Por Darwin Palermo

En noviembre de 1971, la televisión holandesa transmitió un coloquio entre Noam Chomsky y Michel Foucault, cuya transcripción íntegra publicará en breve la editorial Katz bajo el título La naturaleza humana: justicia versus poder (existía una versión parcial anterior, de 1976, que publicó la editorial valenciana Teorema). El encuentro tiene interés porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movían en espacios ideológicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qué punto las posiciones políticas de izquierdas no están reñidas con el más puro disparate ético.
En efecto, mientras Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien… cosas así), Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista: “El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (…). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qué objeción se puede hacer a eso”. Veinte años después Chomsky recordaba así a Foucault: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.
La cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el catastrófico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los años ochenta, cuando mucha gente se cansó de tener razón sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefirió prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una auténtica debacle relativista que concluyó, no podía ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir más lejos, Jiménez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en España la obra de Lyotard a principios de los años ochenta). Y, peor todavía, no hace mucho el propio Chomsky manifestaba el asombro que le producía la difusión de estas teorías ya no en esos extraños invernaderos intelectuales que son las universidades norteamericanas, sino en países no occidentales aquejados de males bastante más serios que el fin de los metarrelatos o la microfísica del poder: “En Egipto existe una comunidad intelectual muy dinámica y cultivada, formada por personas muy valientes, que pasaron años encarceladas bajo el régimen de Nasser, que fueron torturadas casi hasta la muerte y que consiguieron salir para continuar luchando. Pero actualmente, en el conjunto del Tercer Mundo, abundan la desesperación y el desánimo. La forma en que todo esto se manifestaba en Egipto, entre los medios vinculados a Europa, consistía en sumergirse completamente en las últimas locuras de la cultura parisina y concentrarse absolutamente en ellas. Así, cuando daba conferencias sobre la situación actual, incluso en institutos de investigación dedicados al análisis de problemas estratégicos, los asistentes querían que eso se tradujera en términos de jerga postmoderna. Por ejemplo, en lugar de pedirme que hablara de los detalles de la política norteamericana o de Oriente Medio, donde ellos viven, algo demasiado sórdido y falto de interés, querían saber cómo la lingüística moderna brinda un nuevo paradigma discursivo sobre los asuntos internacionales que sustituirá al texto postestructuralista. Esto era lo que les fascinaba y no lo que revelaban los archivos ministeriales israelíes sobre su planificación”.

Average Rating: 5 out of 5 based on 252 user reviews.

23 respuestas a “”

  1. ivan
    noviembre 20th, 2006 14:58
    1

    Lo de las universidades como invernaderos culturales es algo que se da también por aquí. Por diversas causas siempre he leído más Chomsky que Faucalt, pero vaya, veo que no me pierdo demasiado. Hay ganas de leer el texto completo.

  2. ivan
    noviembre 20th, 2006 14:59
    2

    Quería decir Foucault. Esto me pasa por no revisar el comentario ANTES de enviarlo, jeje.

  3. X.V.
    noviembre 21st, 2006 18:42
    3

    No dudo en la amoralidad de Foucault. Seguro que si Chomsky lo cita por algo será. Pero tampoco puedo dejar de cuestionarme la honestidad intelectual (y, por tanto, ética) de quien produce textos apologéticos sobre regímenes dictatoriales pretendidamente de izquierdas sin citar en ningún momento los crímenes y barbaridades cometidos por dichos gobiernos. Y Chomsky es uno de ellos.

    Por otro lado siento recordar que para la historia del pensamiento del siglo XX siempre será más importante Foucault que Chomsky. Este último, al margen de la gramática generativa (interesantísima, no lo dudo), no ha hecho más que escribir textos panfleteros y que invitan más bien poco a tener un verdadero pensamiento autónomo y crítico. Eso no me impide, por supuesto, aplaudir el compromiso de Chomsky en algunas de las cuestiones internacionales más flagrantes, como la de Oriente Medio.

    Por cierto, no puedo dejar de recomendar dos obras de Foucault que me parecen imprescindibles: Vigilar y Castigar (es una genealogía de los métodos punitivos) y la Historia de la Sexualidad.

    Soy de los que reconocen los excesos de la posmodernidad, su relativismo, etc… Pero tampoco me convence esa moda de descalificar todo lo que procede de aquella corriente. Lyotard, Foucault o Deleuze contribuyeron a elaborar una crítica de la modernidad que resulta imprescindible. ¿De verdad hay quien opina que la posmodernidad no ha aportado nada intelectualmente a la humanidad? Que se lo digan a la crítica feminista, al ecologismo, al movimiento GLBT… No todo iban a ser refritos del marxismo

    Un saludo

    X.V.

  4. maelstrom balboa
    noviembre 21st, 2006 19:18
    4

    En mi opinión, la moraleja de la polémica entre Chomsky y Foucault (y lo que hace apreciable la posición de Chomsky) no es una crítica de la postmodernidad sino la idea de que NO hay expertos morales. Es decir, que ninguna teoría, por muy postmoderna o no que sea, puede suplantar el juicio ético común. Y ahí sí que Chomsky llevaba las de ganar (por cierto, Chomsky tiene de marxista lo que yo de lagarterana: es un liberal de izquierdas de toda la vida). Sin duda habrá metido la pata a menudo, pero no es lo mismo defender erroneamente gobiernos que han resultado ser autoritarios que defender enconadamente el autoritarismo sin más (en realidad lo que Foucualt defendía era un rollo bárbaro en plan Mad Max).
    Yo también recomiendo “Vigilar y castigar”, aunque si en vez de genealogía lo llamamos historia, la gente no se asusta. Foucault fue, en mi opinión, un excelente historiador y un auténtico majadero político (está muy bien al respecto el ensayo de Paul Veyne, “Foucault revoluciona la historia”). En cambio, desrecomiendo con entusiasmo la “Historia de la sexualidad”, para mí una auténtica paja mental sin pies ni cabeza.

  5. Iván
    noviembre 22nd, 2006 14:43
    5

    Si algo me incomoda del relativismo postmodernista es el modo en que ha sido empleado por el sector desencantado de la izquierda como excusa para su desbandada a la derecha, tal y como menciona Darwin Palermo en esta entrada.

    Entiendo que lo que critica Chomsky es también el hecho de ver a Foucault como el detonante de una impermeabilización de las universidades frente a la realidad política, un escurrir el bulto para dedicarse a marear la perdiz del postmodernismo. De ahí a creerse lo de “el fin de la historia” hay un tiro de piedra, de hecho.

  6. X.V.
    noviembre 22nd, 2006 16:54
    6

    Vaya, decir que Foucault ha sido el detonante de una “impermeabilización de las universidades frente a la realidad política” me parece una pasada teniendo en cuenta el papel que jugó en Mayo del 68.

    Por otra parte comparto la incomodidad que supone el que algunos virajes a la derecha utilicen como excusa el relativismo posmoderno. Pero eso será más bien problema de quienes recorren ese camino que de la propia posmodernidad. Creo que esta fuera de toda duda la posición política hacia la izquierda de Foucault y otros pensadores postestructuralistas, por más que podamos no compartir alguna parte o la totalidad de sus ideas.

    No dudo que Foucault defendiera el autoristarismo de una supuesta violencia revolucionaria. Pero me temo que eso no es original de Foucault. Cualquiera que haga un mínimo repaso a las organizaciones europeas a la izquierda de los PC’s (desde trostkistas a maoistas) de los años setenta en los que transcurre la entrevista se dará cuenta de que todas ellas defendían posiciones netamente autoritarias. Por decirlo de otro modo: la izquierda pre-caida del muro de Berlín es, casi en su totalidad, una izquierda tremendamente autoritaria, dogmática y muy poco crítica con sus propios presupuestos.

    Creo que la posición de Foucault a la que se refiere Chomsky tiene que ver con lo que el filósofo frances entendía como “justicia popular”, muy ligada al marxismo maoista. Por supuesto que esta posición no se sostiene hoy en día de ninguna de las maneras y conviene desmontarlas. Pero no hay que perder la perspectiva. Esaa posición de Foucault era común a un montón de gente de izquierdas de la época que en muchos casos, afortunadamente, acabaron evolucionando hacia posturas más sensatas. Desgraciadamente Foucault no vivió para recorrer ese trayecto ideológico.

    Un saludo

    X.V.

  7. maelstrom balboa
    noviembre 22nd, 2006 17:02
    7

    Foucault superó con mucho a los más estúpidos maoistas con su propuesta de justicia popular salvaje. Hay un artículo alucinante titulado “Debate con los maos” en el que incluso un militante maoista se queda estupefacto de los disparates que llega a aplaudir Foucault. Por otro lado, Foucault sí que desarrollo un curioso trayecto ideológico… hacia el hedonismo (perdón, “duidado de sí”), otra cosa es que no le diera tiempo a completarlo. Estoy de acuerdo, en cualquier caso, en que se trata de males comunes a mucha gente de la época y, desgraciadamente, también a esta.

  8. Iván
    noviembre 23rd, 2006 07:06
    8

    Hombre, XV, igual es exagerado decir que Foucault es el único detonante de la impermeabilización académica a la realidad, lo admito. Pero es igualmente exagerado decir que solamente gracias a él la crítica feminista ha tenido la importancia que ha tenido en las últimas décadas. En fin, no quiero rechazar el postmodernismo en su totalidad, que en efecto es un arma para criticar determinados aspectos (de las estructuras de poder tradicionales, por ejemplo) bastante interesante. Pero a lo que yo voy es que en líneas generales la propuesta ideológica de Chomsky me parece más sensata que la de Foucault.

    Un saludo.

  9. James Bulla
    noviembre 23rd, 2006 13:19
    9

    Para el ecologismo la crítica postmoderna ha sido completamente irrelevante lo que ha hecho fuerte a este movimiento ha sido la investigación empírica y un arsenal conceptual bastante pragmático.

    Una buena hermeneútica de la narrativa del cambio climático o una sútil deconstrucción de la retórica del poder en el cambio de usos del suelo serían muy celebradas por cómicas.

  10. Michael Landon
    noviembre 23rd, 2006 13:38
    10

    53 posts más y lograré decidir si estoy a favor del Frente Judaico de Liberación (Foucault) o del Frente de Liberación de Judea (Chomsky).

  11. X.V.
    noviembre 23rd, 2006 15:18
    11

    Jajaja… No se trata de estar con uno o con otro. Al menos yo no trato de defender a Foucault, vaya, sino de problematizar un poco las palabras de Chomsky. Porque una cosa es hacer una crítica a un pensador como Foucault y otra descalificar toda su obra como si no hubiese dicho ni una sola idea interesante.

    A mi me resulta tan cómica e inutil como a todo el mundo la palabrería posmoderna. En cualquier caso, Foucault no se caracterizaba precisamente por ser uno de los más destacados usuario de ese tipo de lenguaje. Al menos no era como Derrida o como Guattari, por poner dos ejemplos.

    En cuanto al ecologismo, yo creo que la crítica a la modernidad ha sido importantísima para su posterior desarrollo ideológico, al margen de la importancia indudable de la investigación empírica. Para bien y para mal (en muchos casos para mal) el ecologismo como movimiento social (al igual que los otros movimientos sociales) aparece con fuerza en los años ochenta, en un contexto ideológico de crítica a los grandes relatos, a las cosmovisiones y a las ideologías del XIX. Los movimientos sociales aparecen, de hecho, como alternativa a los partidos de izquierda. Y en eso tiene bastante que ver el ideario de la crítica a la modernidad.

    La crítica a la modernidad, por cierto, no es solo obra de los autores que hoy se conocen como postmodernos. Adorno y Horkheimer, por ejemplo, fueron grandes críticos de la modernidad sin que necesariamente se los califique como posmodernos.

    No pretendo de ninguna de las maneras hacer apología de la posmodernidad. Nada más lejos de mi intención. Pero si que me parece injusto no separar el grano de la paja y tomar la parte por el todo. Muchos de los autores conocidos como posmodernos han dicho auténticas majaderías pero también han aportado puntos de vista que creo que pueden ser de algún interés.

    Un saludo

    XV

  12. James Bulla
    noviembre 23rd, 2006 16:23
    12

    Hombre, el ecologismo que más juego ha dado parte más de una crítica concreta (de corte bastante moderno) del optimismo tecnológico que del tipo de crítica a la modernidad (metarrelatos, cosmovisiones, etc..)que mencionas.

    Pero aún en el caso de que presenten ciertas afinidades de orígen, el programa postmoderno no ha jugado ningún papel en el desarrollo posterior del movimiento ecologista y de sus investigaciones. Mientras que no pocos textos del marxismo clásico (o de Ricardo y Malthus) si lo han hecho. Es algo que tiene que ver con la escala de los hechos a los que el ecologismo se dirige y a los que la filiación literaria del postmodernismo simplemente no puede dar respuesta.

    Por otro lado, estoy de acuerdo en que Foucault no es el peor utilizando la dichosa jerga. Por lo menos el Foucault historiador de Vigilar y Castigar, del que han salido líneas de investigación nada postmodernas. Quizá por que, de toda esta tropa fué el que más se chapó los archivos y la documentación.

  13. Michael Landon
    noviembre 23rd, 2006 16:33
    13

    Buenooo! Ya empezamos a acercar posturas. No si al final vais a acabar chupándoos las pollas…

  14. Naxos
    noviembre 30th, 2006 06:32
    14

    Hola, checo apenas este blog y se ve muy bien. Bueno les escribo porque quiero decirles que sobre el tema de ésta entrada hice un post-package que quizá les pueda interesar. De entrada no me asumo muy chomskiano que digamos. El paquete cuenta con antesala, preliminares, reseña, video y un artículo como plus. Por otra parte, sólo para acotar que el debate completito fue publicado desde hace un buen de tiempo en la edición de artículos de Foucault que paidós le dedicó -selección de los Dits et écrits-. Les comento que los leeré desde mi feed y que estaría dispuesto también, de ser recíproco por supuesto, a enlazar esta bitácora, por aquello del tejimiento de redes interesantes. Muchos saludos.

  15. Conversación en Ladinamo « Naxos
    noviembre 30th, 2006 06:36
    15

    […] Chomsky vs Foucault […]

  16. Josu Cristóbal De-Gregorio
    diciembre 22nd, 2006 19:07
    16

    ¿Entender a Foucault? Chomsky, la izquierda y el disparate ético.

    En un artículo publicado en Rebelión el pasado 27 de noviembre con el sugestivo título Chomsky contra Foucault, 35 años después, su autor, Darwin Palermo, nos trae a la memoria un interesante debate que tuvo lugar en 1971 en la televisión holandesa entre el lingüista estadounidense Noam Chomsky y el filósofo francés Michel Foucault.

    Concretamente encabeza dicho artículo con estas palabras de Chomsky pronunciadas veinte años después del debate: “Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algún territorio moral. Con él me sentí, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me resultó simpático. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo así”.

    Creo comprender la sensación que todavía en aquella época le produjeron a Chomsky las posturas radicales de Foucault, ya que efectivamente los dos pensadores habitaban universos éticos distintos. Pero con ser interesante esta cuestión, en lo que sigue me voy a referir al contenido del artículo del Sr. Palermo, ya que en el mismo se vierten, de forma ciertamente simplista, una serie de opiniones sobre el filósofo francés que, en el mejor de los casos, parecen producto de una auténtica ignorancia. Opiniones que, por cierto, se unen a la moda existente entre ciertos sectores de la izquierda, de descalificar in toto el pensamiento filosófico francés –parisino, dirían algunos- de la segunda mitad del siglo pasado.

    Intentando resumir las posiciones enfrentadas en el debate, Darwin Palermo acaba convirtiendo al bueno de Chomsky en una mala caricatura de sí mismo, con posturas que suscribiría hasta Benedicto XVI o el mismísimo George W. Bush: “Chomsky mantenía posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir está mal, la igualdad y la libertad están bien… cosas así)”. Aquí termina la contribución al análisis de la figura del lingüista norteamericano, pues, como se verá a continuación, lo que le interesa de verdad es disparar sobre Foucault.
    En efecto, si tremendamente simplista es la interpretación sobre las palabras de Chomsky, directamente delirante es la interpretación que sobre la postura de Foucault vierte en su artículo, buscando con ello demostrar que la posición política del pensador francés, al contrario de las razonadamente ilustradas, es un auténtico disparate ético.
    Dice así: “El encuentro tiene interés porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movían en espacios ideológicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qué punto las posiciones políticas de izquierdas no están reñidas con el más puro disparate ético”.
    Ya va quedando claro el campo de batalla: el razonablemente ilustrado Chomsky vs. el disparatado y chalado populista Michel Foucault (no lo digo yo, lo dice el autor: “Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista”).
    Pues bien, entrando en el asunto, confieso que mi primera impresión fue que el Sr. Palermo no había entendido nada del debate en cuestión, pero tras revisar su artículo más bien parece que ni siquiera lo ha leído. Ruego que me disculpe por este atrevimiento, pero si no es así ¿cómo se explica que fundamente sus argumentos en una sola frase sacada del contexto del debate sin atender en ningún momento al desarrollo del mismo?
    La frase en cuestión era la siguiente: “MF: El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (…). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qué objeción se puede hacer a eso”.

    En primer lugar –y esto va para los bienpensantes-, parece claro que Foucault no expresa deseo alguno de que eso ocurra, ya que se limita a decir que es perfectamente posible, lo cual nadie puede negar absolutamente. Concretamente lo que se pregunta Foucault es si la posibilidad –ciertamente pensable- de la acción violenta, deslegitimaría la idea de Revolución.
    En segundo lugar, y más importante, si el Sr. Palermo hubiera prestado más atención al contexto del debate no le habría sido difícil percibir que la frase se enmarca dentro de la controversia más amplia que los dos pensadores mantuvieron respecto a los conceptos de naturaleza humana, justicia y revolución. En efecto, Chomsky, desde una posición ilustrada y humanista, defiende, con indudable buena fe, que toda visión de una futura sociedad justa debe estar fundamentada en un sólido concepto de la esencia de la naturaleza humana, concepto que proporciona su verdadera dimensión a la libertad y la dignidad. Por tanto deben de existir –piensa- ciertas cualidades humanas fundamentales sobre las que fundar una verdadera noción de justicia. Y es por ello que la única razón para desear la Revolución es “creer, con razón o equivocadamente, que determinados valores humanos fundamentales podrían enriquecerse con este cambio de poder”.

    Foucault, mucho más escéptico y nominalista, mucho más crítico con los proyectos ilustrados y humanistas, se muestra incapaz de proponer un modelo de funcionamiento social ideal, y advierte del riesgo de utilizar una definición de naturaleza humana o de justicia en términos retomados de nuestra sociedad o civilización.
    Para el pensador francés, “estas nociones de naturaleza humana, de justicia, de realización de la esencia humana, son nociones y conceptos que se formaron en el interior de nuestra civilización , en el interior de nuestro tipo de saber y de nuestro modo de filosofar, y, en consecuencia, forman parte de nuestro sistema de clases, y no podemos por tanto, por muy lamentable que esto resulte, servirnos de estas nociones para describir o justificar un combate que debería –que debe en principio- dar la vuelta completamente a los fundamentos mismos de nuestra sociedad”.
    Se trataría entonces de interpretar las luchas en términos de poder y no en términos de justicia, que pueden correr el riesgo de neutralizarlas. Lo cual no quiere decir en absoluto –como es posible que se piense.- que el sentido de las acciones no importe, sino que son éstas las que darán en cada momento y lugar la medida de la justicia de las luchas. “Más que pensar en la lucha social en términos de justicia, hay que poner el acento en la justicia en términos de lucha social”.
    Este es, en mi opinión, el sentido del debate que, como se podrá comprobar, tiene mucho que ver con las actuales controversias entre modernidad y postmodernidad.

    Pues bien, lo que le molesta al Sr. Palermo -y me temo que a muchos otros- es que Foucault se niegue a entrar en el juego de la definición de las esencias, de la libertad, de la justicia, y prefiera hablar de la inmanencia de las luchas y las resistencias. Tanto le molesta que cree salvarnos a todos del peligro, convirtiendo a Foucault en un chalado, en algo así como un mero apologeta de la violencia o del asesinato político. Por cierto, hasta el mismo Chomsky, en un momento del debate y ante las interpelaciones de Foucault, se ve obligado a reconocer que no es un pacifista contra viento y marea: CH: “No afirmo que el recurso a la violencia sea malo en todas las circunstancias”.
    No contento con todo esto, el Sr. Palermo continua disparando sus balas: “La cosa no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el catastrófico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los años ochenta, cuando mucha gente se cansó de tener razón sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefirió prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una auténtica debacle relativista que concluyó, no podía ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir más lejos, Jiménez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en España la obra de Lyotard a principios de los años ochenta)”.
    Ya tenemos a un culpable del alegre y generalizado desencantamiento del mundo, de la muerte de la acción política. ¿Qué ceguera, qué densidad ideológica –o grado de ignorancia- puede llenar la pluma que escribe esas líneas? ¿Foucault neoconservador? Para salir de ese atolladero, al Sr. Palermo le habría bastado quizás con seguir leyendo atentamente otros párrafos del debate:

    MF: “Su pregunta es: ¿por qué me intereso tanto por la política? Para responder de un modo muy simple diría: ¿por qué no debería interesarme por ella? ¿Qué ceguera, qué sordera, qué densidad ideológica tendrían que pesar sobre mí para impedir que me interesase por el problema sin duda más crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas con las que funciona, y el sistema que define las formas habituales de relación, lo que está permitido y lo que está prohibido, que rigen normalmente nuestra conducta? La esencia de nuestra vida está hecha, en último término, por el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos. Así pues, no puedo responder a la cuestión de por qué me intereso por la política, únicamente puedo responder preguntándome: ¿por qué no debería hacerlo?… Lo que sería un verdadero problema sería no interesarse por la política”.

    Pero la cosa no queda ahí. Si pensamos que la intención del Sr. Palermo, en último extremo, era presentar el pensamiento foucaultiano como la penúltima muralla levantada por la burguesía contra las ansias revolucionarias, se entiende mucho mejor entonces que no haga mención alguna a estas otras palabras:
    MF: “No, no creo en absoluto que nuestra sociedad sea democrática. Si se entiende por democracia el ejercicio efectivo del poder por parte de una población que no está dividida ni ordenada jerárquicamente en clases, está perfectamente claro que estamos muy alejados de la democracia”.

    O si quiere convertirlo en un defensor del quietismo político, es normal que se olvide de estas otras:

    MF: “La verdadera tarea política, en una sociedad como la nuestra, me parece que es criticar el juego de las instituciones aparentemente neutras e independientes… En primer lugar porque el poder político cala mucho más hondo de lo que sospechamos: el poder cuenta con centros y puntos de apoyo invisibles, poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez se encuentran quizás allí donde no se piensa. Quizás no basta con decir que, tras los gobiernos, tras el aparato de Estado se encuentra la clase dominante; es preciso situar los puntos de actividad, los lugares y las formas bajo los cuales se ejerce esta dominación… Si no se es capaz de reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase se corre el riesgo de permitirles que continúen existiendo y de ver cómo se reconstituye ese poder de clase tras un proceso aparentemente revolucionario”.

    Continuando con el artículo, resulta sumamente revelador el intento de relacionar a Foucault con el incombustible Jiménez Losantos, por medio de una inestimable e indirecta comparación con Lyotard. Insisto en que si se interesara un poco más en el pensamiento del filósofo francés se daría cuenta de que está más cerca, por ejemplo, de la teoría crítica de la primera generación de la Escuela de Frankfurt que del postmoderno Lyotard, como reconoce el propio Foucault en una de sus entrevistas. La cuestión es meter a todos los herejes en el mismo saco y aquí paz y después no precisamente gloria.

    Pero yendo más allá del debate, si lo que necesitan algunos para acercarse a los malditos heterodoxos es tranquilizar previamente sus conciencias, sería interesante que dedicaran algún tiempo a hojear otros libros, en los que podrían tropezarse con opiniones que mitigarían mucho la tentación, si es el caso, de convertir al pensador de Poitiers en un furibundo antimarxista a lo Jiménez Losantos.
    MF: “Aun cuando uno admita que Marx está hoy en vías de desaparecer, no hay duda de que volverá a aparecer. Es lo que yo deseo […]. No tanto la recuperación, la restitución de un Marx auténtico sino, muy probablemente, el aligeramiento, la liberación de Marx de los dogmas de partido que durante tanto tiempo lo han aprisionado al mismo tiempo que transmitían y esgrimían lo que él dijo”.

    Hay que reconocer que el pecado de Foucault es haber mantenido actitudes mucho más radicales –en el sentido etimológico de la palabra- que las de ciertos izquierdismos dogmáticos y clarividentes. El pecado ha consistido en atreverse a problematizar nociones como naturaleza humana, justicia, libertad, democracia, construidas siempre desde una cultura o civilización determinada –en este caso, la sociedad burguesa-. Todo ello con el consiguiente escándalo de todos aquellos que se consideran capaces de pasear todas las mañanas por el afuera de nuestra civilización capitalista, y desde allí dibujar con total nitidez –como si de un pincel divino se tratara- los contornos de tales nociones, retornando de nuevo a nuestro mundo con el rostro de la futura Revolución perfectamente delineado.

    Podría referirme a las miles de páginas que dejó escritas. Podría recordar las decenas de imágenes de los años setenta en las que es posible vislumbrar la calva del filósofo francés -entre otros grandes pensadores como Sartre- encabezando diversas manifestaciones y asambleas a favor de los inmigrantes, los presos, los estudiantes, los trabajadores. Podría hablar de su vida revolucionaria, de su compromiso anticapitalista radical, pero sería demasiado extenso.

    En definitiva, un pensamiento complejo, pero sobre todo militante y profundamente comprometido con las víctimas de un mundo enloquecido. Un pensamiento que veinte años después sigue inspirando en diferentes sentidos a numerosos movimientos sociales de feministas, homosexuales, anarquistas, presos, enfermos mentales, antiglobalizadores, etc, no merece este pelotón de fusilamiento. Ya sabemos que los pensamientos reaccionarios, incapaces de neutralizarlo, desean verlo morir por las balas de sus mismos compañeros de barricadas. Pero no les hagamos el juego. Las mismas barricadas que, a pesar de los malentendidos, él compartía con Chomsky, y en las que nos hemos encontrado Darwin Palermo y yo.
    En algo estoy de acuerdo con el autor del artículo. Coincido con él en que toda esta situación que nos ocupa va más allá de la mera anécdota. Pero no –como señala- “por los efectos catastróficos que para la izquierda ha tenido el pensamiento de Michel Foucault”, sino, muy al contrario, por los desastrosos efectos que se siguen de descalificar un pensamiento crítico revolucionario, por el simple hecho de que no se adapta como un guante a los rígidos marcos de un cierto pensamiento de izquierdas dogmático y decimonónico.
    Estoy seguro de que Darwin Palermo y yo nos seguiremos encontrando en aquellas barricadas levantadas contra la estupidez de la moral burguesa y las políticas neoliberales, barricadas como las de Rebelión, dicho sea de paso. Pero espero que sea construyendo en el futuro un pensamiento de izquierdas con mejores y más abiertos argumentos. Y en ese camino hay grandes pensadores que nos han aportado valiosas herramientas. ¿Olvidar a Foucault? Lo que no se puede olvidar es que para entender a un filósofo hay que tomarse la molestia de leerlo.

    Josu Cristóbal De-Gregorio

  17. Alfredo
    enero 27th, 2007 15:12
    17

    Bueno, no podria estar mas de acuerdo con esta maravillosa respuesta de Josu Cristóbal De-Gregorio. Y si, para poder criticar un pensamiento, primero hay que conocerlo. Tampoco está de más entenderlo, cosa que creo que el amigo Darwin no se molestó en hacer muy bien.
    Personalmente, quisiera responder al comentario de maelstrom balboa. Primero, si se quiere entender el sentido que Foucault quiere dar a la Genealogia no esta de más darse una vuelta por “Nietsche, la Genealogía, la Historia”. Segundo, no estaría de más tampoco que si se dice que su “Historia de la sexualidad es una auténtica majadería”, se explicara bien qué se quiere decir con esto. De dicha obra solo tuve oportunidad de leer un capítulo de “La voluntad de saber”. Lo leí de paso mientras estudiaba Psicología, cuando yo tenía una idea acerca de la “sexualidad” basada principalmente en el psicoanálisis. Solo si uno puede jugar su juego, el de practicar, no una “historia de la sexualidad” (no hay que dejarse confundir por el titulo del libro), sino una “genealogía del sexo”, uno podrá comprender qué es de lo que el habla.
    Les digo que hoy comparto más su punto de vista con respecto a la sexualidad que todo ese aparataje de “teoría sexual” psicoanalítica.
    No se puede jugar sin saber a qué se está jugando.

  18. michael muermo
    enero 27th, 2007 20:07
    18

    es cierto, si has leido un capitulo de una trilogía y un comentario de un blog ya se puede hablar con conocimiento de causa.

  19. Alfredo
    febrero 1st, 2007 12:50
    19

    Ja! me mataste michael! En mi defensa nada mas puedo agregar que muchos en este blog (salvo algunos casos) están en el mismo pozo de ignorancia que el mio, y desde alli ellos también opinan.

  20. Eduar Centeno Flores
    febrero 17th, 2007 04:25
    20

    Un Saludo.

    Cuando leí este artículo me dejo pensado bastante y sobre todo la parte ultima donde se habla sobre los investigadores Israelíes.

    Por una parte creo que no en todas partes el discurso de Foucault se ha usado de la misma manera que en Israel. Por ejemplo, en México la otra campaña iniciada por el EZLN (ejercito zapatista de liberación nacional) ha interpretado y utilizado el discurso de Foucault como microfísicas del poder que se pueden o se adhieren y así pueden formar una macrofísica del poder donde cada microfísica mantiene su propia autonomía.

    Por otra parte creo que cuando los investigadores israelíes preguntaron acerca de una postura dentro de la lingüística que supere al postestructuralismo, en el fondo lo que querían saber es si existe un ejemplo teorico distinto al postestructuralista que nos permita entender que posiblemente, no tan solo existen relaciones de poder, sino cabe la posibilidad de sistemas de poder, redes de poder, no lo se, algo que los postestructuralistas no han interpretado en la realidad.

    Finalmente creo que es importante que comente que desde que Saussure postulo la lingüística como el estudio de la lengua surgió un ejemplo teórico que puede ser aplicable por ejemplo el estudio de la cultura, como lo hizo en su tiempo Lévi-Strauss. Y que después Foucault, replanteo este ejemplo teorico y lo aplico para el estudio de la política, la psiquiatría, la sexualidad y etc. A este ejemplo teórico le han llamado estructuralismo y después de Foucault Postestructuralismo.
    Tal vez Chomsky quería quizá dar importancia al archivo y no a la teoría, es decir que la teoría surge del análisis del archivo, aunque es muy discutible ya que el archivo surge de una realidad concreta. También vale la pena decir que la teoría muchas veces se transforma al aplicarla a realidades concretas.

    Hasta luego.

  21. Pablo C.
    septiembre 20th, 2009 08:00
    21

    Solo con la intención de apuntar uno de los tantos problemas del posmodernismo, menciono que lo que se presenta más problemático, es justa – y lamentablemente – lo que más llamo la atención sobre este metarrelato.Las críticas y aportes están presentes y han sido rescatadas en la posta del análisis filosófico, pero pienso que todo el aparataje que sostuvo aquellas críticas – y que fueron lo fundamental de esta óptica -, adolecen de una inconmensurable bobería, rococó, paranoia y exceso dialéctico, rayando muy cerca de la charlatanería.

    El asunto es que provocaron muchos problemas, alboroto, oscurantismo y retroceso de manera innecesaria, y a decir verdad, dudo que sea necesario acudir a la escuela posmodernista, para acceder a aquella refinada clarividencia intelectual para criticar ciertos cimientos viciados o yerros, que el constructo social a dejado en el camino; aquellas críticas beneméritas y rescatables que brotaron del ideario posmodernista, pueden encontrare desde el prisma de la sensatez y parsimonia del análisis crítico, laborioso, concienzudo y objetivo, amén de la sublime y siempre necesaria cordura y claridad, para no caer en los excesos.

    En suma, los costos a los que hay que hacer cuenta, para obtener un par de frutos que se pudieron obtener en otro lado, me parecen demasiado altos, por no decir, excesos innecesarios.

    Lo rescatable de Foucault, me parece que se juega a un muy alto costo; por otro lado la crítica de Chomsky, si bien no fue tan impactante en la academia como la de Foucault – Quizás por no querer jugar el rol del académico pomposo y atractivo, que Foucault jugo muy bien, en palabras de muchos de sus más ávidos lectores -, me parece mucho más aterrizada, clara, y documentada, y en última instancia: mucho más útil. Ahora si me permiten una última disgreción, la gramática generativa de Chomsky, no se queda en el campo de la interpretación o la especulación teórica, es ciencia pura, y es más que “útil”, es cosa de revisar someramente los avances en neurociencias, y el consenso es más que amplio en la medida que la evidencia respalda más tajantemente aquella “teoría”.

  22. Pablo R
    junio 10th, 2010 23:03
    22

    Chomsky y Focault, sin duda alguna han sumado al debate contemporaneo del estado de cosas en el que vivimos. Aunque de maneras muy distinas, no podemos olvidar por un lado que Chomsky ha sido y es militante de los grandes movimientos anti.capitalistas de finales del siglo XX y XXI, por otro lado Focault adhirio siempre mas desde la academia francesa postestructuralista.

    Es necesario remarcar tambien que el pensamiento ortodoxo de izquierda en el siglo XX se vio en aprietos al enfrentarse a la tradicion de la Semiotica desde Saussure, pasando por Levi Strauss hasta Derrida, asi pues se vio imposibilitado en su proyecto politico de incorporar estos elementos criticos que cuestinaban el relativismo del lenguaje revolucionario de aquella epoca.

    SIn duda, Focault ah aportado en latinoamerica a la diversidad de movimientos sociales contemporaneos, como por ejemplo al Movimiento Indigena latinomericano, desde planteamientos como la microfisica del poder, es decir los movimientos indigenas latinoamericanos en muchas ocasiones no encontraron eco en el pensamiento humanista ilustrado de la izquierda, planteando asi mas alla de un poryecto politico vertical lo que los Indigenas latinoamericanos llaman “Cambios Civilizatorios”, como un profundo cuestionamiento a la sociedad y pensamiento occidental. Focault sin duda alguna aporto a este planteamiento y lo sigue haciendo.

    Desde la Ciencia Politica y sus estructuras de poder y conocimiento, la verdad ha sido una, las relaciones de poder se ham planteado tradicionalmente en relacion a los Estados-Nacion y sus instituciones, y no es sino desde la tradicion Estructuralista y post-estructuralista que se plantean nuevas concepciones y gramaticas del poder, que sin duda amplian el campo de accion de los movimientos alter-globalizadores en el mundo, y posibilitan criticas mas acertadas.

  23. Wally Tigano
    agosto 11th, 2019 16:02
    23

    You should be a part of a contest for one of the finest blogs online.
    Iam going to recommend this blog!

Deje un comentario