Por Boris Gruchenko

Las mentes ligadas a The Sopranos siguen haciendo de las suyas. Matthew Weiner, uno de sus guionistas y productores, es el padre de Mad Men, una magnífica serie estadounidense cuya primera temporada ha sido emitida por el canal de cable AMC. Diálogos magistrales, una producción netamente cinematográfica y una interpretación de lujo nos sumergen en la Nueva York de los años sesenta, cuando la sociedad de consumo daba sus primeros coletazos y la incipiente industria publicitaria comenzaba a fabricar los imaginarios que en nuestros días operan como inconsciente colectivo.

De la mano de Don Draper, un ejecutivo publicitario interpretado por el desconocido Jon Hamm, Mad Men nos ofrece una radiografía de la ficticia agencia Sterling Cooper, hurgando en la miseria y los conflictos de su tribu de empleados. Un inteligente y apasionante retrato de los orígenes de la publicidad tejido con personajes modelados impecablemente, finos apuntes sociológicos, giros muy bien construidos y un ritmo que te hipnotiza y atrapa irremediablemente.

Con dos Globos de Oro en 2007 (mejor serie y mejor actor protagonista), Mad Men se ha convertido en una serie de culto en EE UU cuya segunda temporada verá la luz el próximo verano.

Decía Benjamin que el cine había roto definitivamente con la concepción clásica del arte porque lo había separado de su fundamento ritual y había borrado del mapa su propósito de producir obras eternas. En cierta medida, la televisión de nuestros días significa un retorno a los parámetros clásicos: constituye un auténtico objeto de veneración y culto para millones de personas, al mismo tiempo que la mayoría de sus productos reducen lo posible a lo existente, produciendo una realidad que opera como eternidad. De entre estos productos destacan las series que practican abiertamente el revisionismo histórico: la afamada Cuéntame (TVE) constituye un ejemplo privilegiado de este último extremo. Afortunadamente, Mad Men es la anti-Cuéntame. Una propuesta capaz de sacudir los consensos y desnudar la verdad oficial. Una serie que mete el dedo en las espantosas derivas antropológicas de la sociedad de consumo, destapando sus profundas miserias y contradicciones, y apuntando que el origen de sus imaginarios es obra de sujetos sin escrúpulos, miserables, cínicos y mentirosos.

Average Rating: 4.9 out of 5 based on 151 user reviews.

Una respuesta a “”

  1. Jeffreyabbot
    junio 1st, 2008 22:25
    1

    Impresionante. Gracias.

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