El techno os hará libres

Por Perla Primicias

En la música popular de la segunda mitad siglo XX se consideraba que un artista “comprometido” o “político” era alguien que dotaba a sus letras de un mensaje político. Esta concepción, nacida por oposición a los edulcorados temas sentimentales del pop o la pulsión sexual del rock and roll, se presenta como extraña a muchos de los estilos que van naciendo a partir de mediados de los años 80 y, muy especialmente, los que tienen que ver con la música electrónica. A partir de este momento el papel de la “letra” en los nuevos estilos se va a polarizar: mientras que en el hip hop la narración se va a situar aún más en el centro de su apuesta estética, en otros como el house, el techno o el dub la letra tal y como la conocemos va a desaparecer. Curiosamente estos estilos “sin letra” son los últimos que han ocasionado estallidos culturales, análogos a las grandes explosiones de la contracultura y el punk.

En Occidente aún vivimos en la estela de la fuerte conmoción que supuso el Segundo Verano del Amor y el estallido del acid house y las raves. ¿Podemos entonces decir que ha desaparecido la posibilidad de hacer música “política” o “comprometida”? La respuesta requiere replantearnos la definición inicial de “comprometido”. La carga, o mejor dicho, la potencialidad política de las nuevas músicas reside en lo que la música “hace” y no tanto en lo que la música “dice”. Una fiesta techno autogestionada que recupera espacios muertos de la ciudad y les insufla vida y comunicación, aunque sea temporal, es, en sí, un acontecimiento que puede tener carga política. Así lo entendieron colectivos como Reclaim the Streets o Exodus en la Inglaterra de principios de los 90 que quisieron hacer un uso consciente de estas potencialidades con resultados políticos sorprendentes. Crear redes de distribución independientes que dan salida a material de pequeños productores que contribuyen a la construcción de un acervo musical común con un uso intensivo del sampleado, el remix y la copia también lo es. Son estas características políticas, o politizables, novedosas alejadas del “mensaje” las que están detrás de fenómenos culturales masivos, esta vez fuera de Europa, como son los sonideros latinoamericanos.

Primero como DJ y luego como productor, Oscar Mulero se ha convertido en dos décadas en un artista imprescindible para entender la historia de la música electrónica europea. Su aportación a Fundación Robo se llama “Poder en la sombra”, un tema donde muestra su faceta más experimental y menos orientada a la pista de baile, con resonancias que van desde el legendario sello WARP a productores contemporáneos como Actress.

Podéis escucharla en: http://esunrobo.bandcamp.com

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