Por Perla Primicias

En estos tiempos se ha generalizado la manía de echar la culpa de todos nuestros males a las llamadas economías emergentes de China y la India. Si sube el petróleo es porque los chinos ponen mucha gasolina, si se emite CO2 es por causas parecidas y si los precios de los alimentos básicos no paran de subir es porque estos malditos amarillos comen mucho. La insistencia en este tipo de pseudoexplicaciones, tan marcadamente raciales, es directamente proporcional a la ausencia de datos contrastables que las sostengan. Por supuesto, el hecho de que la crisis financiera haya provocado una huida masiva de capitales desde las bolsas hacia los mercados de futuros de petróleo y alimentos no tiene nada que ver con el desquicie de los precios.
La Revista Sin Permiso publica una artículo del economista mexicano Alejandro Nadal, oríginalmente publicado en La Jornada que, por fin,  pone datos concluyentes encima de la mesa.

Precios de alimentos: adiós al factor China
Alejandro Nadal
 
Para explicar el comportamiento al alza de los precios de alimentos se ha recurrido a varios factores. Pero entre las razones que se mencionan, siempre destaca el factor China.
La historia es sencilla: el aumento de la demanda en China afecta la dinámica de precios, no sólo por el crecimiento demográfico, sino porque la clase media ascendente ahora consume más carne. Como se necesitan 700 calorías de alimento en grano para producir 100 calorías de carne de res, este cambio de dieta presiona fuertemente el mercado.
Hasta Paul Krugman, tan admirado por los lectores de The New York Times, abraza esta “explicación” y coloca a la demanda china como principal causa del aumento de precios. Pero el famoso economista no ha hecho bien la tarea.
Daryll Ray, investigador de la Universidad de Tennessee, sí ha revisado los números y éstos son sus hallazgos: primero, entre 1990 y 2007 la demanda de carne de res pasó de 1.1 a 7.4 millones de toneladas, pero China cubrió ese incremento con producción doméstica y hasta exportó pequeños excedentes.
El consumo de carne de cerdo aumentó de 23 a 45 millones de toneladas entre 1990 y 2007, pero China fue autosuficiente y siguió exportando. Finalmente, el consumo de carne de pollo pasó de 2.4 a 11.5 millones de toneladas entre 1990 y 2007. China fue autosuficiente en este producto, aunque en 2007 importó una modesta cantidad (124 mil toneladas).
Así, entre 1990-2007 su demanda de cárnicos creció 142 por ciento, pero se cubrió con producción interna y hasta se exportaron excedentes. Ese factor no constituye una presión adicional sobre el mercado internacional de cárnicos.
¿Qué sucede en el caso de los granos? Veamos el arroz. Entre 1990 y 1999 el consumo pasó de 124 a 134 millones de toneladas; la producción mantuvo el ritmo y China continuó exportando. Después de 2000 la producción doméstica fluctúa, pero siguió cubriendo la creciente demanda y generando excedentes. Se observan incrementos en superficie cultivada para este grano, lo que permitirá hacer frente a la demanda y seguir exportando.
China cubre su consumo interno de maíz y es un exportador importante (en 2005 exportó 3.5 millones de toneladas). Para el trigo tenemos que en los años 90 la demanda interna pasó de 102 a 109 millones de toneladas. Aunque eso pudo cubrirse con rendimientos crecientes, aumentó sus reservas con importaciones. A partir de 2000 reduce la producción interna y recurre a sus reservas de trigo para cubrir la demanda. Sin embargo, desde 2005 la superficie cultivada y la producción interna aumentan nuevamente y China vuelve a exportar trigo.
Todo esto revela una interesante política de manejo de reservas. En la década de los 90, probablemente por la experiencia histórica de numerosas hambrunas, China mantuvo reservas muy altas. Pero en los últimos diez años una parte de su demanda se cubrió con esas gigantescas reservas. Por eso los datos mundiales revelan no un incremento, sino una disminución en la demanda internacional de granos en ese periodo. Hasta aquí los números de Daryll Ray.
Tenemos entonces un dato muy importante: China, lejos de provocar un aumento en la demanda mundial, es responsable de una reducción debido a su manejo de inventarios. Eso sí que choca con el comportamiento de los precios, ¿verdad?
No cabe duda, hay que despedirse del factor China como explicación del aumento de precios. Y dado que los otros factores que mencionan los medios (agrocombustibles, precios de petróleo y sequías en algunas regiones) no sirven por sí solos para dar cuenta de los incrementos espectaculares en el costo de los alimentos, hay que seguir buscando otra explicación.
No hay que ir muy lejos: la concentración del mercado mundial de granos, carne, semillas e insumos agrícolas es la pista más prometedora. Hoy, conglomerados como Archer Daniels, Cargill, Bunge, Monsanto y Syngenta tienen el poder de mercado y la infraestructura para manejar inventarios, invertir en mercados de futuros y manipular precios a escala mundial para obtener súperganancias. Pero ni la OMC ni la FAO están interesadas en remediar esta situación.
En el plano nacional sucede lo mismo: deficiente política agrícola, mala gestión de inventarios y poder de mercado de grandes consorcios. Eso explica el incremento de precios. Pero el gobierno no quiere perturbar a sus amigos. Es mejor propalar las mentiras sobre el factor China.

Alejandro Nadal es economista. Profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada.

La Jornada, 11 de junio de 2008 

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