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19.LDNM - Nov-Dic 2005
Cine
Ousmane Sembene. El yugo humanitario
Rosauro del Fierro
Fotos: Pato Llavona
Texto: Rosauro del Fierro Fotografía: Pato Llavona En cierto modo, hablar de cine africano es como hablar de algo cuya existencia está en tela de juicio. No obstante, figuras como la del novelista y director senegalés Ousmane Sembene (Ziguinchor, 1923), considerado el “padre del cine africano”, vienen a disipar esas dudas. La última obra de Sembene –Mooladé, una historia sobre la ablación femenina en África– llegó a nuestras pantallas hace unos meses. Sembene estuvo por Europa hablando de Mooladé y de muchas otras cosas con la autoridad que proporciona ser una de las figuras prominentes de la cultura africana.
¿Novelas o guiones?
“Un guión es un libro escrito de un modo telegráfico; los diálogos tienen que respetar un tempo planeado con mucho cuidado. No puedes ser demasiado lenguaraz. Debes recurrir a la mímica, al lenguaje corporal, al movimiento de los actores, etc. Creo que son oficios diferentes, pero no incompatibles [...]. Las personas suelen tener diferentes habilidades. Algunos tienen talento visual, pero les falta la imaginación necesaria para la escritura. En todo caso, esta escisión es propia de aquellas partes del mundo donde el cine es una industria. Me refiero a la especialización: en Europa o en América del Norte pueden tener a cuatro guionistas trabajando en un guión antes incluso de que el estudio nombre a un director. Eso es un lujo propio de ricachones”.

Función del cine
“Por regla general me gusta el modo en que es recibido mi trabajo. Pero me gustaría que los africanos leyeran más y fueran más al cine. La lectura y el visionado de películas influyen mucho sobre la manera en que vivimos. Siempre he dicho que el cine en África es como una clase vespertina vinculada al desarrollo de nuestras sociedades. Pero debemos hacer buenas películas que reflejen nuestras luchas. No tiene sentido hacer películas con el único objeto de entretener, ni aburrir a la gente con películas de protesta sobre mítines sindicales. Nuestras historias deben ser entretenidas pero también inspirar a la gente y convertirse en el tema principal de conversación en el trabajo y en los hogares. En Occidente la gente sólo conoce una imagen de África: escenas de miseria y sufrimiento emitidas por las televisiones. Se trata de imágenes reales, pero existe otra África: la que lucha a diario y vence, la que intenta recuperar un pasado brillante que nos ha sido robado, la que no pierde la fe. Nuestra África no es la ni la que representan nuestros líderes, ni la de una turba pidiendo limosna como se hace creer al resto del mundo. Los artistas debemos salir y mostrar esa otra realidad. Nuestra misión es reflejar lo bueno y lo malo de nuestro continente. Para mí es un deber”.

Un continente idealizado
“Hace una generación, los afroamericanos creían en la existencia de una África abstracta, idealizada, creencia que en parte les servía para resarcirse de las penalidades que sufrían en América. Pero cuando fui a América no lo hice para hablar de una África idealizada o de una nación modelo. Creo que finalmente comprendieron que para amar a África uno debe comprenderla primero, saber que muchos episodios de nuestra historia no son precisamente bonitos, que los africanos también fueron cómplices del comercio de esclavos. Creo que sería un artista de tres al cuarto si no sacara a la luz los aspectos negativos de nuestra sociedad”.

Ayuda humanitaria
“Es lo peor. Es como alimentar a diario a una persona únicamente con dulces o miel. Preguntadle a un médico lo que eso le hace al cuerpo. Creo que fue Kocch Barma quien dijo que si quieres matar a una persona buena y noble, debes darle todo lo que necesite en todo momento. Esa persona acabará perdiendo cualquier contacto con la realidad, no será capaz de hacer nada por sí misma. La ayuda humanitaria bloquea el esfuerzo, el deseo de autoorganizarse; crea monstruos que lo único que saben hacer es decir gracias, gracias y gracias. Kocch Barma denunció esto hace dos generaciones. Obviamente, hay gente con necesidades reales pero la sociedad, si se organiza, podría y debería hacerse cargo de ellas. Es tu obligación ayudar a tu vecino si se le ha quemado la casa, pero la ayuda humanitaria occidental debe cesar. ¿Cuántos millones de dólares ha enviado EE UU a África en los últimos treinta y cinco años? ¿Dónde están los resultados de estas inversiones? No hay carreteras, ni hospitales, ni colegios, ni universidades... Pero sí una elite corrupta e insaciable cada vez más rica”.

Europa y África
“Nuestra lucha es muy dura porque se trata de una lucha económica. Debería haber una ruptura entre Europa y África. Todas las leyes internacionales concebidas en Occidente deberían ser revisadas y transformadas. Un ejemplo: actualmente los países europeos tienen problemas con China a causa de las camisetas. ¿Qué hace China? Inundar los mercados con camisetas. Bien, el pasado siglo, Francia e Inglaterra bombardearon e invadieron Shangai. Ya no pueden hacer eso porque China se ha organizado. Eso es lo que echamos en falta en África. Hemos sido sojuzgados durante tanto tiempo que todo lo que podemos hacer es pedir... Hay ocasiones en las que es imprescindible reírse. Mira la historia de la esclavitud. Todo giraba en torno al algodón. Nos esclavizaron para que produjéramos algodón. Y ahora, cuando al fin producimos el mejor algodón del mundo, nadie lo quiere comprar. Ahora somos esclavos... del precio del algodón. ¿Qué deberíamos hacer? Me refiero a que nuestros líderes no han sido capaces de construir fábricas para transformar ese algodón en ropa. Y como no tenemos ropa tienen que venir de fuera a vendernos trapos. En efecto, en cualquier ciudad africana a la que vayas te encontrarás las tiendas del Ejército de Salvación. Incluso han creado una ONG cuyo objeto es vendernos ropa de segunda mano”.
Ablación
“Antes de empezar a rodar Mooladé estuve dos años investigando, hablando con mujeres y doctoras [...]. La mutilación genital femenina es una tradición que se remonta a un tiempo anterior al nacimiento de Cristo, y que ha ido cobrando valor con el tiempo con el objeto de, en mi opinión, someter a las mujeres […]. No todo el mundo en el África subsahariana practica la ablación. Pero existen más de treinta y ocho países donde todavía se practica con mayor o menor asiduidad. Hoy en día existe un creciente movimiento de mujeres que hace frente a esta tradición. Se podría argumentar que este no es un problema vital comparado con otros que asolan nuestro continente… Pero para mí está muy relacionado con la libertad […]. Por supuesto, sufrí todo tipo de presiones para no hacer esta película, pero conseguí sacarla adelante”.

Heroísmo cotidiano
“Mooladé es la segunda parte de una trilogía sobre el heroísmo de la vida cotidiana que se inició con Faat Kine y que concluirá con Brotherhood of rats. Actualmente hay muchas guerras en África, especialmente en el África subsahariana, pero la vida diaria continúa pese a todo. La gente no se detiene. Sigue con sus labores. Nos quieren convencer de que estamos ‘vegetando’, pero no es así. Es a esta lucha subterránea y popular, similar a las luchas de otros pueblos, a la que me refiero cuando hablo del heroísmo cotidiano. Existen héroes como estos en cada país pero nadie les ha erigido aún una estatua [...]. Si no somos conscientes de la heroica labor de las mujeres africanas, el continente nunca se liberará. Las mujeres trabajan mucho más que los hombres pero su liberación no sólo depende de cuestiones laborales. Si no despertamos, apreciamos la labor de las mujeres en su justa medida y compartimos las responsabilidades, perderemos la batalla”.
Cine africano
Texto: Alex Luciérnaga

A la hora de situarnos ante una realidad como la cinematografía africana no debemos olvidar que estamos hablando de un continente del que sabemos más bien poco. Si uno es un espectador inquieto, con suerte podrá recordar el nombre de algún director africano; sin embargo, el cine africano existe. Es más, podríamos hablar de cine mauritano, ghanés, gambiano y de directores como Souleymane Cissé (Malí), Jean-Pierre Beli Kollo (Camerún), Idrissa Ouedraogo (Burkina Fasso), Abderrahmane Sissako (Mauritania) o Flora Gomes (Guinea Bissau).

En los últimos tiempos algo a empezado a cambiar en las carteleras europeas. Gracias a la repercusión alcanzada en algunos festivales cinematográficos europeos –sobre todo a partir de la inclusión de tres películas africanas en el Festival de Cannes 2002: Herekamono / A la busca de la felicidad (Abderrahmane Sissako, Mauritania), Abouna (Mahamat Saleh Haroun, Chad) y Kabala (Assane Kouyaté, Malí)–, unos pocos títulos africanos han triunfado (léase, han sido estrenados) en nuestros cines: Madame Broutte (Moussa Sene Absa, Senegal) y Mooladé (Ousmane Sembene) permanecieron en nuestras carteleras más de una semana el pasado año. Por lo tanto, podríamos afirmar que el cine africano, a pesar de su postergación, aún sigue vivo. Y eso ya es mucho en las condiciones en las que tiene que luchar.

Si tan acuciante es ya, según cuentan, la crisis del cine español, ¿qué cabe decir de la crisis del cine africano? Muy sencillo: multipliquen las carencias de estructuras, dinero y distribución de las producciones españolas por la cifra que prefieran entre uno y dos billones de euros, y encontrarán un cálculo aproximado de las dificultades en que se mueve la cinematografía africana. En Senegal, el país con mejor infraestructura de todo el África subsahariana, existen ochenta salas de cine… que exhiben casi en su totalidad cine no africano. Es decir, entre un escasísimo público potencial de trece millones de espectadores, no más de cien mil ven una película africana al año, o lo que es lo mismo, ¡es más fácil ver una película africana para un europeo que para un africano!

Quizás sean éstas dificultades las responsables del sentimiento de pureza e inocencia y de ganas de existir que nos transmiten las películas africanas.


A la búsqueda de la felicidad

Sorteando las duras trabas del bien atado negocio de la distribución cinematográfica, la II Muestra de Cine de Lavapiés, celebrada el pasado verano, proyectó gratuitamente dos de las películas africanas más destacadas de los últimos años.
Texto: Alex Luciérnaga

Tasuma (Kollo Daniel Sanou, 2002, Burkina Fasso), nos introduce de forma fascinante en la vida de Sogo Sanon, “Tasuma”, un sexagenario que combatió (obligado) a las órdenes del ejército francés en las guerras de Argelia e Indochina. Desmovilizado en 1962, justo después de la independencia de su país (Senegal), Tasuma, reconvertido en campesino, emprendió gestiones para conseguir que las autoridades senegalesas y francesas le pagaran una pensión militar de jubilación. Tras largos años de espera Tasuma parte hacia la ciudad convencido de que por fin va a cobrar su pensión. En el trayecto, iremos descubriendo el carisma que desprende el protagonista. Tasuma refleja la alegría, las canciones, las risas y los bailes de un mundo feliz, vivo y lleno de esperanza pese a todos los sinsabores.

Herekamono / A la búsqueda de la felicidad es sin duda la mejor película del mauritano Abderrahmane Sissako, además de un buen ejemplo de todo lo que el cine africano puede aportar a nuestras vidas. Abdallah, un joven de diecisiete años, se reúne con su madre en una pequeña villa de pescadores de la costa de Mauritania mientras espera un visado para Europa. En este lugar de tránsito, cuyo idioma desconoce, Abdallah mata el tiempo, lee, deambula, ve la tele y trata de descifrar el universo que le rodea. De tal colección de instantes, de impresiones, de momentos graciosos, agridulces e impregnados de una sutil sensualidad, nace una película contemplativa, hecha de pequeñas historias entrecruzadas, como las miradas de los aldeanos que viven con la vista fija en el horizonte, esperando una hipotética felicidad. La puesta en escena de Herekamono expresa mejor que cualquier rimbombante película “occidental” el sentimiento de exilio y de desarraigo y nos hace partícipes de un trozo de felicidad: la que aporta el buen cine.




1 comentarios a Ousmane Sembene. El yugo humanitario

1. «Me gustaría q además de incluir los comentarios señalaran dónde, cómo conseguir un dvd de estas películas o cómo se pueden visionar.
Pertenezco al aula de cine de la uni de Las Palmas y quiero hacer un ciclo de cine africano pero lo q encuentro es muy comercial, me pueden orientar?»


Dicho por abdaba soumure el Thu 31-05-2007 10:13 (UTC)




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