Por Boris Gruchenko

Definitivamente la República de los Soviets me ha convertido en un superviviente. La última prueba que me ha deparado el destino moscovita casi acaba conmigo: horas y horas entre enrevesadas variables complejas e imposibles operadores hermíticos por obra y gracia del misterioso profesor Kornilov. Pese a todo, he confirmado que soy feliz entre cálculos de ceros exteriores y otros placeres físicos… Dios… Placeres físicos… Rumanía está cada vez más cerca. Estoy perdido y aterrado. Ojalá diera con la fórmula para evaporarme. No pego ojo desde que Negro decidiera ponerle fecha de defunción a mi jienense virginidad. Tic-tac, tic-tac. El reloj no se detiene y el sábado está ya a la vuelta de la esquina. Me puede el pánico. Temo morir de un infarto antes de llegar siquiera a atisbar los Cárpatos… Lea más en Las aventuras de Lolito Cohete.

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