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No
del todo una curiosidad, ya que saltó a la escena internacional
en los festivales de Toronto y Cannes e incluso fue barajada para
los Oscar, Bandit Queen (Shekhar Kapur, 1994) es una de esas películas
que debería haber visto más gente.
La reina de los bandidos narra la historia de Phoolan Devi. Asesinada
a tiros en julio del año pasado, Devi se rebeló contra
su destino como parte de una de las castas más bajas de la
India. Tras una infancia de vejaciones, lideró una violenta
banda que sembró el terror en el norte del país entre
1981 y 1983, con 50 asesinatos y cientos de robos a sus espaldas.
Devi se entregó a la justicia en una ceremonia multitudinaria
y pasó once años en la cárcel. Dos años
después de ser puesta en libertad por el Tribunal Supremo,
ocupó un escaño en la Cámara Baja para
representar desde allí a los desheredados.
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La película
de Kapur comienza cuando la niña de 11 años es vendida
a su marido. Lo que sigue, es una retahíla de violaciones,
tortura y venganza filmada con mano bruta y apabullante energía.
Devi adolescente, violada por 22 hombres y torturada, desnuda en
la plaza de una aldea. Devi regresando a la aldea con su banda para
asesinar a sus violadores. Devi propinando una brutal paliza con
la culata del fúsil a su marido.
La Phoolan Devi de carne y hueso odió tanto la película,
prohibida en la India, que llevó al director a los tribunales.
Las exageraciones y omisiones de esta cinta, subtitulada La verdadera
historia de Phoolan Devi, la empujaron a contar sus recuerdos a
la editorial francesa
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Robert
Laffont-Fixot, que publicó su biografía en 1995 con
el título Mi vida. Aunque la película fue muy aclamada,
parte de la crítica opina que es un retrato repugnante y
simplista que busca el golpe de efecto y reduce el personaje a una
vengadora víctima sexual.
Kapur, que luego dirigió a Cate Blanchett en Elizabeth (1998),
esculpe la destacable actuación de Seema Biswas con toques
de histrionismo que recuerdan a Bollywood. Pero Bandit Queen está
en las antípodas del universo colorista e indescriptiblemente
extraño del cine masala, un cine que, según Salman
Rushdie, hace que la mismísima El Mago de Oz parezca "realismo
de pila de cocina".
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