Por Boris Gruchenko

La Argentina televisiva se vio sacudida en el año 2000 por un acontecimiento inesperado: una serie de once capítulos en torno a la vida de cuatro jóvenes habitantes del desbarajuste neoliberal y la vida precaria enganchó a los televidentes hasta hacer saltar por los aires los índices de audiencias. Emitida por Canal 7, la cadena pública de la ciudad de Buenos Aires, Okupas se convirtió en pocos meses en uno de los fenómenos más importantes de la historia de la televisión argentina.

Dirigida por el realizador Bruno Stagnaro (responsable de la mítica película Pizza, birra, faso), Okupas cuenta las peripecias cotidianas de Ricardo, El Pollo, Chiki y Walter, cuatro jóvenes bonaerenses a los que el azar junta en una vieja casa que han tomado al asalto contra viento y marea. Un intenso y trepidante viaje a la Argentina de abajo, donde la gente común pelea por ganarle terreno a la macroeconomía y la justicia se mueve en códigos que poco tienen que ver con la ley. Una auténtica máquina de producción de emociones y relatos de lo cotidiano. Un ejercicio televisivo maravilloso que se sitúa en las antípodas de las series convencionales: 1. Huye de los estereotipos; 2. No convierte la existencia de las élites en espejo y horizonte de todas las existencias; 3. No caricaturiza a las clases trabajadoras; 4. No representa ni tergiversa la realidad, sino que deja que la realidad misma se exprese; 5. Su tiempo no se construye en torno a la velocidad de acontecimientos sin memoria, sino que recrea el devenir de procesos que fluyen; 6. No simplifica la complejidad; 7. No confunde la calidad televisiva con el tostón o el bodrio progre y moralizante.

Producida por Ideas del Sur, Okupas arrasó en la edición de los premios de la televisión argentina en 2001 y demostró que es posible escapar de los estándares de la ficción televisiva habitual sin por ello renunciar a fabricar propuestas capaces de arrasar en el mainstream.

Una historia que te atrapa desde el primer capítulo. Una dirección y una interpretación apabullantes. Unos guiones ricos e inteligentes que te mantienen en vilo sujetos por el delgado hilo de una única trama por capítulo. Un milagro televisivo impensable y envidiable en el páramo catódico patrio. No se la pierdan.

Vean aquí dos pequeños fragmentos de esta gran historia:

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