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22.LDNM - Jul-Dic 2006
Actualidad
Philip K. Dick. El regreso
Osvaldo Espino
El novelista estadounidense Philip K. Dick murió en 1982 antes de ver cómo Hollywood popularizaba su obra con películas como Blade Runner, Desafío Total o Minority Report. Ahora, dos décadas después de su muerte, Philip K. Dick ha decidido reaparecer. Como si tal cosa. Y lo mejor es que los años parecen no haber pasado por él: para llevar dos décadas muerto Dick no tiene mal aspecto, aunque su voz tenga un extraño deje metálico...
¿Quién no conoce la historia de los replicantes? La película Blade Runner, adaptación de una novela corta de Philip K. Dick llamada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, contaba la historia de un policía encargado de eliminar a un grupo de androides dispuestos a todo con tal de averiguar su fecha de caducidad. Parte de la gracia de la película era su habilidad para combinar el espectáculo pirotécnico con algunos de los interrogantes clásicos de la obra de Dick: ¿qué diferencia a los androides de los humanos?, ¿quiénes somos?, ¿qué es la realidad?
Pues bien, recientemente se ha producido una inesperada vuelta de tuerca de estos dilemas: Philip K. Dick ha resucitado en forma de androide gracias a un curioso experimento (Proyecto PKD) desarrollado en EE UU por instituciones de nombres tan cinematográficos como Hanson Robotics, FedEx Institute of Technology o Automation on Robotic Research Institute.
La espectacular “reaparición” del autor de El hombre en el castillo tuvo lugar el pasado año durante un festival organizado por la revista Wired. Los asistentes tuvieron ocasión de ver de cerca al “novelista” quien, como muestran las fotografías, se mantuvo relajado en todo momento, sin perder la compostura, con la seguridad que le proporcionaba –suponemos– el “saberse” extraordinariamente parecido a su modelo humano, gracias al sistema de gesticulación facial realizado en un material sintético similar a la textura de la piel humana. No obstante, si tras ver las fotografías aún persisten dudas sobre la sofisticación del “gemelo”, baste decir que el androide está preparado para reconocer a familiares, amigos y famosos entre la multitud. Ya nos estamos imaginando la posible conversación entre el “escritor” y un viejo amigo:

– Ese Ronald...
– ¡Ostias!, Philip. ¿Dónde demonios has estado? ¡Estás igual que siempre!
– Esto… Vengo de…
– ¿Corporación Dermoestética?
– No, no, lo mío es todo natural...

Esta hipotética conversación no es tan disparatada como pudiera parecer ya que el robot cuenta con sistemas de inteligencia artificial y lenguaje natural; es decir, que habla. De hecho, durante el festival, la réplica de Dick fue entrevistada por varias televisiones. En efecto, el androide no sólo se parece mucho a su otro yo sino que es un consumado especialista en su obra: sus respuestas se originan a partir de una gran base de datos en la que se han volcado las ideas y opiniones del escritor.
Con todo, habrá quien reste mérito al experimento argumentando que las opiniones del robot ya habían sido expresadas anteriormente por el escritor y que, por tanto, ¿qué interés puede tener oír otra vez lo mismo más allá del indudable encanto fetichista de todo este tinglado? Pues bien, las palabras podrán ser las mismas pero adquieren nuevos significados al ser dichas por la réplica artificial. Hagamos la prueba extrayendo algunos extractos de las entrevistas con el “replicante”:
-“A través de los años parece que una sutil, pero real, degradación ha hecho que el mundo se parezca a mis novelas”.
Un aseveración de P. K. Dick levemente presuntuosa se convierte ahora en un comentario perverso en boca del androide.
-“Algún día un ser humano disparará a un robot. Para su sorpresa, el robot comenzará a llorar y sangrar. Entonces, el robot disparará al humano; para su sorpresa, un humo gris brotará del supuesto corazón humano (...) Será un gran momento de la verdad para ambos...”.
Hipótesis inquietante convertida ahora en amenaza robótica en toda regla.
-“Lo que más me preocupa de la creciente tecnologización de nuestra sociedad es que los hombres se conviertan en máquinas”.
Profecía apocalíptica trasformada ahora en un comentario, como mínimo, ambiguo. ¿Le preocupará de verdad al androide que los hombres se conviertan en máquinas? Sigamos…
-“El bombardeo de seudorrealidades dará lugar a la creación de falsos humanos (...). Es como una versión de Disneylandia a gran escala. Tenemos al Pirata del Caribe o al robot que simula ser Lincoln… pero ninguno de ellos es real”.
Advertencia sobre el lado oscuro de la tecnología convertida, por lo que respecta al androide, en un caso de respuesta contra sí mismo. Cabría pensar que una nueva generación de androides de P. K. Dick, más sofisticados, más conscientes, se podrían negar a dar respuestas que pusieran de relieve su condición “artificial”. ¿Qué pasaría entonces?
Curiosamente, cuando al androide de Dick le hacen preguntas parecidas responde devolviendo la pelota al campo contrario (al de los humanos): “Alguna gente cree que las máquinas con conciencia están al caer. Qué pasará cuando el robot del Presidente Lincoln que hay en Disneylandia ‘despierte’. ¿Se creerá que es real?”
“Una vez escribí una historia sobre un hombre al que llevan al hospital tras ser herido. Cuando empiezan a operarle, los médicos se dan cuenta de que se trata de un androide, aunque él no lo sabe. Tendrán que decírselo...”.
No soy yo quien tiene que preocuparse por su identidad sino vosotros, parece insinuarnos el androide. No es difícil imaginar qué respuesta hubiera dado el Dick real si le hubieran acusado de ser un androide: “Os lo dije, joder, os lo dije”, hubiera repetido satisfecho el escritor al ver cómo se hacían realidad sus sospechas. Un final feliz para un hombre totalmente convencido de que no vivimos en la realidad sino en un mundo de apariencias que es preciso desenmascarar.
La rebelión de las máquinas
Los impulsores de la máquina creada a imagen y semejanza de P. K. Dick aseguran que se empleará principalmente para exponer la tecnología y difundir el pensamiento del autor, aunque sólo se trata de la avanzadilla de una serie de futuros seres artificiales. Sabido esto, ¿no sería una gran idea utilizar estos ingenios para divulgar un género tan de capa caída en nuestra época tecnológica como la literatura? En efecto, la era de la imagen amenaza con convertir las novelas en reliquias similares a las gramolas. Así que, si no puedes con el enemigo, ¿por qué no unirse a él? La literatura debería hacer uso de las nuevas tecnologías para promocionarse siguiendo el ejemplo del robot de P. K. Dick. ¿Cuántos nuevos lectores de Dick surgirían si el Dick 2005 apareciera regularmente en televisión? Y no sólo de Dick: ¿se imaginan una gira promocional del Premio Planeta en la que se juntaran los androides de Bukowski y Baudelaire? ¡Jesús! La liarían parda y se beberían hasta el agua de los floreros. A las televisiones les encantaría. La literatura volvería a estar en boca de todos.
Las posibilidades son, pues, infinitas. Los usos perversos también: como todo avance tecnológico que se precie, la “clonación” tecnológica de escritores tiene su lado oscuro. ¿Qué pasaría si un científico loco fabricara millones de réplicas artificiales de Corín Tellado? ¿Se convertiría la Tierra en un mundo de nubes rosas, amantes abrazándose a cámara lenta y mimos sin fin? Y, ¿qué tiene eso de malo?, se preguntarán algunos. Esto... probemos con otro ejemplo: ¿qué decir de un mundo con 1.500 réplicas de Mario Vargas Llosa sueltas por ahí? Chungo, ¿verdad? Aunque, bien pensado, quién sabe hasta dónde puede llegar la robótica: ¿se imaginan una réplica artificial de Vargas Llosa con conciencia? ¿Acabaría atacando al Vargas Llosa real en un programa de televisión en directo al grito de “te voy a dar yo a ti neoliberalismo, cabrón”? O, por poner otro ejemplo, quién sabe si un extenuado androide de Cervantes no acabaría por liarse a tiros en el enésimo acto de celebración del quinto centenario del Quijote (2105). ¡Vivir para ver!




1 comentarios a Philip K. Dick. El regreso

1. «Sivaivni
Philip K. Dick


por Emilce Acuña


A diferencia del relato fantástico que propone una salida ambigua a la interpretación donde es el lector quien debe optar por la razón o la sin – razón, las historias de ciencia ficción se sostienen en los avances reveladores de la tecnología y la física atómica, que permitieron a través de los años desplegar la imaginación hacia lugares a donde aún el hombre no ha llegado. La posibilidad de vida en otros planetas, la dimensión espacio temporal, la experimentación científica y los fenómenos astrológicos, son algunas de las vertientes principales de las que se nutre el género; sin embargo existen autores que lo van consolidando no sólo a partir de lo ya conocido hasta entonces sino sumando un plus relacionado intrínsecamente con quien escribe y con su propia posibilidad narrativa de combinar y dar forma nueva a lo ya enunciado y, sobre todo, a lo que aún no existe.
Este es el caso de Phipil Dick, un autor que no sólo une realidad y ficción sino que la riqueza de su narración radica fundamentalmente en la combinación múltiple de fenómenos irracionales que van adquiriendo verosimilitud en el relato a medida que puede hallarse coherencia dentro del propio mundo ficcional creado por el autor. Principalmente, Dick pone en duda nuestra realidad, cuestiona racionalmente todas las leyes que rigen nuestro mundo, para que lo irracional, paradógicamente, asalte al lector como única explicación racional.
Sivainvi (Sistema de Vasta Inteligencia Viva) escrita en 1978, es parte de una trilogía que junto con La divina invasión y La transfiguración de Timothy Archer, conforman aquello que los mismos títulos van esbozando acertadamente. En la cosmología creada por Dick existe un Dios que, aunque se escribe con mayúscula, puede manifestarse en los estratos de la basura, un Dios que juega a las escondidas con los hombres, que es el mismo para todas las religiones existentes y que subyace en cada ser humano, porque Dios es en definitiva el hombre mismo.
Lo único que nos salva en el relato de Dick es comenzar a creer en él sin simulaciones, sin jugar al como si, sin pacto ficcional de por medio, sino encontrando una nueva fe unida a una serie de palabras que nos rescatan de este mundo que tan bien hemos ordenado y nos aproxima a otro, lejano. Leer a Philip Dick es dar un manotazo a esa otra posibilidad de realidad que pocos se atreven a pensar, sólo aquellos que eligen la duda de todo lo que existe y rondan la periferia de doctrinas y filosofías.


18/02/08
»


Dicho por Emilce Aciña el Wed 23-01-2008 22:16 (UTC)




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