Por Mona Meinhof

El fantasma de la globalización sigue recorriendo Europa; de representar un riesgo real para las economías de algunos estados, en vista de las nuevas facilidades para la deslocalización, pasó a ser una amenaza contra sindicatos, huelguistas y comités de empresa, y ahora funciona como la excusa perfecta para dar más a los que más tienen y “convencer” a los de abajo para que sigan tirando del carro sin quejas ni lamentos: en efecto, no sólo hay que bajar los impuestos a las rentas altas para evitar que trasladen sus domicilios a paraísos fiscales, también hay que bajar las cotizaciones a la seguridad social de las empresas y el impuesto de sociedades, porque si no, se deslocalizarán llevándose su actividad a otros lugares.

Eso argumentaba hace unas semanas Javier Gómez Navarro, ex ministro socialista y presidente del Consejo Superior de Cámaras:«Hay que bajar las cuotas a la Seguridad Social. Lo ha hecho Angela Merkel en Alemania y está en el programa electoral de Nicholas Sarkozy en Francia, y es la única manera de evitar deslocalizaciones», asegura. El plan de las Cámaras se basa en bajar impuestos directos (IRPF, las cuotas a la Seguridad Social y Sociedades) y subir los indirectos. (Ojo a la entrevista de El País: a la pregunta “¿Es una medida de izquierdas?”, no puede por menos de responder con un clásico “Es una medida de racionalidad económica, el debate entre izquierda y derecha está superado”).

En definitiva, esta parece ser la única receta que se les ocurre a los expertos: ¡contra la fuga de capitales a paraísos fiscales devengamos nosotros mismos paraíso fiscal! ¡Contra la deslocalización que genera paro y malestar social, creemos nosotros mismos el malestar dentro de nuestras fronteras, para que los efectos sean más o menos los mismos, pero les evitemos a las empresas una molesta mudanza!

Y, ¿qué decir de los empleos no deslocalizables? Vicenç Navarro señalaba recientemente que la mayor parte de los empleos no son exportables, y subrayaba el hecho de que son precisamente los sectores en los que no es posible trasladar la producción (cuidados, servicios personales, hostelería…) los que registran unos salarios más bajos: “Los 15 puestos de trabajo con salarios menores, que incluyen el 15% de todos los puestos de trabajo de EE UU (y un 12% en España), son trabajadores de restaurantes y personal de cocina, personal de limpieza, personal de lo que en España se llaman guarderías y servicios domiciliarios, vigilantes de edificios y aparcamientos, y trabajadores de servicios domésticos. Ninguno de estos puestos es exportable a otros países”. Por mucho que haya quien intente librarse de responsabilidades culpando a la globalización, Vicenç Navarro apunta a las políticas públicas como las verdaderas culpables de esta situación, ya que han ido construyendo golpe a golpe un mercado de trabajo altamente desregulado –debilitando así al mundo del trabajo y fortaleciendo al mundo empresarial–, y un modelo de importación de trabajadores inmigrantes basado, precisamente, en la inmigración sin derechos, que obliga a quienes vienen de fuera de nuestras fronteras a aceptar salarios de miseria.

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