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17.LDNM - Jul-Ago 2005
Actualidad
Matthew Herbert contra el pensamiento único
Redacción Música
Herbert es uno de los personajes más inquietos, singulares y combativos de la escena electrónica actual. Acaba de publicarse Plat du jour (Accidental / PIAS), un disco que reflexiona sobre los efectos de la globalización capitalista en la industria alimentaria. Si quieres verlo en directo, actúa en el próximo Festival Internacional de Benicàssim.
Matthew Herbert está enfadado. Seguramente con muchas cosas pero, últimamente, con la industria alimentaria, hasta el punto de dedicar dos años y seis meses de su vida a grabar un disco contra las multinacionales de la alimentación. “Estoy harto de tragar el lenguaje internacional de la comida fácil y barata. Sobre todo, la que resulta ‘fácil y barata’ a quienes la producen y distribuyen. Hablo de los salmones ahumados de color naranja brillante, encajados en las bandejitas de las aerolíneas, las aguas de marca mil veces más caras que la del grifo o la estrecha variedad, siempre repetida, de los buffets de desayuno en los hoteles, con sus lonchitas de carne prefabricada, sus zumos pasteurizados, pan producido mecánicamente y yogures Nestlé saturados de azúcar”.

Muchos estarán pensando que estamos ante un simple pijo con delirios de gourmet. Pues no: Herbert tiene un sólido bagaje izquierdista, que le empuja a llegar al fondo de las cosas. “En el punto en el que nos encontramos, necesitamos consejos claros y liderazgo frente a los gobiernos demasiado temerosos de enfrentarse a los emporios alimentarios. En los últimos veinte años, hemos sufrido cambios radicales en nuestros hábitos de comida. Alimentos que solían usarse como celebración, para fiestas u ocasiones especiales, se han convertido en parte diaria de nuestra dieta. ¿Es posible ya encontrar un restaurante con un ‘menú infantil’ que no contenga patatas fritas? Los ‘frosties’ que se desayunaban de vez en cuando, ahora son un estándar, a pesar de que el 38% de su contenido es azúcar. La santísima trinidad de los restaurantes baratos –la nevera, el microondas y la freidora– se ha metido en nuestras casas desplazando a la comida casera. La santísima trinidad de la comida barata –azúcar, sal y grasa– ha reemplazado la riqueza de la comida local, ligada a las estaciones, producida por agricultores, ganaderos y panaderos. Todo eso ha sido licuado y pasado por el filtro corporativo para su despliegue en grandes superficies”.
Herbert aún va más lejos: “Hemos cedido el control de lo que introducimos en nuestros cuerpos a transnacionales anónimas, que operan en territorios fuera del alcance de las leyes. En EE UU, la esperanza de vida de los niños es menor que la de sus padres. A pesar de ello, McDonald’s, el templo de la comida rápida, está a la cabeza de la ambición expansionista del país: llegó a Rusia mucho antes que los turistas. El mismo éxito tiene Starbucks, con su visión monolítica de lo que debe ser el café. Si nos detenemos a reflexionar, problemas como estos nos llevan a lo que es la raíz oculta de muchos de los males del mundo: el petróleo. La industria de la agricultura es la mayor consumidora de crudo del planeta, desde el combustible necesario para poner en marcha las fábricas hasta la manufactura, empaquetado y distribución. Ahora que nuestra comida viene cada vez de más lejos (para aprovechar los salarios más baratos del Tercer Mundo), gastamos mucho más de ese dióxido de carbono que está recalentando el planeta , malogrando las cosechas y alterando ecosistemas enteros”. Herbert recomienda ampliar información con un artículo de Norman Church colgado en
www.platdujour.co.uk/fromthewilderness_article.php.

No nos olvidemos del disco, Plat du jour (Accidental / PIAS, 2005). Es, si duda, una obra dependiente del concepto, difícil de disfrutar sin conocer detalles de su elaboración. En el primer corte, “The Truncated Life Of A Modern Industralised Chicken”, se usan las voces de 30.000 polluelos condenados a las factorías. “These Branded Waters” usa distintos tipos de aguas. En la web se explica la pieza con datos difíciles de digerir. Por ejemplo, mientras en 1985 existían 750 pueblos en el mundo sin acceso al agua, en 1996 pasaron a ser 65.000. El corte “Celebrity”, que parodia el r&b de radiofórmula, está tocado sólo usando comida anunciada por estrellas del espectáculo como David Beckam o Destiny’s Child. “Curiosamente”, explica Herbert, “siempre anuncian comida infantil de dudoso valor nutritivo”. “Fatter, Slimmer, Faster, Lower” está basada en estudios de eatright.org que muestran que el 85% de las chicas británicas ha hecho dieta a la edad de 13 años. “The Final Meal Of Stacey Lawton” está inspirada en la última cena de una condenada a muerte por George Bush Jr. “Pidió sólo un bote de pepinillos y mantuvo hasta el final que era inocente”. “The Nine Seed Of Navdanya” trata del efecto de los pesticidas y las tenebrosas prácticas alimentarias de la empresa Monsanto.

Para los directos, como el que veremos en Benicàssim, Herbert ha exprimido al máximo el concepto: “En escena llevaremos a un chef con capacidad para alterar la sustancia del concierto y reforzar los sonidos con olores. También habrá un batería cuyos elementos de percusión se han construido exclusivamente con productos del supermercado Tesco, la cadena más grande de Inglaterra. Habrá tres renombrados músicos de jazz –Dave O’Higgins, Pete Wraight y Phil Parnell– manipulando samplers en vivo y lanzándolos a través de tecnología midi. También estaré yo intentando coordinar el conjunto, tanto técnica como musicalmente. Otro elemento importante serán los visuales de la artista Lenka Clayton”.

www.magicandaccident.com
www.platdujour.co.uk/index.php
Herbert en cinco frases
«Una parte de mí siempre quiere coger un avión rápidamente para capturar sonidos de sitios como Iraq o Kuwait. Pero hay otra parte que me dice: esto es demasiado obvio, hay que encontrar otra forma de hacerlo, una manera más creativa de tratar estos conflictos». (The Wire, mayo de 2003)

«Me decepciona la falta de conexión de los músicos con la realidad. Si saltáramos al año 2050 y viéramos la lista de éxitos actual, sería imposible adivinar que el mundo esta en guerra ahora mismo». (Fact, verano de 2003)

«Las bandas de rock político tienen su lugar, pero no conecto con algunas de sus prácticas. Por ejemplo, yo no vendo merchandising. En mi adolescencia, quien más me intereso fue Billy Bragg. Siempre suena apasionado. Pero hablemos claro: para la clase dirigente, la escena electrónica es mucho más inquietante que The Clash. En los últimos quince años, el gobierno británico ha hecho varios intentos de ilegalizar la escena electrónica, porque supone grandes cambios: desde una redefinición del espacio público hasta cierto cambio de mentalidad. Salir por ahí, colocarse, pasarlo bien con los amigos... Es simple diversión, pero en una rave también te comunicas con la gente a otro nivel. Por eso la electrónica está vigilada y The Clash siguen sonando en la radio nacional sin que nadie proteste». (Rockdelux, junio de 2003)

«Los sonidos están ocurriendo constantemente. Sólo hay que buscarlos. Quienes se encierran en su caja de ritmos se circunscriben a los diez o veinte presets que lleve de fábrica. Instrumentos finitos dan resultados limitados». (Trax, abril de 2004)

«Hoy en día hay tantas posibilidades técnicas que no entiendo por qué hay gente empeñada en recrear periodos de la música específicos, como el punk del 75 al 81, por ejemplo. ¿A cuento de qué tanto revival punk? No lo entiendo. Los Scissor Sisters se han convertido en uno de los grupos nuevos más relevantes en Inglaterra y suenan igual que Elton John o Robbie Williams. ¿Es esta mierda comercial lo mejor que puede salir del underground?». (Entrevistado por Borja Bas a finales de 2004)


Perfil de un hiperactivo
Matthew Herbert tiene una formación musical clásica, a los dieciséis años ya viajaba por Europa tocando el piano y el violín con orquestas. Comenzó a interesarse por la electrónica cuando su padre obtuvo un trabajo en la BBC y le presentó a un profesor muy metido en la música electro-acústica y fan de Pierre Schaeffer.

En el año 2000, Herbert publicó el manifiesto Contrato personal para la composición de música. Se trataba de un programa de doce puntos para que cada lanzamiento de Herbert sonase distinto del anterior y del resto de artistas. Uno de los argumentos principales decía «el sampleo de música ajena está estrictamente prohibido; el sampleo de instrumentos acústicos tradicionales sólo se permite cuando no existan posibilidades físicas o económicas de usar los instrumentos reales». El manifiesto todavía puede consultarse en www.magicandaccident.com/matthew_PCCOM.htm

Se muestra especialmente orgulloso de su proyecto paralelo Radioboy: «Me encanta el álbum The Mechanics Of Destruction (2001) porque me las arreglé para hacer música instrumental y explícitamente política». Herbert crea sonidos con ropa interior de Gap, periódicos propiedad de Rupert Murdoch o productos de McDonald’s. Para no venderlo, lo distribuyó gratuitamente a través de su página web. Otro de sus proyectos paralelos, Doctor Rock it, se basa en el electrofunk y techno house más hedonista.

El punto culminante del prestigio cultural de Herbert llegó con Goodbye Swingtime (2003), un disco que combinaba la cultura de club con el recuerdo de las big bands. Sus conciertos en el Sónar 2003 impresionaron a la mayoría de los asistentes. «Me interesaba recurrir a las big bands desde una discográfica independiente y en tiempos de crisis económica (algo que presuntamente nunca pasa porque son signo de opulencia). Lo que más disfruto es el trabajo colectivo. No soy el director, sino uno más de la banda. Mi máxima inspiración fue Miles Ahead, de Miles Davies. Ellos fueron los primeros en tratar la big band como un formato y no como un género».

Uno de sus trabajos más recientes es la banda sonora de la película Vida y color, de Santiago Tabernero. «Me gusta que la película tenga un elemento político. No trata sobre Franco, es la historia de un despertar a la vida, pero existe un cierto trasfondo político en ella. No muestra un mundo fantástico desvinculado de los sucesos reales de su época. Creo que demasiadas obras de arte, música, cine o literatura se han ‘divorciado’ de la realidad que vivimos».




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