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29.LDNM - Sep-Mar 2009
Música
The Ex en Etiopía. Un modelo de intercambio cultural
Nando Cruz
En 1996 el guitarrista Terrie Ex estuvo viajando por África. Seis años después volvió de gira a Etiopía, el país que más le había cautivado. Fue la primera de las tres visitas (2002, 2004 y 2007) que ha hecho con The Ex. El cuarteto holandés expuso su tenso punk-rock (con miras al free jazz y a la música étnica) en campos de fútbol, comisarías, parques y plazas ante multitudinarias audiencias que jamás habían visto tocar a un grupo blanco.
Mientras reviven la aventura, que califican como la más intensa de sus treinta años de carrera, a la batería Katherina Ex le brillan los ojos y Terrie no para de reír. En su relato no hay poses heroicas, aunque su gesta se situó en las antípodas de la visita turística, el tour conquistador o la campaña caritativa. Llegaron fascinados por la música de aquel país e hicieron un claro esfuerzo por conectar con su gente y su cultura.


¿Por qué escogisteis Etiopía?

Terrie: Es un país muy distinto al resto, muy orgulloso de su propia música, y eso marca una gran diferencia, porque no vas a enseñarles. Puedes tocar y que ellos no le den la menor importancia. Igual te dicen: ¿por qué te equivocas de nota?


Tardasteis seis años en concretar la gira. ¿Tan complicado fue organizarla?

T: La idea fue creciendo de forma gradual. Conocimos a etíopes instalados en Ámsterdam y ellos fueron los que nos dijeron: "Deberíais ir: la gente lo necesita, no recibe ninguna información". Entonces consideramos la idea de contactar con escuelas de música y teatros de allí para ver si tendrían interés en recibirnos.

Katherine: La comunidad etíope de Ámsterdam fue muy importante. Nos ayudaron a escoger las canciones (etíopes) y hacer la transcripción fonética para que yo pudiera cantarlas. Trabajamos juntos en el proyecto.


¿Cuál fue vuestra reacción inicial una vez allí? ¿Os sentisteis desbordados?

T: No. Hay pocas carreteras, así que sólo puedes hacer un recorrido por el norte y otro por el sur. Y tampoco hay muchas ciudades grandes, así que escogimos un número determinado de ellas. En la mayoría jamás habían visto tocar a un grupo europeo, pero como tampoco hay reglas estrictas al respecto, una vez se lo explicabas siempre les parecía una buena idea.

K: Teníamos un documento firmado por el Ministerio de Cultura que nos daba permiso para tocar. Eso nos fue de gran ayuda.

T: Los trámites pueden demorarse un año, pero conocimos a un tipo en Ámsterdam con contactos en el Ministerio y consiguió que lo firmasen.

K: También hicimos mucho trabajo de preparación. Andy y Terrie fueron a Etiopía antes para preparar las cosas sobre el terreno, pues vimos que no puedes arreglar nada por teléfono. Sólo hacen algo si estás allí en persona.

T: Cuando fuimos en 2001 y les planteábamos las cosas para el año siguiente nos miraban desconcertados. Ellos no planean tan a largo plazo.

K: Es como para nosotros planear algo a diez años vista.

T: Ni las llamadas ni los contactos en persona que habíamos hecho un año antes sirvieron de nada. Así aprendimos que lo que hay que hacer es llegar y estar siempre preparado. Dicho así puede parecer muy complicado, pero una vez allí las cosas se organizan rápido. En cierto modo, es más fácil que en Europa.


En Addis Abeba disteis tres conciertos: dos, el mismo día. ¿Cómo fue?

T: El primer día tocamos en un café y el primer concierto del segundo día, el del Teatro Nacional, fue un show para la televisión. El tercero fue en el conservatorio. Allí estudian música clásica y música tradicional etíope, pero el nuevo director es muy abierto y tocamos para los estudiantes.


¿Les interesó vuestra música?

T: Muchísimo. De hecho, esa es la razón por la que hicimos una segunda gira. Decían que nadie iba a tocar allí y que les inspiramos mucho.

K: Y allí dejamos los instrumentos al acabar la gira. No las guitarras, pero sí lo demás: una batería de segunda mano que habíamos comprado para la gira, los amplificadores...

T: Lo trajimos todo de Holanda: batería, altavoces, un monitor para las voces, una caja con micrófonos, dos focos y otras muchas cosas… Lo hicimos para estar siempre listos para actuar en cuanto nos dieran permiso. No puedes depender de lo que vayan a conseguirte ellos, pues allí no tienen estas cosas.

K: Es algo que habíamos aprendido años atrás tocando en ocupaciones.

T: Hasta teníamos un sencillo generador de electricidad.

K: En Addis alquilamos una furgoneta y a un conductor local que supiera conducir esquivando burros y vacas. Además de la banda, iba un técnico de sonido, un amigo de Ámsterdam que nos ayudaba y un traductor local.


¿Cuál era el plan de la gira? ¿Cómo se organizaba cada concierto?

K: Teníamos la ruta marcada y destinábamos tres días a cada ciudad. Lo primero que hacíamos al llegar era ir al Ayuntamiento y preguntar si podíamos tocar al día siguiente o al cabo de dos. Ese era el único plan.

T: Y en esos dos días ellos encontraban una sala, una plaza o un campo de fútbol. Entonces, alguien que hablase su idioma cogía un megáfono y se paseaba por las calles anunciando que un grupo de músicos europeos tocaría tal día a tal hora. Y siempre venían unas 2.000 personas.

K: Era un poco como funciona el circo: llegas a la ciudad, preguntas dónde puedes actuar y viene todo el mundo: abuelos, niños, vagabundos…

T: En Bahir Dar aún no sabíamos cómo iban las cosas, así que organizamos el concierto en un teatro y pusimos un precio de entrada simbólico. Vinieron cinco personas. Les devolvimos el dinero y decidimos tocar al día siguiente en las escaleras del mismo teatro. Y se llenó.

K: Son cosas que tuvimos que ir descubriendo sobre la marcha. Además, en ese viaje no necesitábamos ganar dinero, así que optamos desde ese día por no cobrar entrada e intentar tocar en plazas y sitios abiertos.

T: La gente de allí decía que nos podría conseguir algo de dinero en cada actuación, pero una vez sobre el terreno vimos que no valía la pena.


¿El viaje estaba cubierto de alguna manera?

K: Sí, recibimos aportaciones de dos o tres entidades holandesas, pero creo recordar que no hubo ninguna por parte del gobierno etíope.

T: Lo más interesante ocurrió en Gonder. Había una gran celebración cristiana, la más importante, pero aun así les explicamos que veníamos de Holanda, que queríamos actuar y no le vieron problema. Para ellos era perfectamente compatible. Actuamos en una plaza ante 3.000 personas. Todo el mundo tenía fiesta ese día, así que estaba lleno.


¿La electricidad fue un problema?

T: No. Etiopía está bastante organizada en este sentido. Lalibela fue el único sitio donde usamos la electricidad del autocar. Teníamos un pequeño transformador y eso fue suficiente.


O sea, que no tocabais a un volumen demasiado alto.

T: Etiopía es uno de los países más silenciosos del mundo así que no era necesario gritar mucho.


La mayoría de grupos que salen del circuito occidental lo hacen con una disimulada actitud de "qué afortunados sois de tenernos en vuestro país" o de "será un desafío tocar para un público exótico". ¿Cuál era la vuestra?

T: Proporcionarles un buen rato, organizar una especie de celebración.

K: Tocar y, quizá, inspirarles. Además, para conectar mejor, la mitad del repertorio eran las canciones etíopes que preparamos en Ámsterdam.

T: Cuando Katherina las cantaba se reían mucho.

K: ¡Se partían de la risa delante de nosotros!


¿Teníais dudas sobre cómo aceptarían vuestra música?

K: ¡Por supuesto! Yo estaba realmente preocupada por su reacción.

T: Pero lo cierto es que conocíamos la música etíope de los años setenta, que es muy enérgica y, en cierto modo, punk. Ese es otro de los motivos por los que elegimos ir a ese país. Pensábamos que nuestra música podría encajar, que no les ahuyentaríamos.


¿Os sorprendió el público en algún sentido?

K: En Lalileba, por ejemplo, bailaban mucho. Y nos gustó mucho que reaccionaban de todo corazón. Cuando estaba cantando subió un hombre a regalarme una cadena para desearme suerte en la vida. Fue conmovedor.


Eso no pasa en Europa.

K: Desde luego. Aunque una vez en París vino un hombre y me regaló una rosa que había cogido de su jardín. También fue muy bonito. Pero me la vino a dar al camerino. El hombre en Lalibela quedó tan cautivado en ese momento que subió al escenario y me la dio.


¿Os preguntaban sobre el contenido de vuestras canciones?

T: A veces. Pero para ellos las canciones políticas no son algo raro. Han atravesado una época comunista y tienen canciones de protesta. En su cultura, la rebeldía está muy presente. Cuando se las explicábamos entendían muy bien nuestros sentimientos.


Hablemos de pruebas de sonido y camerinos, si los hubiera.

T: La furgoneta era el camerino. Y las pruebas de sonido a menudo eran intimidantes porque ya había cientos de personas mirándote.

K: A veces había tantas como en el concierto. El lugar se empezaba a llenar en cuanto oían música. Casi siempre tocábamos por la tarde.


¿Cómo afecta una gira tan distinta? ¿Hay más nervios, más excitación?

T: Todo era más extremo: el estrés, la excitación... Tanto las buenas sensaciones como las malas son más intensas que en Europa.

K: Para mí, lo peor fue el clima. Es un país alto y no estamos acostumbrados a eso. Cuesta respirar y encima es muy seco y polvoriento.


¿Fue más fácil organizar la segunda gira por el sur?

T: Ni más ni menos. También era todo era nuevo para ellos. Había alguna ciudad más, pero tampoco muchas. Y también eran exageradamente distintas entre sí: por el paisaje, por la gente, por la forma de funcionar…

K: Los contrastes eran muy fuertes. Un día estabas con una tribu donde las mujeres iban con los pechos descubiertos y otro, en un mercado que parecía de la Edad Media europea.

T: En Ziway tocamos en la tribuna del estadio de fútbol, con toda la gente alrededor. También había personas en el campo, pero las gradas estaban tomadas. Y en Arba Minch la única sala utilizable era la de la comisaría, así que tuvimos que negociar el alquiler con la policía.


¿Se quedaron al concierto?

K: Sí, pero eso era habitual. Casi siempre había unos cuantos policías para mantener a la gente en orden y a distancia del escenario.


¿Acaso era peligroso?

K: Hubo un concierto en el que la gente se comportaba de forma exagerada y los empujaron un poco hacia atrás.

T: No sabían que esa reacción es bastante normal para nosotros, así que vimos que tendríamos que explicar a la policía de cada ciudad que no pasaba nada si la gente bailaba de forma agresiva y se nos acercaba mucho.


Hicisteis una tercera visita en enero de 2007, pero sólo a Addis Abeba.

T: Sí, para presentar el disco de Getatchew Mekuria (Moa Anbessa, grabado con el saxofonista etíope). Teníamos un espectáculo conjunto y era evidente que debíamos presentarlo en Etiopía.

K: Dimos dos conciertos. El primero fue en el jardín del instituto de la Alianza Francesa. Vino mucha gente blanca que trabaja en las embajadas.

T: Era un festival organizado por el instituto y comisariado por la persona que hace las recopilaciones de la serie Ethiopiques.

K: El segundo fue en un teatro muy antiguo donde suelen actuar los músicos etíopes. Vino mucha gente, incluidos los viejos músicos locales.

T: La gente que organizaba el festival nos propuso que ese otro fuese gratuito e hizo mucha publicidad. Esa noche fue impresionante. Muy salvaje.


¿Tenéis prevista otra gira por Etiopía?

K: Por ahora, no.

T: Pero ahora hay otra gente interesada: músicos de jazz, nuevas bandas de rock… Y como hicimos buenos contactos, querríamos ayudarles a ir.


¿Y a otros países de África?

K: Nos han invitado a ir a Congo, pero no hay nada serio. Además, ha de tener cierto sentido. No necesitamos visitar todos los países del mundo. Esa no es la razón por la que vamos a un lugar.

T: Nosotros no vamos a ayudar: sólo es música. Cuando ves que esos países mantienen su fortaleza e identidad, entonces tiene sentido. No se trata de ir, que vean gente blanca e impresionarles.


¿Y en qué momento sentisteis que estas giras por Etiopía cobraban sentido?

K: Cuando los etíopes de Ámsterdam nos dijeron que era buena idea. Yo no quiero ir a tocar y que la gente se vaya diciendo: "¿qué ha sido eso?"

T: Por eso nos llevó tiempo ir. Antes quisimos aprender cosas del país.

K: Algo nos ha de hacer sentir que es buena idea. Por ejemplo, si su música te atrae ya hay una razón para intentar integrarla en la tuya. Y tampoco nos interesaría actuar en el típico festival al que sólo accede la gente rica.

T: Lo bueno de la aventura etíope es que el interés siempre fue creciendo desde ambos lados.

K: Lo mismo pasa al tocar con otros músicos. Debe haber un flujo natural en ambas direcciones. Y tú, intuitivamente, ya ves si vale la pena o no.

www.theex.nl
Exografía: la evolución de las especies
La banda holandesa despliega una actividad febril, como demuestra una veintena de álbumes publicados y más de 1.200 conciertos en tres continentes. Aquí seleccionamos algunos momentos clave de la historia de The Ex.
1979 Nacen al calor de la explosión punk. En la primera formación del grupo deciden a suertes qué instrumento tocaría cada uno. Escogieron su nombre por la rapidez grafitera: se puede estampar en una pared en tan sólo dos segundos.

1981 Editan Weapons for El Salvador [Armas para El Salvador]: un single benéfico para el movimiento de resistencia popular del país. Se mudan a Villa Zuid, un centro social ocupado de Wormer (al norte de Holanda). Ese año ofrecen en Berlín el primer concierto fuera de su país.

1983 Publican el álbum Dignity of Labour, sobre el ascenso y cierre de una fábrica de papel en Wormer. "Suena a blues urbano, una colisión enloquecida entre Einstürzende Neubauten y Gang Of Four", dice una reseña

1984 Editan el doble álbum Blueprints for a Blackout, basado en la improvisación, donde incorporan instrumentos como violín, acordeón o marimba, entre otros. También graban el single Enough is Enough, compartido con el grupo kurdo-iraquí Awara. Es su primera colaboración con músicos no occidentales. En octubre giran por Inglaterra en apoyo de las huelgas mineras.

1986 Editan el doble single 1936 que incluye adaptaciones de canciones folk izquierdistas españolas. La música va acompañada de un libreto de 144 páginas con material extraído de los archivos de la CNT.

1990 Llega a las tiendas su primer compacto: el single Dead Fish, inspirado en la decadencia de la escena indie. Además graban un single donde versionan a The Mekons y viceversa.

1993 Editan And the Weathermen Shrug their Shoulders, colaboración con el chelista estadounidense Tom Cora. El disco incluye una canción tradicional turca. Les invitan a festivales de jazz.

1999 Comparten dos giras con Fugazi (febrero y diciembre). Celebran el vigésimo aniversario del grupo en la mítica sala Paradiso de Ámsterdam. Las entradas se agotan. Al año siguiente forman The Ex Orkest, una big band de veinte músicos. Montan un espectáculo dirigido por Hamish McKeich (de la ópera de Nueva Zelanda) con letras del escritor Jan Mulder (ex futbolista del Anderlecht y el Ajax).

2001 El 11 de septiembre viajan a Estados Unidos para tocar, pero el avión da media vuelta en mitad del océano. También se estrena el documental sueco Beautiful Frenzy, que retrata la trayectoria del grupo.

2005 Ponen banda sonora en directo a una adaptación teatral de La naranja mecánica. Editan el recopilatorio Singles Period, que contiene todos los sencillos editados en vinilo entre 1980 y 1990.

2007 Viajan a Etiopía para presentar en directo el disco que grabaron en 2006 con el saxofonista Getatchew Mekuria. Como en el país apenas se usa el CD, deciden fabricar 10.000 casetes. Reparten copias gratis entre los taxistas como método de promoción.

Redacción LDNM




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