Por Karim Sambá

De un tiempo a estar parte cada vez que compramos un periódico corremos el riesgo de ser premiados con una vajilla, un DVD de Los Serrano, una camiseta de la selección española… o una noche de hotel en Zamora. Es lo que hay, y es mejor afrontarlo. Así que pa’ Zamora vamos. Crónica del viaje express:

Sábado. 17:33: Llegada al NH, hotel de cuatro estrellas a orillas del Duero. De pronto, mientras la recepcionista comprueba la reserva, surge un grito desgarrador de las profundidades del hotel: «¡Vivan los novios! ¡VIVAN!» Se está celebrando un bodorrio en los salones del NH.

17:55. Salida hacia el casco antiguo antes de que se haga de noche.

18:36. Quinta iglesia románica en menos de 100 metros.

18:49. ¿Por qué no hay ni Dios en la calle?

19:09. Llegada a la Plaza de Viriato. Personas paseando por la plaza: cuatro. Objetos absurdos aparcados en la plaza: uno. Y bien grande: limusina kilométrica frente al Parador de Zamora. Coño, ¿qué raro? ¿Quién habrá dentro?

19:11. Personas dentro del claustro del Parador: no menos de 65.000. Causa: Feria de la Boda 2006. Primera reacción: flojera de piernas. Segunda reacción: ¡Qué coño!, pa’ dentro.

19:17. Descripción del evento: serie de stands empresariales con todas y cada una de las cosas que, al parecer, uno necesita para casarse (y cuando digo todas y cada una quiero decir todas y cada una).

19:19. Comienza una apoteósica vuelta al claustro en la que hay que sortear los siguientes ofrecimientos: ramos de flores, trajes de novia o de primera dama, anillos y joyería varia, cócteles e invitaciones de boda de diseño (“porque todos los detalles son importantes”); además de los inevitables reportajes en foto y video del gozoso evento. Y como apoteosis final una invitación a hacerse una depilación laser (sí, no es broma. ¿No querrás presentarte toda peludita a tu noche de bodas, verdad?). Pero ojo, también hay que pensar en el día después: una azafata de la empresa Pemesal Sociedad Limitada te muestra la “guía del comprador de vivienda”. El eslogan de Pemesal no deja lugar a dudas: “Sólo viviendas buenas. Sólo viviendas nuevas”.
Llegados a este punto la presión aumenta y faltan fuerzas para preguntarle a la azafata si el caballero con armadura montado a caballo que está a sus espaldas significa que existe una empresa dedicada a organizar bodas medievales (a lo mejor era parte de la decoración del claustro. Nunca lo sabremos). Primeros síntomas de paranoia: si no te controlas igual te linchan. Es hora de escapar.

20:50. Regreso al hotel. Rápido vistazo al salón para ver el estado del bodorrio: infierno beodo. Algunos invitados empiezan a filtrarse (haciendo eses) por los pasillos del hotel.

Domingo. 12:00. Devolución de las llaves de la habitación. Los invitados a la boda, con gafas de sol y cara de jaqueca, salen del hotel en silenciosa procesión hacia una hilera de coches aparcados frente al Duero.
Regreso a Madrid.

Lunes. 09:00. Hora de comprar el periódico. ¡Que sea lo que Dios quiera!

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