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Ahora que los
horrorizados editorialistas de los rotativos más prestigiosos
nos advierten sobre el infierno en el que se está convirtiendo
la práctica del periodismo en ciertos países conflictivos,
va siendo hora de elaborar un manual de supervivencia para jóvenes
aspirantes a comunicadores. Regla numero uno: "Cuando escuches a
alguno de tus colegas hablando sobre ‘objetividad’, échate
a temblar". Fin. (El resto de las recomendaciones han sido suprimidas
en todas las ediciones del manual posteriores al 11 de septiembre)
Bien.
Antes de que la "objetividad periodística" acabe con todos
nosotros parece pertinente teletransportarse tres décadas
atrás para rememorar las tribulaciones de Hunter S. Thompson,
uno de los escritores que más ha hecho por destruir esa "pomposa
contradicción en términos". Su cruzada queda perfectamente
documentada en Miedo y asco en América (La brutal odisea
de un periodista proscrito 1968-1976), segundo volumen de la correspondencia
del periodista estadounidense publicado hace unos meses en el mundo
anglosajón. Las cartas dan testimonio de los años
frenéticos en los que Thompson, enardecido en su papel de
agitador contracultural, iba a escribir la autopsia satírica
del sueño americano adoptando la estrategia faulkneriana
de "ver el mundo a través de un grano de arena"
No contento
con ser un hijo bastardo del sector más politizado del movimiento
hippie, el autor de Miedo y asco en Las Vegas tuvo la descabellada
idea de convertirse en el protagonista de sus reportajes, independientemente
de la materia a narrar. El resultado, sorprendentemente, no tiene
nada que ver con la realidad vista a través de los ojos de
un neurótico. Su fusión de ficción y periodismo
alcanzó cotas asombrosas de veracidad en las que se reflejaba
la crisis de un modelo agotado: "Las dimensiones de lo que hemos
jodido en este país están más allá de
cualquier explicación coherente". Por ello, optó por
descartar el "enfoque razonable, liberal y humanista", consciente
de que se movía en un paisaje lleno de "trampas de oso para
periodistas liberales". O, dicho a la manera del escritor James
Ballard: "la ficción ya esta presente en todos y cada uno
de los aspectos de la vida cotidiana, la tarea del escritor es inventar
la realidad"
Alguien
afirmó una vez que el humor es como el sentido común
bailando. Acusar a Thompson de tener sentido común puede
parecer una herejía. Especialmente tratándose de alguien
cuya leyenda incluye el "peligroso" estigma de "ser despachado como
un payaso confundido por las drogas". No obstante, el programa electoral
de su candidatura a Sheriff de Aspen (1970) dice mucho acerca de
lo razonable que podía llegar a ser Hunter: "Los policías
se encargarán de recoger la basura y del mantenimiento de
la flota municipal de bicicletas"; "boleto a los arribistas"; "no
mas edificios de apartamentos bloqueando la vista"; "que les jodan
a los turistas"; "crear, en definitiva, un pueblo en el que la gente
pueda vivir como seres humanos y no como esclavos de una falsa idea
de progreso". Como el propio Thompson indica "el sentido del humor
es la principal medida para mantener el equilibrio mental. Pero
quién puede estar seguro. El humor es algo muy personal".
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DAVID MAMET
Alba
2002
Este breve ensayo del estadounidense David Mamet acerca de la naturaleza
y función de la obra dramática encierra en su fondo
una feroz y afilada crítica a la "era de la información",
a la que Mamet acusa de pretender apoderarse del arte para transformarlo
en entretenimiento y convertirlo, en definitiva, en "un instrumento
al servicio del empresario". El libro nos revela la verdadera función
del drama –un canto a la verdad, aun cuando se trate en última
instancia de resignación– y muestra, por otro lado, las grandes
mentiras de una maquinaria cultural –la del ocio– que no ofrece
sino una ilusoria sensación de victoria del "héroe"
–ya se trate de una obra de contenido social o de una película
de Disney– que crea insatisfacción, condena al público
a la esclavitud del consumo y le aparta del "estado de comulgante"
que debe otorgar la obra de arte.
Escrito
con un lenguaje sencillo, repleto de ejemplos tomados de la cotidianeidad,
este inteligente ensayo analiza de manera exhaustiva los mecanismos
de los que se sirve la industria para alienar al espectador y crear
en él una sensación de falso bienestar que no esconde
sino impotencia e inseguridad. Al mismo tiempo, hace comprender
al lector el poder infinitamente más valioso que posee la
verdadera obra artística, esto es, el de mediar entre la
consciencia y el subconsciente, el de hablar de la "vida del alma
humana" y, en definitiva, procurar un efecto pacificador que nos
permita, una vez ha caído el telón, irnos a casa con
la purificadora sensación de haber aprendido la auténtica
lección.
Texto: Nacho Vegas
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Poesia popular
de las mujeres pastún
SAYD BAHODÍN MAJRUH
Ediciones del oriente y del mediterraneo
2002
El landay, que significa literalmente "el breve" y denomina un tipo
de canto muy particular, es el segundo instrumento de protesta que
la mujer pastún (perteneciente a una comunidad tribal que
habita en los valles afganos y en los campos de refugiados de Pakistán)
empuña para enfrentarse a su inhumana condición de
vida. El primero es el suicidio
La condición
femenina pastún es particularmente dura: acogida desde la
cuna con tristeza y vergüenza, se celebra su nacimiento como
un duelo y con el tiempo se convierte a la niña en moneda
de cambio entre las familias del clan. De ahí en adelante,
la mujer sólo puede esperar trabajo deshumanizante, un marido
tiránico y un montón de hijos que, si llegan a la
adolescencia, se encargarán de maltratarla bajo la mirada
aprobatoria de su padre. Para rebelarse ante este "alentador" panorama,
las mujeres improvisan unos cantos populares de gran belleza en
forma, contenido y función. Rimas y ritmos de gran valor
melódico que versan sobre el amor, el honor y la muerte y,
desde 1978, sobre la guerra y la devastación. Literatura
oral que se crea y se canta al ir a coger agua a la fuente o en
fiestas y bodas. A través de estos bellos landays las mujeres
pastún se burlan de su "pequeño horrible" (marido
impuesto por la familia), claman contra el exilio, añoran
sus tierras, animan a sus compañeros a luchar por la liberación
o exaltan con sensualidad y gran pasión el verdadero amor,
el que procura el amante, única forma de libertad clandestina
que algunas se pueden permitir
ˇAmo!,
ˇamo!, no lo oculto. No lo niego,
aunque por ello
me arranquen con el cuchillo todos mis lunares.
Texto: Covadonga de Silva Marbán
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