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21.LDNM - Mar-Abr 2006
Música
Mi vida con Pol
Kiko Amat
El escritor y periodista Kiko Amat (Sant Boi, 1971) pasó varios años en Londres trabajando en una tienda de discos de segunda mano. Hasta ahí, todo bien. El problema era que estaba a las órdenes de un hombre lanzado al abismo del vivir rápido, morir joven y conservar un bonito cadáver. La experiencia se saldó con un cúmulo de interrogantes: ¿Qué ocurre cuando tu superior está cómo una moto?, ¿sales corriendo o te vas con él de farra? Y, la gran pregunta, ¿cómo era él?, ¿tenía más de genio descarriado o de desecho humano? Superado el trance, Amat trata ahora de desentrañar estos y otros enigmas en este perfil sobre su pintoresco jefe.
Mi jefe se llamaba Pol Malone. Lo fue durante los años en que trabajé en Reckless Records, la célebre tienda de discos de segunda mano del Soho londinense. Aún hoy no me creo que exista Pol Malone, no sé si porque como personaje era más bien increíble o porque, Dios no lo quiera, me sorprende que la parca no lo haya mandado a empellones a los infiernos. Mi relación con Pol siempre fue muy compleja; al fin y al cabo, las palabras “gusta” y “asusta” se parecen mucho.
Pero antes de contarles más, se lo presentaré. Es el de la izquierda de la foto. El de la derecha soy yo, muerto de risa. Estamos en el sótano de Reckless y lo que Pol lleva en la mano es un pene gigantesco. Es decir, la hoja interior de un disco de rarezas de los Pet Shop Boys en la que sale un pene gigantesco. Yo también sostengo uno. Minutos antes estaba en nuestras cabezas, a lo capirote, pero he considerado que no era una foto muy publicable. En cualquier caso, fue idea suya. Es una típica “idea Pol” de arriba a abajo; dejarse fotografiar con grandes pichas en la cabeza. It seemed a great idea at the time, que dicen los ingleses.
Ahora ya le han visto la cara y saben su nombre. Pero vamos por partes.

Su cara
En el diario que escribí durante los cinco años de mi estancia en Londres se describía con detalle mi primera impresión de él: “Polo o Irish Paul o Paul es un DJ orejudo y algo desmejorado, un viejo mod de los primeros ochenta con el que mantengo una relación cordial. Paul tiene una risa ruidosa y franca que utiliza con desapego, aunque le faltan un par de dientes y da un poco de miedo, porque además Polo se parece horrores al Nosferatu [de Murnau], sólo que en lugar de capa y uñas, Polo lleva polos Gabicci y Roberto Carlo y pisamierdas Clarks y abrigos de cuero cruzados”. ¡Ha! ¿Qué les parece? El tema de los dientes, por cierto, consiguió solucionarlo durante una época en que se hizo unos postizos que le costaron un ojo de la cara. La época fue muy breve; creo que a las dos o tres semanas los había perdido, y a la cuarta se los encontró hechos un amasijo debajo del colchón de su sofá o en el bolsillo trasero de sus pantalones, no recuerdo. Pero me estoy adelantando con las anécdotas.

Su nombre
La cuestión es que Pol tiene varios. La versión inglesa es Paul Malone, pero ése está descartado por culpa de varias deudas impagadas y un par de detenciones que sufrió a mediados de los ochenta. Así, quedan los nombres irlandeses, que Pol utiliza a placer jugando con el hecho de que nadie sabe leerlos correctamente. A veces es Pol O’Maohleaon (se pronuncia O-Moiloin), otras Pol O’Maohlene, otras Oh! Polo (su pseudónimo favorito), dependiendo de su estado de ánimo y la posibilidad de que su interlocutor le parta la crisma. Sus firmas son igualmente cambiantes.
Pol, ya lo habrán deducido, es irlandés. De Limerick, el pueblo de Las cenizas de Angela. De hecho (le encanta contar esto), hay un momento de la película en que un vecino informa al protagonista de que la letrina es para uso de toda la calle. En la novela ese vecino es su abuelo, al que citan con nombre y apellidos; cualesquiera que sean. En cualquier caso, Pol, se mire como se mire, está loco. Y era mi jefe. Una combinación llena de posibilidades, como verán.

Tora! Tora! Tora!
Pol es el único y verdadero dandy kamikaze que he conocido en mi vida. Real. Sin temor ni vergüenza (como los niños de tres años, desconoce el significado de la palabra). “Polo es el último nihilista-hedonista del mundo”, escribí en mi diario con sorprendente acierto. Desde principios de los ochenta, la época en que llegó a Londres, Pol ha estado involucrado en una larga serie de exploits, bancarrotas y hundimientos, pero nada de eso le ha arrancado su perpetua sed de autosabotaje, conocimiento, placer y obsesión. Pol, me aterrorizó comprobarlo, se me antojaba, en la época que trabajamos juntos, como un espejo de La Casa de los Horrores que devolviera mi imagen deformada y exagerada hasta el paroxismo. ¿Cómo lo dije entonces? “Las fronteras, mis fronteras, desaparecen en él y a su lado los límites marcados se doblan”. Imaginen por un instante que se desprenden de todas las ataduras sociales, que consiguen cercenar los cables que les mantienen atados a lo cotidiano, respetuoso, lógico y saludable. Aquello en lo que se convirtieran podría sólo encajar en dos categorías: el Semi-Dios o la Gran Piltrafa Humana. Pol siempre supo que pertenecía a la segunda categoría y eso no fue óbice para que siguiese predicando su religión.

Oh-Pología
Las siguientes citas, extraidas de varias conversaciones con Pol, son un ejemplo excelente de Oh-Pología: “Nunca creí que llegaría a los treinta así que cada día que pasa es un regalo que tengo el deber de exprimir al máximo”. “No me gusta la realidad, la encuentro deprimente y trato de evadirme de ella siempre que puedo”. “Lo que más me gusta del mundo es el exceso en cualquiera de sus formas”. Otro ejemplo esclarecedor es este nuevo fragmento del diario: “Polo es el tipo que decidió que nunca más se arrepentiría de lo que hizo la noche anterior. Ahora Polo está un minuto hablándote de guerra sucia antiterrorista en Irlanda y al siguiente le está tocando las tetas a la gorda de la mesa de al lado; para él ambos momentos gozan de la mayor importancia”.

Mi teoría
Mi teoría es la siguiente: Lo que salva a Pol de no caer en la completa degeneración alcantarillera es que a) es el tipo con mayor, más vasto y enciclopédico conocimiento de discos que conozco y b) como suele pasar con los que están un tanto idos, Pol es un tipo sorprendentemente inteligente. “Sorprendentemente” de boca abierta y tomar apuntes y llamar a gente por teléfono para contarles, no de vago interés. Ambas cosas sostienen a Pol en el mundo de los vivos, como un Post-It moral que le recordase que aún no es el momento de cascar.

Mi vida con Pol (un anecdotario no definitivo)
Mi vida con Pol, como ya sugerí en el epílogo de un artículo sobre la serie de humor Black Books que escribí para La Vanguardia, no tiene desperdicio; fue, como ya dije, como vivir en el interior de una sitcom durante varios años. No exagero cuando digo que no tiene desperdicio, como verán en un momento. Trabajar a su lado era estar cerca de un surtidor de momentos (o situaciones, como dirían Debord y Vaneigem) de total descontrol. En el sentido más etimológico de la palabra: sin control. “Un hombre cuya filosofía era toda placer y saber, puros ambos, sin anclajes ni moral exterior”, como dice de nuevo el diario. Vean, vean.

- Cada mediodía y, a veces, tarde y, a veces, mañana y, a veces, el día entero, Pol se iba al pub, su zona predatoria natural, su hábitat. Allí flirteaba con las camareras, hablaba de discos con quien viniese a verle y se bebía millones de Guinness. A esto lo denominaba su “almuerzo líquido”.
- Al regresar de uno de sus almuerzos, y tratando de no ser detectado por sus superiores, Pol se cayó por las escaleras con gran estrépito. Por-las-escaleras, amigos. ¿A cuantos jefes han visto ustedes caer escalera abajo con toda la merluza?
- En un momento concreto, decidió que debía independizarse laboralmente y empezar a vender discos por su cuenta. Sacó 1.000 libras del banco (1.600 euros) para comprarle un ordenador a un amigo suyo. No se sabe muy bien cómo sucedió, pero el caso es que se gastaron todo el dinero en tres días de bacanal y nunca volvió a hablarse del tema. Luego tuvo remordimientos, sí, pero muy leves.
- En múltiples ocasiones pasó la noche bajo nuestra mesa en la tienda, brutal y suicidamente borracho. No saben los sustos que me daba al sacar esa cabeza de comadreja mod (estoy seguro que él aprobaría esta definición) de detrás de el mostrador y murmurar: “Good morrrrnin’ Kiko”. Con aliento de tifones y gasolina de quemar.
- Con los clientes, su política era lo que los ingleses llaman “suffer no fools”; es decir, ninguna compasión para con los cretinos. Sus anécdotas de humillación de idiotas son legión, pero recuerdo una ocasión en que alguien estaba poniéndose peligrosamente insistente (a primera hora de la mañana, la hora de la Gran Jaqueca de Pol) para que le compraran unos discos mugrientos. Mi jefe intentó convencerle de que no valían nada. El tipo insistió de manera bastante irritante y temeraria y, en un momento dado, puso en duda el conocimiento del irlandés. Pol apuntó su teléfono en una tarjeta de la tienda, se la alcanzó y (textualmente) le dijo: “Aquí está mi teléfono. Llámame cuando consideres que me importa una mierda”.
- Cuando despidieron a su mejor amigo se agarró una curda tan legendaria que, al llegar a su casa, perdió el conocimiento ante la estufa. Despertó con los pantalones en llamas. Anduvo cojo varios días.
- También dormía en portales. Le robaban en portales. Perdió abrigos, carteras y paraguas tan a menudo que perdí la cuenta.
- Tenía tres novias, todas japonesas, todas engañadas. Generalmente, solía estar todavía en el pub con alguien una hora y media después de que el reloj marcara el minuto exacto en que había quedado con alguna. Pobrecitas. No quiero ni imaginar las cenas que debían tener.
- Aspiraba drogas con la tienda llena, parapetado tras unos cuantos discos en vertical.
- Nunca cogía el teléfono (esto, lo admito, suena a Hollywood) por si eran acreedores o japonovias indignadas.
- Como toda persona loca, Pol estaba enamorado de sus propias palabras, y tenía un surtido de frases inagotable que repetía sin cesar a todas horas del día. Cuatro ejemplos cualesquiera son:
Al llegar por la mañana: “Alert the media”.
Cuando alguna acción ajena no le agradaba: “You are spitting in the eyes of little baby Jesus”.
Cuando se le llevaba la contraria: “I am not only opressed as a mod but as a man” o la célebre “Oh, Kiko, you’ve changed”.
Cada vez que empezaba una maratón de alcoholazo: “Please remind me to eat” (mi favorita).

A estas alturas, no lo dudo, todos ustedes habrán pillado la idea; no quisiera insistir más. Pero, antes de dejarles, quiero recordar una de las últimas frases de aquel diario: “Tengo una molesta sensación en el estómago que me dice que, si algún día nos marchamos de aquí, no voy a volver a ver a Polo hasta que alguien me llame para contarme que ha muerto de un ataque al corazón, y me va a sentar como un tiro”. Esto, celebro decir, nunca sucedió. Pol continúa recorriendo la ruta del exceso hacia el palacio de la sabiduría con la misma vehemencia. Una vez allí, no me cabe la menor duda, lo demolerá.


4 comentarios a Mi vida con Pol

1. «
KIKO ESCRIBE EN CASTELLANO PORQUE TIENE MIEDO DE QUE NADIE LE COMPRE EN CATALAN, NO ES COMERCIAL. PERO HA DE SABER QUE SOLOS SUS AMIGOS COMPRAN SUS LIBROS ASI QUE DA IGUAL EN QUE IDIOMA ESCRIBA»


Dicho por Sergi el Wed 07-02-2007 03:21 (UTC)


2. «sergi, si tu lo dices....solo sus amigos?»


Dicho por sieteymedio el Tue 08-05-2007 17:05 (UTC)


3. «y una mierda!! yo no pienso gastarme un duro en tus libros o material porque para hacer eso ya me compro el mio, que me gusta más. Pero leo esto. y lo disfruto. y agradezco que lo escriba en español porque así lo entiendo. los idiomas no están para hacer política sino para favorecer la comunicación.

gran historia. saludos de un periodista de jaén q vive en irlanda. hay bastantes pauls, a su manera

abrazos»


Dicho por Manuel el Tue 23-10-2007 11:31 (UTC)


4. «Yo nunca tuve la experiencia de trabajar con una persona como él, pero suena entretenido al inicio pero después la situación puede escalar. Inclusive puede darse sobre dosis con Generic Viagra»


Dicho por william el Thu 08-12-2011 22:12 (UTC)




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