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30.LDNM - Abr-Jul 2009
Cómic
Cómo ser Mauro Entrialgo
Roberto Herreros
Quizá te suene este texto: "Mauro Entrialgo ha publicado una veintena de libros de historietas y colaborado en decenas de publicaciones. También ha escrito un largometraje, cuatro obras de teatro, ha grabado varios discos de música popular y mantiene una intensa actividad en el mundo del arte contemporáneo". Es la leyenda que aparece en muchas de las recopilaciones de historietas del dibujante Mauro Entrialgo (Vitoria-Gasteiz, 1965) y que resume las múltiples caras de uno de nuestros creadores más prolíficos. Es difícil que no te hayas topado alguna vez con un dibujo de Mauro, ya sea en las páginas de un periódico, el cartel de un concierto o las paredes de un bar. Inconfundible y cada vez más infalible, nadie ha conseguido mostrar tan bien como él esos embarazosos detalles cotidianos que hasta que no te los encuentras en sus viñetas piensas que nada tienen que ver contigo.
Empecemos con tu tira diaria en Público. "Plétora de piñatas" me parece una de tus creaciones más completas. De hecho, casi se podría decir que es una síntesis de todo lo que has hecho hasta ahora en historieta, exceptuando el humor gamberro de Herminio Bolaextra. ¿Es una tira-expositor?
Al lector ocasional le da lo mismo que los personajes que aparecen en determinada tira sean ya conocidos o completamente anónimos. Se fijará en lo que se cuenta y nada más. Pero utilizando personajes de mis diversos universos, el lector aficionado que ya conoce sus personalidades y circunstancias puede apreciar detalles más allá del simple gag del día que creo que le dan más sustancia a la tira. Por otra parte, un periódico diario con lectores de todo tipo es el lugar más apropiado para poder hacer esta gran reunión de series que abordan todo tipo de asuntos. Lógicamente, cuando publicaba en una revista especializada en cine no hablaba de otra cosa que no fuera cine, en una de cómics mensual como El Víbora no tenía sentido hablar de actualidad política y en una de vídeojuegos no habría sido lógico hablar de rock. Por eso nunca hasta ahora había hecho algo así.

Mi serie favorita es "Como su propio nombre indica", basada en personas cuyos apellidos definen su trabajo. ¿Te tropiezas con esos nombres por casualidad o los buscas?
Durante muchos años los estuve coleccionando, añadiéndolos a un listado según me los iba encontrando. Algunos amigos que conocían mi afición también me iban dando algunos. Pero desde que los empecé a publicar en formato tira también participan los lectores de la serie, enviándolos por e-mail o sugiriéndolos en los comentarios de la versión blog de la tira, con lo que mi colección se va ampliando con mayor rapidez.

Por curiosidad, ¿cuál es el que más gracia te hizo de entrada?
El ferretero navarro Josema Guibert, la histórica groupie Pamela Des Barres, el alpinista víctima de congelación Matteo Refrigerato o el diseñador de Robocop Rob Bottin son algunos de mis favoritos. Pero mi preferido de todos hasta el momento es el director del centro de investigación de tsunamis de la universidad de California: Costas Sinolakis.

Tu trabajo destaca por un lúcido costumbrismo urbano que ha provocado que te definan como una especie de sociólogo y antropólogo a pie de calle. Consigues que nos veamos reflejados en las situaciones más disparatadas y nos identifiquemos con las actitudes más bochornosas y nos riamos con ello. Me consta que dedicas muchas horas al día al dibujo, así que, ¿de dónde sacas el tiempo para fijarte con tanta precisión en lo cotidiano?
Casi todas las personas nos fijamos en lo que tenemos a nuestro alrededor y reflexionamos sobre ello. No hace falta dedicarle un tiempo específico. Pero los que nos dedicamos a esto como profesión, además, por la cuenta que nos trae, procuramos recordar cada una de esas reflexiones. Después, lógicamente, las contamos de forma humorística aplicando los mecanismos propios del oficio. No hay mucho más misterio.

Pero pasando tanto tiempo delante la mesa de trabajo el número de situaciones que puedes parodiar a la fuerza tiene que descender, ¿no?
El típico opinólogo que no va nunca en metro, no hace la compra, no recoge sus propios paquetes de correos y no sabe cómo funciona un taladro es el que tiene verdaderos problemas para que luego sus columnas periodísticas resulten mínimamente creíbles. Yo menos, porque me comporto como una persona normal y no tengo asistentes, así que en esas actividades tan cotidianas también encuentro cosas de las que hablar. De todas formas, sí que es verdad que cuando me paso diez días encerrado en casa solo haciendo historietas mis ideas van disminuyendo y necesito salir un rato a la calle para repostar gasolina de realidad.

Dibujas historietas, haces ilustraciones, has dirigido obras de teatro, tocas en el grupo de música Esteban Light y has realizado incursiones en el mundo del arte, la animación, el cine y la televisión. ¿Cuál de estas facetas te da más satisfacciones?
Siempre pasa lo mismo, mientras una ocupación es mera afición produce mucha satisfacción ver que lo estás haciendo lo suficientemente bien como para conseguir que se vaya convirtiendo en ocupación profesional. Entonces hay que empezar a cumplir fechas de entregas, aceptar imposiciones externas y demás condicionantes del trabajo serio y el asunto empieza a ser menos divertido. Ahora mismo, por ejemplo, me lo paso muy bien grabando y editando los vídeos de Trocitos de mi vida de Esteban Light, porque la mitad del día me lo tengo que pasar dibujando historietas. Pero cuando vivía de ilustrar, me divertía más haciendo historietas. Así somos los humanos: la insatisfacción continua.

Cómo convertirse en un hijo de puta, la guía que hiciste en colaboración con Ata y Santi Orúe, es una de tus obras más ambiciosas. Has dicho en alguna ocasión que no sueles dibujar novelas gráficas por la incertidumbre económica que supone trabajar meses en algo que no sabes si va a funcionar y optas por álbumes que recopilan tus historietas en otros medios. ¿Qué te hizo embarcarte en una aventura así?
El hacer el volumen entre tres personas suponía, de entrada, por lo menos en el guión, la tercera parte de trabajo. Y, además, en la editorial Astiberri, aceptaron en seguida las condiciones y el adelanto que les solicitamos.

Al final te salió bien, tengo entendido que ha sido uno de tus álbumes más vendidos. ¿Tienes en mente intentar algo parecido en un futuro?
Económicamente, salir bien en este mundo quiere decir que al final consigues cobrar por cada página lo mismo que cobrarías habiéndolas publicado previamente en una revista. Por otro lado, ya intenté volver a sacar otro libro completamente inédito escrito y dibujado directamente para ese formato: Los domingos. En esta ocasión ni siquiera conseguimos vender 1.000 ejemplares, con lo que no me salió bien. Ahora mismo, tenemos oferta de la editorial para hacer una segunda parte del Hijoputa, pero, ya que los libros creados directamente para su edición como tales no producen gran recompensa económica, lo que más me motiva es el hecho de hacer algo nuevo. Y, ahora mismo, la segunda parte del Hijoputa no me parece nada nuevo. Puede que nos pongamos a ello dentro de algún tiempo, dándole un par de vueltas a la idea para hacer algo que pueda atraer al mismo público pero que al mismo tiempo sea diferente.

Has publicado en medios de lo más diverso, desde revistas de historietas como El Víbora, El Jueves o TMEO hasta publicaciones como Primera Línea, Interviú o Ardi Beltza o periódicos como Egin, Diario Vasco, Diario 16 o El País. ¿Sueles tener en cuenta el medio en que publicas antes de enviar un chiste?
Siempre suelo intentar contar historietas que puedan entenderse por la mayoría de los lectores que supongo tiene una publicación, claro. Por ejemplo, ya que Interneteo y aparatuquis era un blog, era lógico pensar que sus lectores tuvieran un conocimiento tecnológico algo superior que el lector medio de El Jueves. Por eso allí me permitía algún chiste más específico que en Ángel Sefija, donde las alusiones tecnológicas son siempre para casi todos los públicos.

Algunas de tus viñetas de prensa siguen la tradición de cierto humorismo crítico. ¿Crees que los humoristas gráficos tenéis algún tipo de responsabilidad social?
Si uno tiene un hueco en los medios para comentar la realidad es lógico que el humorista también aporte su granito de arena para desmontar falacias, evidenciar comportamientos ridículos y señalar la ausencia de traje del emperador. No sé si es una responsabilidad, pero soltar de vez en cuando una tira de carácter social me sirve de terapia ante la impotencia que me produce la ausencia de mecanismos de participación ciudadana en las decisiones más importantes. Pero como lector, el humorista gráfico combativo full time me cansa mucho. El humor es mirar las cosas desde distintos puntos de vista y por eso el que sermonea desde un púlpito situado en un lugar fijo no hace ninguna gracia.

De un tiempo a esta parte se da lo que podemos llamar un proceso de intelectualización del cómic. Por ejemplo, se extiende el uso del término novela gráfica, en los suplementos culturales de los diarios aparecen reseñas, entrevistas con autores? En las listas de novelas más destacadas del año no es la primera vez que se cuela algún cómic. ¿Cómo ves tú este proceso? ¿En qué medida crees que puede afectar a un autor de tus características, en teoría alejado de estos postulados?
En principio, me gustaría que hubiera un proceso de normalización. No se trata de que de vez en cuando entre las novelas destacadas del año se cuele algún cómic, sino de que, por ejemplo, en las listas de libros más vendidos figuren en igualdad de condiciones que todos los demás, como sucede en Francia. Pero, en realidad, creo que este fenómeno es algo más bien relacionado con la moda. Se venden algunos cómics en librerías generalistas y los tebeos más oscarizables (o sea, aquellos en los que sale gente con enfermedades o víctimas de guerras) salen en los medios. Esto es mejor que nada y puede que avancemos hacia la normalización. Pero recuerdo que en los ochenta sucedió algo parecido y los tebeos volvieron al gueto de las librerías especializadas en cuanto nos acercamos a los noventa.

El vídeo de Esteban Light "Mi clase de octavo de EGB" es una de las cosas más divertidas que he visto en mucho tiempo. ¿Cómo se te ocurrió?
En realidad, la canción y el vídeo nacieron casi a la vez. Compuse la letra según iba recordando los nombres de mis antiguos compañeros mirando la fotografía que aparece en el videoclip. El videoclip prácticamente reproduce ese proceso.

¿Ha contactado contigo algún ex alumno emocionado?
Una noche me encontré a Ochoa de Erebi y se quejó de pertenecer al grupo de "otros que olvido". También me escribió un amigo de Barredo para decirme que en el vídeo le sobreimpresioné equivocadamente el apellido Bermejo (otro compañero que no debía estar el día de la foto) y en YouTube han dejado comentarios Bolinaga, Olloqui con pseudónimo y la novia de Carrasco.

www.mauroentrialgo.com


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