26.LDNM
- Oct-Dic 2007
Música
Tego Calderón. “Mi hijo se llama Malcolm X”
Victor Lenore
El músico de Puerto Rico, autor del mítico El abayarde, acaba de publicar El abayarde contra-ataca. La industria apenas le ha promocionado, pero sus canciones han hecho el trabajo por él. ¿La receta? Un explosivo eclecticismo –el verdadero “Caribe mix”– y unas sabrosas rimas callejeras tan hedonistas como combativas. Hoy casi nadie discute que es uno de los grandes de la música negra. En esta entrevista explica su historia.
En su penúltimo disco se definió como El subestimado (DRO, 2006), un estatus que puede inducir a error. “No, no es una queja. Me gusta que duden de mí, no me molesta. Al contrario, eso me da fuerza, me gusta esa lucha. También es una manera de explicar cómo me siento viviendo desde abajo, no siendo el preferido. Me obliga a luchar más para probarme. Es un estado mental en el que yo mismo me pongo y me funciona desde pequeño”.
La primera canción de El Abayarde contra-ataca (DRO, 2007) se titula “Alegría”. Me da la impresión de que este álbum tiene menos letras duras y más de “vamos a pasarlo bien”.
Es un reflejo de mi estado de ánimo. Ahora en mi vida está todo bien. El mundo no es un lugar alegre, pero hay que buscar la manera. Yo doy gracias por haber podido desarrollarme como artista y como persona. Además, tengo una familia preciosa.
En la canción “Loíza” de El abayarde (2002) arremetes contra muchos abusos sociales, pero también cantas “hasta sufriendo / somos felices”. Esa frase me parece que resume el espíritu de mucha música de los países pobres.
Ahí estoy hablando de mi raza: los negros hemos sido perseguidos toda la vida y seguimos siendo perseguidos. Los medios aún tratan de burlarse de nosotros, de nuestros rasgos, nos ponen trabas y nos echan jueces encima. Pase lo que pase, seguimos alante en la música, en los deportes, en la moda y en más cosas. Por mal que lo estemos pasando siempre sonreímos. Acabo de llegar de Sierra Leona y está claro: muchos sitios se parecen a donde crecí. A ratos me olvidaba de que estaba en África. La gente es feliz aunque no tenga luz ni agua ni nada.
He leído en Internet una entrevista donde cuentas el viaje. También hubo aspectos desagradables, ¿no?
Es cierto: íbamos a rodar un documental para la cadena de televisión VH1. Se trataba de contar el proceso de explotación de la gente que saca los diamantes, los que cobran unos pocos dólares por piedra y pueden pasarse meses sin encontrar nada y sin cobrar. Al llegar quedó claro que no se podían hacer las preguntas importantes a los que manejaban aquello. Si lo hacíamos no iban a dar facilidades ni permisos. Me invitaron como parte de un documental y acabó siendo un reality show. Estábamos sacando alguna injusticia, pero otras cosas no se podían decir. Al final me sentí incómodo con la productora y ella incómoda conmigo.
Por lo visto, te llevaste también alguna sorpresa con los raperos que te acompañaban en el viaje.
En el equipo estaban Raekwon de Wu-Tang Clan y Paul Wall. Este último, además de ser artista, se dedica a vender grillz, unos aparatos para los dientes cubiertos de piedras preciosas. Supuestamente él venía para el documental, pero no estaba interesado en denunciar nada, sino en aprovechar el viaje para hacer sus negocios. ¿Qué le vas a hacer? Así es la vida.
En La letra de “Quiéreme como soy” dices que la película El precio del poder (Brian de Palma, 1983) lo cambio todo para ti. Es una cinta muy influyente en el hip hop. ¿Cómo te afectó?
Crecí en Río Grande, que es un área rural del Este. Me criaron bien, cuidándome, en un condominio de clase media, pero que tenía alrededor barrios muy pobres. Estábamos rodeados de gángsteres. Yo era un niño inmaduro: quería ser malo, quería vender droga. Scarface (título original de El Precio del poder) ha sido letal para la humanidad. Te da ganas de ser delincuente. Es negativa, pero yo sigo viéndola. Lo explico en la letra: “No culpo a Al Pacino / ni a Hollywood / de mi destino / culpo a los políticos / que son unos vendidos”.
¿Es verdad que de joven pasaste un tiempo en la cárcel?
Sí. Fue un momento crucial en la vida, una experiencia buena. No me gusta decir esto porque los niños o los jóvenes me pueden coger como ejemplo. Fui maduro para absorber mi castigo y hacerlo parte de mí. Sin la cárcel no sería quien soy. Allí conocí gente que me hizo ver que yo no era tan desafortunado como creía, que me estaba quejando de más. Tuve claro que ese no era mi sitio. El interés en ser criminal hizo que me costara adaptarme a la vida, pero al final me centré y sólo me bajé del taxi para ser Tego.
En tu nuevo sencillo “Tradicional a lo bravo” cantas que “bailar reggaetón no es indecente”. ¿Sigues notando rechazo hacia el género?
Hoy sólo molesta a los que quieren ser más curas que el Papa. Muchos de esos son gente que en su vida hace cosas peores que cualquier verso de Residente (MC de Calle 13). Esta canción la escribí pensando en las chicas que desprecian el reggaetón, pero luego dan dos tragos y son las que más indecente bailan cualquier cosa. En Puerto Rico no hay ningún rechazo, el problema es que el reggaetón se ha vuelto pop. Suena demasiado comercial. Las disqueras grandes han saturado el mercado con productos que no cumplen los mínimos. Se han limpiado mucho las letras para que salga en televisión. Es la misma decadencia que pasó a la salsa y el merengue.
Ahora mismo parece que hay dos caminos: tú estás yendo para atrás, a las raíces, mientras que Daddy Yankee trata de abrir el mercado conquistando al público de la MTV. En su single del verano, “Impacto”, ha invitado a Fergie de los Black Eyes Peas. Creo que ha perdido fuerza.
Ja, ja, ja... Eso lo has dicho tú , ¿eh? Yo también salgo en la MTV, pero hago la música para la gente. No intento ser nadie que yo no sea. Tampoco digo que Daddy Yankee lo intente. Ahora mismo estoy muy nacionalista y muy pa’ los míos. No voy a dejar de cantar en español. El disco que abrió las puertas de la MTV fue El Abayarde (2004). Ahora se les olvida. No sé, no quiero ser otro moreno americano que canta reggaetón con joyas y carros. Soy un artista de hip hop. Cuando empecé en mi país no había público para sostener la escena. Entonces decidí acercarme a los clubes. Allí contrataban más artistas porque todas las noches la gente tiene que divertirse. En EE UU el hip hop se baila, aquí no lo ven tan bailable, necesitan algo más para moverse. En un momento dado de mi vida me metí al reggaetón para poner comida en la mesa.
¿Nos explicas eso un poco más?
Bueno, entonces no se llamaba reggaetón, sino underground. La primera vez que lo escuché no lo entendí. De hecho, lo odiaba, hasta que un día me puse a bailar y comprendí la fascinación de la gente. Es algo sensual. ¿A quién no le gusta eso? Entonces hice una canción llamada “Cosa buena” que dice “my flow asusta / porque se ajusta / a lo que gusta / si no lo tengo, se busca”. Le estoy hablando al fanático del hip hop, que puede ser muy puritano. Quiero decir que soy capaz de adaptar mi estilo a cualquier música. Yo fluyo, rapeo sobre el ritmo del reggaetón, no canto tipo baladista, como hacen otros, eso no me interesa nada. Ser hip hop es lo que me abrió las puertas de Nueva York.
Cuando abres tu web oficial sale un grafitti de Filiberto Ojeda Ríos, el líder de los macheteros que mató el FBI en 2005. ¿Te ha causado algún problema usar este tipo de iconos?
No soy persona de computadora, apenas he visto mi web. Si me causa problemas me da igual porque le admiro. Me gusta la gente con criterio, que no coge con la marea.
¿Nunca has tenido problemas con la policía? Hay canciones como “No paso el cerdo” que son bastante duras contra ellos.
Ahí hablo al gobierno diciendo que son más cerdos que el mismo cochino. Juegan a dos bandas: todos sabemos que a puerta cerrada roban y usan drogas. Hasta violan a sus hijas. Te hablo de cosas reales que han pasado en Puerto Rico. Ahora me llevo bien con la policía: no recibo una multa de tráfico desde el año 2001. Me respetan porque les hablo claro. Antes me trataban muy mal. Si un ser humano tiene poder sobre otro acaba por abusar. Se ve en los tribunales.
Uno de tus primeros discos se titula El enemy de los guasibiri (2004). ¿Quiénes son los guasibiri? En Internet no aparece nada al respecto.
Es que es una palabra que me he inventado yo, como hacía el sonero Ismael Rivera y otros poetas negros. Guasa significa mentira, bobería. Es como si dijera que yo soy el enemigo de los mentirosos. Adopto mis propias palabras a partir de otras.
¿Qué discos escuchas últimamente?
Sobre todo música vieja. En el coche ahora mismo tengo salsa, rumba cubana y el Nigazz4life (1991) de N.W.A. Lo único moderno que pongo es Amy Winehouse. Me gusta su flow y ese aire de los sesenta. Es muy buena.
¿Es verdad que tu hijo se llama Malcolm X?
Se llama Malcom X Calderón y mi hija se llama Ebony Nairobi. Al más pequeño le puse Esteban en honor a mi papá.
La primera canción de El Abayarde contra-ataca (DRO, 2007) se titula “Alegría”. Me da la impresión de que este álbum tiene menos letras duras y más de “vamos a pasarlo bien”.
Es un reflejo de mi estado de ánimo. Ahora en mi vida está todo bien. El mundo no es un lugar alegre, pero hay que buscar la manera. Yo doy gracias por haber podido desarrollarme como artista y como persona. Además, tengo una familia preciosa.
En la canción “Loíza” de El abayarde (2002) arremetes contra muchos abusos sociales, pero también cantas “hasta sufriendo / somos felices”. Esa frase me parece que resume el espíritu de mucha música de los países pobres.
Ahí estoy hablando de mi raza: los negros hemos sido perseguidos toda la vida y seguimos siendo perseguidos. Los medios aún tratan de burlarse de nosotros, de nuestros rasgos, nos ponen trabas y nos echan jueces encima. Pase lo que pase, seguimos alante en la música, en los deportes, en la moda y en más cosas. Por mal que lo estemos pasando siempre sonreímos. Acabo de llegar de Sierra Leona y está claro: muchos sitios se parecen a donde crecí. A ratos me olvidaba de que estaba en África. La gente es feliz aunque no tenga luz ni agua ni nada.
He leído en Internet una entrevista donde cuentas el viaje. También hubo aspectos desagradables, ¿no?
Es cierto: íbamos a rodar un documental para la cadena de televisión VH1. Se trataba de contar el proceso de explotación de la gente que saca los diamantes, los que cobran unos pocos dólares por piedra y pueden pasarse meses sin encontrar nada y sin cobrar. Al llegar quedó claro que no se podían hacer las preguntas importantes a los que manejaban aquello. Si lo hacíamos no iban a dar facilidades ni permisos. Me invitaron como parte de un documental y acabó siendo un reality show. Estábamos sacando alguna injusticia, pero otras cosas no se podían decir. Al final me sentí incómodo con la productora y ella incómoda conmigo.
Por lo visto, te llevaste también alguna sorpresa con los raperos que te acompañaban en el viaje.
En el equipo estaban Raekwon de Wu-Tang Clan y Paul Wall. Este último, además de ser artista, se dedica a vender grillz, unos aparatos para los dientes cubiertos de piedras preciosas. Supuestamente él venía para el documental, pero no estaba interesado en denunciar nada, sino en aprovechar el viaje para hacer sus negocios. ¿Qué le vas a hacer? Así es la vida.
En La letra de “Quiéreme como soy” dices que la película El precio del poder (Brian de Palma, 1983) lo cambio todo para ti. Es una cinta muy influyente en el hip hop. ¿Cómo te afectó?
Crecí en Río Grande, que es un área rural del Este. Me criaron bien, cuidándome, en un condominio de clase media, pero que tenía alrededor barrios muy pobres. Estábamos rodeados de gángsteres. Yo era un niño inmaduro: quería ser malo, quería vender droga. Scarface (título original de El Precio del poder) ha sido letal para la humanidad. Te da ganas de ser delincuente. Es negativa, pero yo sigo viéndola. Lo explico en la letra: “No culpo a Al Pacino / ni a Hollywood / de mi destino / culpo a los políticos / que son unos vendidos”.
¿Es verdad que de joven pasaste un tiempo en la cárcel?
Sí. Fue un momento crucial en la vida, una experiencia buena. No me gusta decir esto porque los niños o los jóvenes me pueden coger como ejemplo. Fui maduro para absorber mi castigo y hacerlo parte de mí. Sin la cárcel no sería quien soy. Allí conocí gente que me hizo ver que yo no era tan desafortunado como creía, que me estaba quejando de más. Tuve claro que ese no era mi sitio. El interés en ser criminal hizo que me costara adaptarme a la vida, pero al final me centré y sólo me bajé del taxi para ser Tego.
En tu nuevo sencillo “Tradicional a lo bravo” cantas que “bailar reggaetón no es indecente”. ¿Sigues notando rechazo hacia el género?
Hoy sólo molesta a los que quieren ser más curas que el Papa. Muchos de esos son gente que en su vida hace cosas peores que cualquier verso de Residente (MC de Calle 13). Esta canción la escribí pensando en las chicas que desprecian el reggaetón, pero luego dan dos tragos y son las que más indecente bailan cualquier cosa. En Puerto Rico no hay ningún rechazo, el problema es que el reggaetón se ha vuelto pop. Suena demasiado comercial. Las disqueras grandes han saturado el mercado con productos que no cumplen los mínimos. Se han limpiado mucho las letras para que salga en televisión. Es la misma decadencia que pasó a la salsa y el merengue.
Ahora mismo parece que hay dos caminos: tú estás yendo para atrás, a las raíces, mientras que Daddy Yankee trata de abrir el mercado conquistando al público de la MTV. En su single del verano, “Impacto”, ha invitado a Fergie de los Black Eyes Peas. Creo que ha perdido fuerza.
Ja, ja, ja... Eso lo has dicho tú , ¿eh? Yo también salgo en la MTV, pero hago la música para la gente. No intento ser nadie que yo no sea. Tampoco digo que Daddy Yankee lo intente. Ahora mismo estoy muy nacionalista y muy pa’ los míos. No voy a dejar de cantar en español. El disco que abrió las puertas de la MTV fue El Abayarde (2004). Ahora se les olvida. No sé, no quiero ser otro moreno americano que canta reggaetón con joyas y carros. Soy un artista de hip hop. Cuando empecé en mi país no había público para sostener la escena. Entonces decidí acercarme a los clubes. Allí contrataban más artistas porque todas las noches la gente tiene que divertirse. En EE UU el hip hop se baila, aquí no lo ven tan bailable, necesitan algo más para moverse. En un momento dado de mi vida me metí al reggaetón para poner comida en la mesa.
¿Nos explicas eso un poco más?
Bueno, entonces no se llamaba reggaetón, sino underground. La primera vez que lo escuché no lo entendí. De hecho, lo odiaba, hasta que un día me puse a bailar y comprendí la fascinación de la gente. Es algo sensual. ¿A quién no le gusta eso? Entonces hice una canción llamada “Cosa buena” que dice “my flow asusta / porque se ajusta / a lo que gusta / si no lo tengo, se busca”. Le estoy hablando al fanático del hip hop, que puede ser muy puritano. Quiero decir que soy capaz de adaptar mi estilo a cualquier música. Yo fluyo, rapeo sobre el ritmo del reggaetón, no canto tipo baladista, como hacen otros, eso no me interesa nada. Ser hip hop es lo que me abrió las puertas de Nueva York.
Cuando abres tu web oficial sale un grafitti de Filiberto Ojeda Ríos, el líder de los macheteros que mató el FBI en 2005. ¿Te ha causado algún problema usar este tipo de iconos?
No soy persona de computadora, apenas he visto mi web. Si me causa problemas me da igual porque le admiro. Me gusta la gente con criterio, que no coge con la marea.
¿Nunca has tenido problemas con la policía? Hay canciones como “No paso el cerdo” que son bastante duras contra ellos.
Ahí hablo al gobierno diciendo que son más cerdos que el mismo cochino. Juegan a dos bandas: todos sabemos que a puerta cerrada roban y usan drogas. Hasta violan a sus hijas. Te hablo de cosas reales que han pasado en Puerto Rico. Ahora me llevo bien con la policía: no recibo una multa de tráfico desde el año 2001. Me respetan porque les hablo claro. Antes me trataban muy mal. Si un ser humano tiene poder sobre otro acaba por abusar. Se ve en los tribunales.
Uno de tus primeros discos se titula El enemy de los guasibiri (2004). ¿Quiénes son los guasibiri? En Internet no aparece nada al respecto.
Es que es una palabra que me he inventado yo, como hacía el sonero Ismael Rivera y otros poetas negros. Guasa significa mentira, bobería. Es como si dijera que yo soy el enemigo de los mentirosos. Adopto mis propias palabras a partir de otras.
¿Qué discos escuchas últimamente?
Sobre todo música vieja. En el coche ahora mismo tengo salsa, rumba cubana y el Nigazz4life (1991) de N.W.A. Lo único moderno que pongo es Amy Winehouse. Me gusta su flow y ese aire de los sesenta. Es muy buena.
¿Es verdad que tu hijo se llama Malcolm X?
Se llama Malcom X Calderón y mi hija se llama Ebony Nairobi. Al más pequeño le puse Esteban en honor a mi papá.