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17.LDNM - Jul-Ago 2005
Arte
María Ruido. Fuera de contexto
Carolina del Olmo
La artista María Ruido (Ourense, 1967), afincada desde hace tiempo en Barcelona y conocida sobre todo por sus trabajos de vídeo –en los que destaca su visión profundamente política de lo cotidiano–, ha sido objeto de un flagrante caso de censura por parte de la división cultural de Caja Madrid.
Según he leído, el pasado mes de marzo te censuraron una obra titulada “Banco de espacio” que exhibías en un nuevo espacio expositivo de Caja Madrid en Barcelona. ¿Puedes contarnos en qué consistía exactamente tu trabajo?
Era una recopilación de titulares y frases, extraídas básicamente de la prensa escrita o digital, sobre las condiciones de acceso a la vivienda. El dispositivo de exhibición era muy simple y se “camuflaba” con algunas de las estrategias publicitarias utilizadas por los bancos. Tengo que aclarar que ese “nuevo espacio expositivo” es un escaparate de enorme visibilidad –en una esquina de Plaza Catalunya, en pleno cogollo de Barcelona–, por lo que el dispositivo escogido era una sencilla barra con letras luminosas colgada en el escaparate, sin ninguna otra aclaración. Los textos iban saliendo y, claro, parecía un panel informativo de la entidad. Todos los datos utilizados eran verídicos y algunos, incluso, sacados de webs especializadas en economía o de las mismas páginas de las entidades. Lo que no gustó al banco fue, precisamente, esa verosimilitud. Un dato muy positivo en una reunión de accionistas (el porcentaje de ganancia anual de una empresa, o la cantidad de suelo que posee un consorcio inmobiliario como Realia, por ejemplo), se convierte en inoportuno en otro contexto.

¿Qué explicación te han dado para la censura? ¿Ha habido solidaridad por parte de otros artistas? ¿Cómo ha reaccionado el comisario que seleccionó tu obra?
Explicaciones ninguna. Es decir, la coordinadora del espacio desenchufó la obra desde el primer momento, sin comunicármelo hasta días después; simplemente, consideraban inaceptable que hiciera referencia a los bancos y, en especial, a Caja Madrid. Pero claro, como yo le decía al comisario, si hablo del negocio inmobiliario actual sin aludir a los bancos, ¿de qué estamos hablando? En cuanto a la solidaridad… bueno, personal, digamos, sí, pero no colectiva. De todas formas, para mí no fue ninguna sorpresa lo que pasó y tampoco la respuesta (que en Barcelona, por ejemplo, ha sido prácticamente ninguna). En todo caso, te comentan, ¿pero de verdad esperabas que “tragaran” con eso?, como si yo fuera una especie de ingenua… Pues claro que no lo pensaba, pero me ha sorprendido su falta de inteligencia y lo muy sensible que es el umbral de la censura en estos momentos. El comisario, Martí Perán, que conocía desde unos días antes el contenido de las frases expuestas, se ha limitado a ser mi portavoz y a negociar con la coordinadora en Barcelona, que a su vez, era una mera portavoz de Madrid. Caja Madrid también quería conocer el contenido (su política aquí es “dar el visto bueno” a los proyectos antes de exhibirlos), pero yo no les envié las frases. Creo que no es mi labor ponerme a discutir con un banco y, como les dije a ellos en su momento, con la única persona que tengo que consensuar contenidos y formas es con el comisario.

A pesar de lo perverso de toda censura, ¿no te produce cierto “alivio” ver que la actividad artística no está condenada a la impotencia? ¿Crees que hay quien se ha apresurado a decretar la inutilidad de los mecanismos tradicionales de la cultura antagonista?
Creo que la capacidad de la producción cultural para generar debate y, en general, para intervenir, aunque sólo sea simbólicamente, en la producción de realidad se está convirtiendo en ínfima. La instrumentalización por parte de las instituciones y, en general, las mismas formas y condiciones de producción a las que estamos sometidos, nos abocan al clientelismo y a la autocensura (que ocurre, esta sí, todos los días y jamás llega a la prensa). Hablar en estos momentos de cultura y antagonismo, perdona mi pesimismo, pero está bastante crudo, al menos en cuanto pisas terreno profesional. Hay gestos personales, posiciones de resistencia, un día a día de mantenimiento de posiciones críticas y alerta pero, como posibilidad colectiva, estamos en un momento profundamente reaccionario. De todas formas, tampoco creo que no haya resquicios (los hay), y los gestos son importantes. Y tampoco creo que haya que caer en la impotencia o el cinismo. Hay que conocer los mecanismos de la producción cultural, ser consciente de ellos y tratar de hacer trabajos responsables y articulados con la realidad, exigiendo condiciones dignas y no tragando con todo.

Tanto en “Banco de Espacio” como en anteriores obras, te has ocupado de cuestiones políticas: el discurso feminista, la emigración... un tipo de asuntos para los que el arte no siempre es un cauce de expresión fácil. ¿Alguna vez has experimentado falta de comunicación con el público o sueles quedar satisfecha de la recepción?
La sensación de falta de entendimiento, para mí, es muy frecuente dentro del mundo del arte, que está enmarcado por unos paradigmas clasistas, sexistas, racistas, etc., muy difíciles de romper. Pero la institución del arte es como cualquier otra institución y como el mundo del trabajo en general: la alternativa es si puedes encontrar mecanismos de resistencia dentro de ella o si, simplemente, la abandonas. No me siento cómoda dentro del mundo del arte, como tampoco me siento cómoda en la universidad y en otros lugares, pero durante un tiempo puede servirte como un escenario que te confiere la visibilidad que necesitas para, por ejemplo, hacer una crítica de la representación desde dentro. Otra cosa muy sana es no rodearte de artistas constantemente y trabajar con personas de otros ámbitos. Mantenerte “extranjera” en el arte o en la universidad (que son dos ámbitos que conozco desde dentro) me parece fundamental para no acabar estetizando el trabajo o claudicando ante una ordenación de los conocimientos que tú sabes falaz e interesada, por muy naturalizada que se presente.

En tu obra “Memoria interior” has indagado en los mecanismos de construcción de la memoria más allá de (y, casi siempre, contra) la historia oficial. ¿Te preocupa lo rápidamente que se falsea hoy el recuerdo colectivo?
Me preocupa mucho, porque las imágenes, como su nombre indica, construyen “imaginario” y los media son un instrumento difícil de contradecir en esta elaboración. Por otra parte, yo soy historiadora de formación y he pensado muchas veces sobre cómo se nos cuenta la historia y cuáles son los mecanismos de ese relato. Si antes los relatos perduraban durante siglos, ahora la deglución de las narrativas históricas es brutalmente rápida, acorde con nuestro tempo y con las necesidades mediáticas. Pero bueno, también tenemos mecanismos de intervención que no existían en otras épocas y formas de generación de autorrepresentación; en este sentido, el vídeo es un instrumento muy útil, aunque no es eficaz en sí mismo.

Según el crítico inglés Terry Eagleton, hay épocas –el caso paradigmático es el fascismo– en las que el mero hecho de ser artista obliga a plantearse cuestiones que tienden a desembocar en un compromiso político firme. ¿Crees que vivimos una de estas épocas?
Probablemente, como ya decía Dickens, vivimos en “el mejor de los tiempos y en el peor de los tiempos”. No me gusta la nostalgia y tampoco quiero incurrir en comparaciones grotescas, pero creo que vivimos en una especie de “fascismo de baja intensidad”. Igual que ya no son necesarias las dictaduras como sistema (al menos en el contexto de nuestra cultura y del llamado “primer mundo”), porque las democracias han sido convenientemente domesticadas, tampoco hace falta un fascismo explícito. Podemos combinar un elevado grado de libertades personales con la depauperación absoluta de nuestra vida y nuestras condiciones porque, como ya explicaba Paolo Virno, el trabajo lo ha absorbido todo y nuestra capacidad de articulación política está comprometida en el sistema. Estamos demasiado cansadas y demasiado pendientes del día a día como para establecer compromisos duraderos.
No me interesan nada los héroes ni las heroínas, entiéndeme, pero sí espero de una producción cultural arraigo y compromiso con su tiempo, a través de estrategias que pueden ser muy variadas, y eso es escaso en estos momentos.


1 comentarios a María Ruido. Fuera de contexto

1. «BON PROFIT! Luis»


Dicho por pa.ftri@hotmail.com,lfernand13@yahoo.es el Fri 16-01-2009 07:12 (UTC)




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