Texto: Roberto Herreros e Isidro López

Oscar Mulero es una leyenda. Nadie que fuera menor de 25 años en Madrid durante el periodo 1992-1996 se salvó de entrar en contacto con este monstruo de los platos. El que no lo vivió de primera mano se tuvo que conformar con oír como jaleaban su nombre después de cada fin de semana. La reacción de los que nos encontrábamos en esta segunda categoría, cuando lunes tras lunes nos veíamos asediados por un coro que repetía que un hombre llamado Mulero se dedicaba a "salirse" sin ningún tipo de tregua ni excepción, solía consistir en pensar que en el estado en el que nuestros chavales se enfrentaban a tal fenómeno cualquier cosa se salía. En nuestro escepticismo biempensante creíamos que si este nombre, y no otro, circulaba por todo Madrid como sinónimo de estallidos incontenibles de gozo sería porque se ajustaba perfectamente a la idiosincrasia patibularia de los quemadores de fines de semana de la época. Pero, hete aquí que eran ellos los que tenían razón y que, más tarde o más temprano, quienes recelábamos de un tío al que todos llamaban Mulero y que hacía las delicias de los taladrados y los malotes del barrio, hubimos de hincar la rodilla y decir a gritos: ¡se sale, tío, se sale!
Las sesiones de Oscar Mulero son tremendas, de las que acaban creando afición por avasallamiento. En ellas, gracias a un dominio milimétrico de las técnicas de ecualización, vinilos de Detroit, Berlín e Inglaterra se van encadenando conforme a los rasposos y oscuros designios de su amo, creando crescendos incontenibles de dos horas o dos horas y media. Los sets de Mulero son la máxima expresión de una de las características más significativas del techno en estado puro (ese que viene directamente de la cultura industrial): una concepción musical alejada por completo del "buen rollo" y de la fiesta chunga que provoca increíbles arrebatos colectivos, desconocidos en cualquier otra manifestación cultural contemporánea.





¿Qué has estado haciendo últimamente?
Como DJ lo último que puedo destacar es el tour que he hecho con el sello Theory. He sacado tres referencias con ellos, pero la última es una edición especial que solamente se edita en Alemania, en Bélgica y en Holanda. Es el Theory 13.2 y la canción se llama "Anaconda". He girado un mes en los países donde se ha editado el disco, más una fecha en Austria. En cuanto a producciones, he sacado el número 5 de mi sello (Warm Up Recordings). Se llama Rented Opinion y lo ha grabado una gente de aquí de España (Christian Wünsch, Groof y unos chavales de Asturias que se llaman Exium). Ahora estoy esperando un par de remixes que me han salido en sellos de Inglaterra.

¿Qué es lo que más te gusta hacer?
Lo que más me gusta y como mejor me siento es como DJ. Esto de llevar el sello y de grabar para otros sellos complementa mi carrera, además de ser la única manera de poder trabajar y darte a conocer en otros países como DJ.

¿Tienes previsto editar un nuevo ‘DJ Mix’?
No, hasta la fecha he hecho dos, uno en el 99 (About Discipline And Education) y otro en 2000 (Rxxistance vol.1). De momento es suficiente.

Eres un figura reconocida tanto por la crítica especializada como por el público. ¿No quiere esto decir que la culpa de haber tenido que soportar durante tanto tiempo un techno lamentable en España la tienen los DJs por su falta de cultura musical y de interés?
Sí, no hay muchos DJs que estén trabajando en un techno, digamos, serio. Hay más DJs que pinchan discos para que la gente levante los brazos y que en un momento dado puede bailar hasta mi madre que DJs que investiguen y hagan un rollo más puro y más serio.

¿Cómo ves el circuito de clubes en Madrid?
Totalmente acabado. Solamente hay dos pequeños clubes: Soma que, según tengo entendido, van a cerrar ahora y Cocoon. Luego hay fiestas esporádicas. Desde el año pasado, nosotros estamos montando fiestas cada dos meses en el sur de Leganés.

En cada fiesta traemos un directo y un DJ. Estamos contando con nombres que no están muy vistos en España, ofreciendo a la gente una segunda alternativa, más que nada por aportar algo distinto.

Es curioso que en Madrid haya tan pocos clubes de techno y, sin embargo, haya tantos sellos.
Sí, es algo rarísimo, porque, por ejemplo, hay bastantes DJs y clubes de house, pero no creo que haya ningún DJ de Madrid que esté pinchando fuera de nuestras fronteras. Ninguno está dirigiendo un sello ahora mismo. Es un contraste un poco extraño, porque aquí hay cuatro o cinco sellos de techno y gente que lleva grabando para sellos de fuera muchos años. En realidad hay una buena infraestructura en cuanto a artistas y productores, pero no hay un circuito donde poder plasmar todo esto en Madrid. La gente es demasiado fashion (risas). Van a ligar a los clubes de house en vez de ir a escuchar música.

A ti te costó lo indecible que dejaran de relacionarte con el Madrid bakaladero. La prensa especializada lo achacaba después a "la ignorancia de los de siempre" pero, hasta el último momento, tampoco parece que ellos anduvieran muy atentos.
No, no, por supuesto. A la mayoría de periodistas especializados en música electrónica les preguntas si he grabado en algún sello de fuera este año y no tendrían ni idea de que estoy trabajando con gente como James Ruskin o Mark Broom. Ninguno de estos papanatas está a la orden del día (risas). Cuando la cosa ya es evidente es cuando dicen: "La gente no tiene cultura, no han seguido la carrera de este chaval", y yo llevo dando vueltas prácticamente desde el 92. Las posiciones que estamos escalando entre todos son a base de pinchar, de sacar discos y de hacértelo tú mismo. Tampoco queremos promocionarnos en plan bestia. Nuestra idea es permanecer underground, tener nuestro camino y hacer nuestro trabajo. No hay medios que hagan un seguimiento, y yo no voy a estar llamando a la prensa ni mandando discos de promoción. Se supone que tiene que haber un cierto interés por su parte. La gente que ha abierto fronteras ha sido gente de techno. Alex Martín ya empezó a grabar en sellos de fuera hace seis o siete años. ¿Dónde están los productores de house españoles que graben fuera? Sin embargo, se les da bastante coba. El techno es gente mala, bakaladeros, niños, muchas drogas… Es todo lo que ven.

Poco a poco se están pareciendo a los políticos (risas). Solo ven el lado negativo, un rollo de masas, titulares estúpidos como "Óscar Mulero: El DJ del pueblo"… A muchos de ellos me gustaría hacerles un examen de sellos discográficos de techno actuales, creo que iban a catear bastantes (más risas).

¿Por qué crees que las raves no han funcionado en España como, por ejemplo, en Inglaterra o Alemania?
No lo sé. Se siguen haciendo cosas aparte de los clubes, como eventos, festivales. Tal vez está, de alguna manera, mal visto, como la típica fiesta multitudinaria. Para mí es importante también. Quizá sigo prefiriendo pinchar en clubes, donde puedes encontrar un ambiente más familiar y puedes controlar más todo que pinchando para miles de personas.

Una vez dijiste que en tus sesiones se imponía una relación del cincuenta por ciento entre lo que te gusta a ti y lo que le gusta al público. Transmitir, pero sin perder el control de la transmisión.
Exactamente. Todos tenemos unas influencias, unos sellos y unos productores predilectos. Eso es un cincuenta por ciento. El otro cincuenta por ciento es la gente que está allá abajo en la pista. Tienes que hacerla bailar y tiene que haber una comunicación. No me parecería muy bien ser el tipo de DJ que dice: "Bueno, yo hago aquí mi historia, el que se quiera montar al carro que suba y el que no que se vaya a la barra a tomar copas".

¿Podrías citar un LP entero de techno que merezca la pena de principio a fin?
Hay muchos. Recomendaría el último álbum de Regis, Penetration. Me parece que es un paso más dentro del techno.

¿Tiene esta música algún futuro para ser escuchada en casa?
No, creo que no… Los maxis están un poco pensados para que sean una herramienta de trabajo, discos de quemar en clubes. En casa es mejor escuchar cosas más tranquilas, algo de breaks, no sólo 4x4 para la pista.





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