Nunca he pensado en mi música como una moda. ¿Te refieres a eso? Nunca me lo planteo en esos términos. Mi música no es algo calculado. ¿Qué edad tienes?
Veintiocho
Bien, digamos que llevo tocando desde que no sabías hablar y no tengo la sensación de repetirme, ¿comprendes? Porque para mí todo es un proceso y hago música para devolver el favor que me hicieron las bandas que más me gustaban de pequeño.
Entonces, supongo que siempre piensas que tu último trabajo es el mejor que has hecho nunca.
¡No! Porque no analizo mi trabajo en términos de “mejor” o “peor”, sino en función de lo relevante que sea para mí. Estoy muy orgulloso de toda la música en la que he estado involucrado. Es como eso de elegir la “mejor” o la “peor” canción de un grupo o de un período de tiempo. ¿Qué sentido tiene? Las pocas veces que escucho los discos que he grabado, intento ser honesto y desvincularme emocionalmente de las canciones. Tardé diez años en poder hacerlo con los discos de Minor Threat, porque cada vez que los escuchaba, no podía evitar recordar los viajes, los conciertos, el público... Ahora que he podido distanciarme de todo eso, pienso que tenemos muchas canciones buenas, más que “Out of Step” o “Straight Edge”, que son las que siempre se mencionan. Con Fugazi lo que me pasa es que no puedo escuchar los discos porque, al haber tocado tanto en directo, algunas canciones han evolucionado de una forma totalmente distinta a como están grabadas y, claro, no puedo evitar pensar en cómo las tocábamos últimamente en comparación a cómo las grabamos años atrás.
El otro día leí que alguien dijo que si el mundo fuera perfecto, el arte no tendría sentido y desaparecería porque el arte es una respuesta a todas las cosas que van mal. ¿Estás de acuerdo?
Pienso que todas esas afirmaciones intelectuales son una gilipollez.
También leí que el fin último de todo artista es buscar la belleza…
¡Sí, creo que sí! De todas formas la belleza es también algo relativo, obviamente. Hay artistas que hacen deliberadamente algo feo para buscar un sentido determinado a su vida o a la existencia humana o a lo que sea. Y quizás también persigan ese sentimiento de belleza. El problema que veo es que creo que hemos pervertido el sentido de la belleza. Ahora mismo, la belleza está muy vinculada a lo material. Y lo material siempre está vinculado al dinero, por lo que parece que la belleza tiene un precio. Siempre he visto la vida como un campo vacío donde nuestro papel consiste en saber qué ruta escoger. Tampoco es tan complicado. Por supuesto, la gente muere y la gente desaparece y creo que hemos tendido a darle demasiado sentido a ese hecho, a la muerte, y hemos descuidado lo que tenemos aquí y ahora. En una época en la que predominan las cosas feas, la crueldad, creo que tenemos que retomar la muerte como algo que sucede y punto. Esta idea de que todo es temporal resulta realmente inspiradora cuando estás sumido en un proceso creativo.
En un momento tan delicado como éste, con la guerra de Iraq de por medio…
Perdona que te interrumpa: yo nunca, ¡nunca!, utilizo la palabra “guerra” para definir el conflicto de Iraq. Prefiero referirme a todo eso como una “acción militar”, porque para que haya una guerra, tiene que haber dos bandos y es evidente que no es el caso.
Iba a decir que te tiene que resultar difícil conectar políticamente con alguno de los dos partidos mayoritarios de tu país.
Verás, en EE UU no hay un bipartidismo, sino un tripartidismo. En primer lugar, tenemos a los republicanos; en segundo lugar, a los demócratas y, en tercer lugar, al partido americano mayoritario: el Partido de la Apatía. Este es el partido más poderoso que tenemos y gracias a él las decisiones están en manos de la gente equivocada. Por eso siempre pienso que el presidente que tenemos EE UU es el presidente que se merece la mayoría de la población, bien por haberle votado bien por haber sido lo suficientemente apáticos como para no evitar que subiera al poder. Sin embargo, y esto es una convicción absoluta, no creo que George W. Bush sea el presidente que se merezca el resto del mundo. Y, de hecho, la realidad me da la razón a través de las acciones militares que ha protagonizado desde que está en el poder. Respecto a mi voto, el proceso es el siguiente: intento votar al candidato mayoritario menos malo, para evitar que el peor candidato mayoritario pueda hacerse con la Casa Blanca. Y, hoy por hoy, el candidato menos malo es el candidato demócrata. Mi voto es claramente un voto antirrepublicano. Por ejemplo, veamos qué es lo que han hecho los últimos presidentes americanos: a Carter se le pueden reprochar muchas cosas, pero, en general, no lo hizo del todo mal. Luego vino Reagan y su pasión por las acciones militares en cualquier punto del planeta, incluso en el espacio. Más tarde, Bush padre nos metió en la Guerra del Golfo en 1991. Luego vino Clinton y, si nos atenemos a las acciones militares, sólo podemos reprocharle lo que hizo en África. Y, finalmente, tenemos a George W. Bush que continúa la línea de los republicanos y su pasión por las acciones militares. Si comparamos la pasión bélica de demócratas y republicanos, está claro que ganan los republicanos, así que esa es la justificación de mi voto. De cualquier modo, una cosa que no soporto es dar mi voto a alguien que apoya la pena de muerte, y tanto unos como otros están a favor de la pena capital. No, mire, yo no quiero ser cómplice de ningún crimen.
¿Qué ha cambiado desde que fundaste Dischord Records, hace veintiséis años?
Pues, sinceramente, te puedo decir que ha cambiado todo y que no ha cambiado nada. En estos momentos estoy enfundando unos discos de Daniel Gribbs, el cantante de Lungfish, que nos acaban de llegar de la fábrica. Ahora tengo otro sello, más pequeño, que se llama Northern Liberties, para sacar ediciones especiales de artistas que me gustan, pero que son más experimentales. Por ejemplo, este disco es instrumental: Daniel tocando el arpa judía. ¿Sabes cómo suena? Así, como cling, cling, cling… Es rarísimo. [Risas].
¿Cómo valoras el papel de Dischord en la escena musical mundial?
Te digo lo mismo que antes: yo no veo las cosas en esos términos. Dischord nació y creció dentro de una comunidad muy concreta. Esta es mi vida. Las cosas llevan su propio ritmo y soy capaz de asumir todo lo que hemos hecho. Sé dónde hemos acertado y sé también dónde hemos fallado. Por esta oficina, que sigue siendo la misma desde que se fundó el sello, han pasado veinticinco personas distintas y decenas de bandas. Nos sigue uniendo la pasión por la música y la forma de hacer las cosas. ¿Echo de menos algo? Quizás la conexión entre las bandas. Ahora no parece haber demasiada, y lo malo es que eso es algo que no puedes crear artificialmente. Es algo que va y viene, que tiende a regenerarse, pero que ahora no veo que exista. Hay como diez o quince subescenas distintas, evolucionando de manera diferente y hay que estar atento, porque me parecen muy interesantes. Hace algunos años, Q and not U, El Guapo o Black Keys pertenecían a la misma escena de bandas más “modernas” que tenían una idea muy arraigada de comunidad.
¿Hay alguna banda a la que te hubiera gustado fichar y, por algún motivo, no hayas podido hacerlo?
Sí, la verdad es que me hubiera gustado sacar los discos de Mary Timony. Es una artista que me encanta y todavía sigue tocando.
Tengo entendido que The Evens ponéis ciertas condiciones a la hora de tocar.
¿Te refieres al sitio donde ha de celebrarse el concierto? Sí, intentamos no tocar en bares ni en salas de conciertos al uso. Por ejemplo, en España eso es complicadísimo. Apenas hay sitios que se salgan del circuito de las salas comerciales y siempre nos vemos obligados a tocar en clubs. La única condición indispensable es que el concierto sea para todas las edades [la primera y única vez que The Evens tocaron en Madrid, el 22 de octubre de 2005, hicieron dos pases: uno por la mañana para todas las edades y otro por la noche, para mayores de 18 años]. Sin embargo, el problema de los bares no es que no puedan entrar menores, sino que la gente no para de hablar. Y, de verdad, ¡odio cuando la gente habla en mitad de un concierto! No lo entiendo y me pone enfermo. No porque piense que mi música es sagrada. Simplemente es un problema de conexión: cuando la gente desconecta, el murmullo crece exponencialmente y yo no puedo expresarme y comunicarme como querría. A veces Amy me dice que me paso, pero es que no lo puedo soportar. ¡No lo puedo soportar! He mandado callar a la gente muchas veces en mitad de un concierto.
¿Y nunca te has enfadado por eso en España?
No, siempre advierto antes de empezar el concierto: “chicos, me gustaría que estuvierais callados y permitieseis al de al lado disfrutar del concierto”. En España me he cabreado por otro motivo: no comprendo el sentido de la SGAE [lo pronuncia tal y como suena en castellano]. Es algo que no me entra en la cabeza. The Evens no tenemos ni una sola de nuestras canciones registradas porque considero que nadie tiene derecho a llevarse ningún porcentaje de un trabajo que hago yo, edito yo y toco yo en directo. Y no tengo ningún problema a este respecto en ningún país excepto en España. ¿Por qué tengo que darle un porcentaje a una asociación que no va a hacer nada por mí, puesto que vivo en otro país? ¡Es absurdo! Lo hablaba con Xavi, el que suele montarnos los conciertos en España. ¿Y si, en lugar de cantar en una banda, leyera poemas en un bar, sin ningún apoyo instrumental? No tendría que pagar a la SGAE. ¿Y qué diferencia hay si recito los poemas, pero con una guitarra? Que tengo que pagar. ¿No es absurdo?
¿Cómo ve alguien como tú, tan reacio a las modas, el auge de soportes como myspace en estos últimos dos años?
Si quieres que te diga la verdad, no he prestado demasiada atención porque no es un fenómeno que me interese. Lo conozco, claro, pero todas estas cosas siempre me han parecido lo mismo. Es como si en una explanada enorme todo el mundo intenta meterse en una misma tienda de campaña: se convierten en un objetivo fácil. Ahora parece que si no tienes myspace, no eres nadie. Es verdad que tiene algo de positivo, porque permite escuchar material de muchas bandas distintas de forma fácil y rápida, pero por otro lado, es un nido de anuncios de empresas multinacionales. Te pongo un ejemplo: hace sólo dos meses, estaba intentando cerrar un concierto y el promotor me pregunta si tengo myspace. Le digo que no y el tipo no quería contratarnos. ¡Sólo por no tener myspace! Se ha dado totalmente la vuelta al concepto. Lo que debería importar es la música, no dónde esté alojada esa música. Ahora bien, también sé que este fenómeno es muy temporal. No creo que dentro de dos o tres años nos acordemos del myspace.
1. «¿todo bien? me llamo juan y tengo 98años»
2. «si quieres conocerme por favor escriveme yo te quiero conocer
»
3. «Felicidades desde el otro lado del charco... siempre nos resulta en la pantalla una lectura grata. Ojala pudieramos canjear publicaciones... Un abrazo desde Caracas»
4. «Lee estos blogs. El primero es sobre música, y podrás encontrar un montón de anécdotas genios del jazz, pero también de otros grupos cómo Fugazi, A Room With a View, Nick Cave, Lou Reed, The Smiths, Hyperpotamus, bla bla bla bla.»
5. «Lee estos blogs. El primero es sobre música, y podrás encontrar un montón de anécdotas genios del jazz, pero también de otros grupos cómo Fugazi, A Room With a View, Nick Cave, Lou Reed, The Smiths, Hyperpotamus, bla bla bla bla.
Un poco de silencio, por favor...
www.unpocodesilencioporfavor.blogspot.com
Diario en Crisis
www.diarioencrisis.blogspot.com»



