Por DJ Shuffle

Que venga a Madrid alguien del nivel de  Willie Colón  siempre es motivo de fiesta. Por eso varios miembros de Ladinamo acudimos en cuadrilla a su concierto, a pesar de los treinta eurazos que cobraban en puerta. Al final, valió la pena: el  veterano salsero ofreció un recital rebosante de sustancia y polémica. Lo último que esperábamos anoche es que usara el escenario para reclamar dinero a Rubén Blades, ex colaborador y ex amigo.  Lo hizo de forma contundente: cuatro minutos de ritmo sabroso machacando la frase “págame lo que me debes”. Mientras tocaba su orquesta  las pantallas mostraban imágenes de Blades, hoy semi retirado de la música para ejercer de ministro en Panamá.

La disputa se remonta a un show conjunto de 2003. En principio, debían haber cobrado 350.000 doláres  por el espectáculo  «Siembra…25 años después». El promotor huyó sin hacerse cargo de la cuenta. Blades se considera víctima del engaño, mientras que Colón le responsabiliza, ya que «él se comprometió a cobrar a través de su agencia».  El conflicto está en los tribunales. La anécdota es heavy: ¿llevará muchos años Colón tocando esta pieza en todos sus conciertos? Tremenda tenacidad,   digna de «El cobrador del frac».

En el plano artístico, consiguió contagiar a la audiencia, respaldado por una orquesta de ocho músicos, donde destacaba la rotunda sección de metales (con su trombón como estrella). En la segunda pieza podía parecer que el artista perdía fuelle. “Ya está ahogado”, soltaba un seguidor escéptico. Falsa alarma: el mito se amuermaba muy de vez en cuando, pero acto seguido sacaba los colmillos empalmando tres canciones arrolladoras. La intensidad fue a más y el público se marchó sonriente y sin aliento.  Colón atacó con la artillería pesada: desde la adictiva “Che che colé” a la doliente “Barrunto” pasando por la combativa «Tiempo pa´ matar» (aquí tocó el cielo).  Tampoco faltó “Gitana”, una pieza  en la onda de los mejores Chunguitos. Cerró con “El gran varón”, un himno contra el machismo y la homofobia de la vieja escuela latina. A pesar de haber engordado unos kilos, se movía con gracia embutido en su traje, irradiando el carisma de un «capo» de Los Soprano. No paró de repartir sonrisas y chistes socarrones.  Un ejemplo: “Para nosotros estar aquí es  mejor que ir al dentista”. Otro mejor: “Dejen de hacer fotos y vídeos,  más que un concierto esto parece una rueda de prensa… Aprovecho para mandar saludos a toda la gente que nos ve por  youtube”.

Nota: Como no podía ser menos, averiguar la hora de arranque del show  fue una misión homérica cortesía de Ticket Latino. En las entradas sólo figuraba «Apertura de puertas:  17 horas». En el local donde las compramos, Pollos La Colonial (Legazpi), nos juraban que saldría  a escena a las 19:00 ó 19:30. Cuando llegamos a la puerta los seguratas nos daban el golpe de gracia: «como pronto a las 22:00″. Las  últimas horas de espera  fueron amenizadas por un especial «Saltos de motocross», proyectado en las pantallas gigantes del local: la discoteca Penélope (Moncloa). «Sólo falta que Colón aparezca en Kawasaki», soltaba alguien medio en broma. Por cierto, la discoteca Penolope es justo lo que se imaginan: un megaespacio decorado con lámparas de araña, estatuas de adonis griegos y alfombras rojas.  «Solo el pasillo de entrada es más grande que el local de Ladinamo», apuntaba alguien.  Además, en marzo ponen a tope el aire acondicionado para que no se pierda el aire inhóspito, como de estación de autobuses abandonada. El salsero empezó a cantar a medianoche, bonito detalle de la organización para  asegurarse de que perdíamos el último metro a casa (justo por diez minutos).

Average Rating: 4.9 out of 5 based on 235 user reviews.

2 respuestas a “”

  1. Joder!
    marzo 4th, 2008 20:36
    1

    Que envidia! ¿Como os enterasteis?

  2. Pedro Navajas
    marzo 5th, 2008 12:31
    2

    Buena pregunta: para enterarse de estos conciertos hay que hacer regularmente batidas por las paredes de los barrios como Arganzuela (de fuerte presencia latina). Es casi el único modo. En los últimos meses han pasado por aquí varios monstruos del rollo latino (reggaeton, salsa, etc) y parece que casi nadie se ha enterado. O los promotores latinos sólo miran por su parroquia o los medios de comunicación “españoles” están a otra cosa (probablemente ambas cosas). El caso es que este es un asunto extremadamente underground: las entradas anticipadas de Willie Colón se vendían en una pollería en Legazpi.

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