Economía chanante V: no pongamos límites a la imaginación

Por Mona Meinhof

Si se pudiera uno abstraer del durísimo golpe que la crisis está suponiendo, y va a suponer en el futuro, para la población en general, y para los más pobres en particular, lo cierto es que algunos de los sucesos económicos recientes y especialmente las declaraciones y debates que están suscitando, resultarían tronchantes. Es el caso del llamamiento de nuestro querido Presidente de la Patronal a que se haga un “paréntesis en la economía libre de mercado” para que les saquen las castañas del fuego, que ya luego ellos volverán a lo suyo en cuanto sea posible. O las del siempre sorprendente Juan Manuel de Prada, que ayer en Madrid Opina aseguraba no entender cómo se puede pretender “ideologizar el debate” sobre la intervención del estado en la economía.

Otro que ha deslumbrado con sus ocurrencias últimamente ha sido Josep Piqué. El ex ministro, impertérrito, reclama medidas “valientes”: congelación salarial para los funcionarios, rebaja de impuestos directos y una nueva oleada de privatizaciones. Y por si algún incauto se creía que ya no quedaba mucho sector público en pie, advierte: “¿Estamos seguros de que no se puede avanzar en el proceso de privatización? […] Otros países han privatizado incluso los servicios penitenciarios. No pongamos límites a la imaginación”.

En el otro bando, el de los críticos con la economía neoliberal –que, por cierto, proliferan ahora por todas partes– una de las frases más –comprensiblemente– repetidas a raíz de las recientes operaciones de rescate del sector privado que han emprendido gobiernos y bancos centrales es la de “Ajá, ¿y dónde están ahora los neoliberales?”. Pues lo más increíble es que están exactamente donde estaban. Veamos.

No nos perdamos en idealismos

Si nos centramos en los verdaderos artífices del mundo económico en el que vivimos –grosso modo, los empresarios, a los que podemos referirnos como los “pragmáticos del liberalismo” por oposición a los “teóricos del liberalismo”– lo cierto es que nunca le han hecho ascos a la intervención del Estado, siempre que ésta se produjera en su favor. En efecto, hace ya años que se acuñó la expresión “keynesianismo militar” para describir la monumental subvención al capital privado que significaron las ingentes inversiones en gasto militar de la era Reagan. Desde entonces, no hemos presenciado sino variaciones de este mismo tema, como pueden ser los flamantes planes de infraestructuras a los que tan dados son los sucesivos gobiernos de nuestro país –eso sí, siempre acompañadas por la desregulación del sector financiero, privatizaciones y demás–. Pero si los empresarios aplauden este tipo de intervención estatal –que puede conllevar incluso medidas proteccionistas clásicas que obstaculicen las importaciones y similares–, se rasgan en cambio las vestiduras ante pilares del keynesianismo clásico como incentivar la demanda general elevando los salarios y eliminando el paro para conseguir una clase obrera consumidora, emplear la estructura fiscal para redistribuir la riqueza y el dinero público para levantar un estado de bienestar, o establecer controles sobre los tejemanejes del sector financiero. Por poner un ejemplo cercano, que a todos resultará familiar, y que ya se ha tratado en este blog (Economía chanante III: dame algo), los mismos que rechazaban como anatema máximo la posibilidad de que les quisiera forzar a construir vivienda protegida, reclaman ahora –y consiguen– ayudas estatales para deshacerse con ganancias de sus stocks sobrantes de inmuebles. Así y no de otra manera funciona el capitalismo neoliberal, y bien que les ha ido hasta ahora.

Desde la caverna liberal

Harina de otro costal son los teóricos del liberalismo. Por increíble que parezca, estos también están donde estaban: defendiendo el mercado libre y autorregulado y clamando –por una vez, en el desierto– por nuevas rondas de desregulación de todo lo habido y por haber, identificando sin más libertad con libertad de mercado y anunciando, para quien quiera oírles, que esta crisis no tiene nada que ver con el liberalismo. Lo que ha entrado en crisis, dicen, ha sido precisamente ¡¡la economía keynesiana!!, que, al parecer, lleva funcionando desde después de la Segunda Guerra Mundial. Aseguran que nunca se ha dejado que el mercado se autorregulara de verdad. Olvidan que a principios del siglo XX se intentó en serio, con catastróficas consecuencias que ha analizado magistralmente Karl Polanyi y que estuvieron a punto de destruir el mundo tal como lo conocemos (la excusa es increíblemente parecida a la de la Falange, por cierto: “es que nosotros nunca gobernamos, es que Franco nos traicionó…”).

Un buen ejemplo de este tipo de discurso, aunque tal vez en exceso desquiciado –quiero creer que hay liberales algo más listos– es este simpar artículo de Federico Quevedo (ojo a esta cita, que es de traca: “Lo malo es que a la par que Rodríguez [Zapatero], también Al Qaeda tiene que estar celebrándolo: lo que no consiguieron ellos con dos aviones y más de 3.000 muertos aquel 11 de septiembre de 2001, lo ha conseguido el mismísimo Bush con una crisis: acabar con el liberalismo, es decir, con la idea de que la libertad –en cualquiera de sus manifestaciones– es el bien supremo al que debe aspirar cualquier ser humano”).

2 respuestas a “Economía chanante V: no pongamos límites a la imaginación”

  1. Don Kin Kon
    septiembre 25th, 2008 19:07
    1

    Enorme post

  2. alnank
    septiembre 30th, 2008 02:24
    2

    a estas horas de la noche, lo sé, sólo se puede ver porno barato en televisión.
    ver a hermann tertsch preguntándole a beteta, que en este momento acusa el gobierno de no permitir al ciudadano pillar más hipotecas por ese 1,5% de déficit, muy serio:
    ¿privatizaciones?
    y verle contestar al ínclito ex-obeso de la comunidad de madrid, muy serio: “por supuesto, aparte del 49% del canal, vamos a ver en los próximos meses a un par o dos de empresas salirse de lo que es el sistema público. Porque en tiempos de crisis, el gobierno debe estar con los ciudadanos, y eso significa poder ofrecer servicios tal y como veníamos ofreciéndolos. hay empresas que quedan bien como imagen, pero nuestra tarea es darle los servicios a los ciudadanos que necesitan”, es la cosa más obscena que he visto en televisión en muchos años.

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