuelvan a poner villancicos por las calles a un volumen demencial… porque de ser así, no respondo de mis actos.

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