Por Boris Gruchenko

Tras haber estado unos días alejado del diario, retomo el relato apresurado de mis días moscovitas. Me ha costado reponerme del viaje a Kiev y de la caña de las emociones vividas. Está claro que el tiempo aquí es de otra manera. Me siento atrapado en una paradoja permanente: como si viviera otra época, un tiempo congelado en el que, sin embargo, las cosas van más rápido que en mi vida jienense. Lo que está claro es que hay un antes y un después de mi viaje a Moscú. En un par de meses he vivido más que en todos mis años anteriores. Definitivamente la ecuación de Schrödinger no vale una mierda y la mecánica cuántica es relativista o no es. Como si debajo de esta ciudad hubiera un gran imán y la URSS fuera la entidad geométrica en la que se desarrollan todos los eventos físicos del universo. Lo flipo. ¡Viva el spín del electrón y todos los positrones! Lea más en Las Aventuras de Lolito Cohete.

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