DR. DRE

The Chronicle
Death Row / El Diablo!

Desde que salió de la cárcel el año pasado, Marion Suge Knight se ha propuesto recuperar el tiempo perdido al frente de Death Row. Su regreso bocazas y amenazante hacia todo lo que se mueva, especialmente a quienes en algún momento compartieron barco con él, indica que tal vez no se haya percatado todavía de cómo han cambiado las cosas durante su lustro de "vacaciones", de que el rollo gangsta -al menos el que representó su política de acercar demasiado a la realidad los relatos con los que sus pupilos buscaban, paradójicamente, escapar a esa mala vida en South Central o Compton- está de vuelta y la tortilla del rap que vende (no nos pasemos llamándolo comercial) enseña ahora su lado Este. Pero como es cualquier cosa menos tonto, mientras espera cual jugador que vive de las rachas a que se le reaparezca la buena estrella, está exprimiendo un fondo de catálogo que es historia por derecho del hip hop de los primeros noventa y biblia del infeccioso g-funk a mayor gloria de George Clinton y el Moog ululante.
El ex NWA Dr. Dre, socio de Suge en la fundación de Death Row, definió las coordenadas de dicho sonido con su álbum The Chronic, una auténtica piedra filosofal que sirvió para descubrir a Snoop Doggy Dogg. El posterior éxito multiplicado de éste con su debut Doggystyle, también producido por Dre, quizá le abriría los ojos sobre el papel que la industria le tenía reservado como descubridor de descarnados talentos líricos complementarios a su trabajo de estudio; el último de ellos, un blanquito lenguaraz fllamado Eminem. Alrededor de ambos discos está construida esta recopilación con inquietante portada tipo esquela en la que sólo hay tres cortes en los que no oímos a Snoop: el "Afro Puffs" de la rápidamente olvidada Lady Of Rage; una energética colaboración con Ice Cube que nunca se materializó ni en el anunciado álbum ni en la reunión de NWA con Snoop sustituyendo al fallecido Eazy-E; y una producción a 2Pac en su último disco publicado en vida. Artefacto coyuntural, pues, sólo recomendable si el presupuesto no da para sus dos surtidores principales; el mismo Dre te diría que no lo compres, pero por razones menos prosaicas: no verá un euro.
 Félix Suárez

No podemos estar seguros de que esto sea un disco. Estamos más bien ante un híbrido de maqueta acústica, conferencia política y terapia de grupo. Once canciones nuevas, dos versiones, más siete discursos intercalados sobre las circunstancias personales de la autora, que explica las tensiones y presiones de su paso por la élite del pop (como cantante de The Fugees y ganadora de cinco Grammys con su primer álbum en solitario). Un concierto desnudo, ella y su guitarra, conservando parones, desvaríos y subidones. Sobre todo, destaca la ambición compositiva: Lauryn Hill, armada con una voz preciosa, busca la sencillez y universalidad de maestros como Marvin Gaye o Bob Marley. De este último versiona "So Much Things To Say", un título apropiado, ya que estamos ante una artista desbordante, empachada a veces de su propia expresividad. En conjunto, sale triunfante del órdago gracias a la fuerza de "Adam Lives In Theory", "I Find It Hard To Say (Rebel)", "I Get Out" y "Oh Jerusalem" (un póquer incontestable). Todas suenan a clásico, combinando robustos fundamentos soul, reggae y folk. Himnos de superación tanto personal como social porque en sus letras ambas cosas son lo mismo. También caben declaraciones de amor (rozando lo cursi) y un par de erupciones de rabia (tremendas "Freedom Time" y "Mistery Of Iniquity", muy cerca de los combativos Disposable Heroes Of Hiphoprisy). Lauryn, como los grandes, sabe convertir sus debilidades en potencia creativa: "Los medios de comunicación me retratan como emocionalmente inestable. Seguramente lo soy, pero yo me veo más como uno de esos científicos locos que hace experimentos en su propio cuerpo". Experimentos vibrantes, irregulares, orgullosos, vulnerables, redentores que inyectan vida a un repertorio sólido, capaz de funciona incluso en formato crudo.
                
                                              Víctor Lenore

VARIOS ARTISTAS
You Don't Need Darkness To Do What You Think Is Right
Geographic / Everlasting

Las recopilaciones, casi por definición, son discos irregulares. Y esta no es una excepción, aunque el nivel medio sea bastante aceptable. Se ofrecen piezas tranquilas, casi narcóticas, en la onda del indie-pop británico de los 80 y primeros 90. Tampoco se renuncia al exotismo, con guiños orientales (Nagisa Ni Te) o hawaianos (Directorsound). Mención especial para esa contagiosa postal, con remite de Jamaica, que envían Future Pîlot AKA, proyecto de Sushil Dade, ex bajista (no se rían) de los Soup Dragons.
La sorpresa: escuchar la preciosa versión de Sly & The Family Stone ("Everybody Is A Star") que bordan The Pastels. También ellos se encargan de "Intro", que el gran Kevin Shields reconstruye para cerrar el disco (no esperen mucho, es una bonita anécdota, cubierta por el típico y cálido colchón de guitarras de My Bloody Valentine) Tirando de clasicismo pop, brillan Bill Wells Octet, con un silbido pegadizo, en plan Burt Bacharach, rematado por una trompeta jazz. Hasta podemos anotarla en la lista de candidatas a mejores canciones del 2002. Bastante por debajo, pero aún disfrutables, están la aportación de Maher Shalal Hash Baz, Empress o Sister Vanilla, grupo donde los hermanos Reid (The Jesus and Mary Chain) secundan a su hermana Linda. Estos tres cortes, sin ser material de primera, despiertan la nostalgia de aquel tiempo en que el indie-pop buscaba la belleza en la intensidad emocional y no en los estribillos instantáneos.

V.L.              subir









ELVIS COSTELLO
When I Was Cruel
Island / Universal

"45", una canción que toma a los vinilos como indicadores del paso del tiempo y las vivencias asociadas al mismo, abre el nuevo Costello. El autor, qué listo, tiene 45 años. Es el primer guiño en un álbum cuyos lúcidos juegos líricos, que giran a menudo en torno a una palabra o un concepto, extenúan, seducen y dejan atónito. ¿Joyas? Hay muchas: el dolor y el cinismo de "When I Was Cruel" (7 minutos, un sampler de Mina, una cita de Abba que no firmaría ni el Stephin Merritt más demolido), la tierna psicología poética de "Tart", la crónica de la relación que se sabe a punto de desaparecer en "Dissolve", el romanticismo desfasado de "My Little Blue Window", la feroz sátira deformante de "Episode Of Blonde", la triste y hermosa, moderna, contenida y derrotada "Radio Silence"…
Pete Thomas y Steve Nieve (ex Attractions) contribuyen decisivamente a un sonido protagonizado por percusiones y bajos que dotan a la obra de una atmósfera espesa y de sonrisa malévola, una suerte de trip-hop orgánico (valga la expresión) que flirtea con el vudú-blues, el rock más virgen, el jazz y el cabaret.
Y ahora olviden todo lo leído, porque la verdadera joya de este disco es la voz de Costello, soberbia a la hora de transmitir una infinidad de matices cuya descripción merecería otra crítica.

D.S.








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MÚM
Finally We Are No One
Fat Cat / PIAS

El segundo álbum de los islandeses Múm puede entenderse como una sinfonía en la que se sugiere un área temática para que el oyente juegue con ella. Si en su primer disco, Yesterday Was Dramatic, Tomorrow Is OK (2000), se apuntaba una obsesión por la infancia y el movimiento, ahora los títulos y textos apelan a la idea de lo onírico, la memoria, el paisaje intervenido, la flotación y el miedo a desvanecerse cuando se pierde la noción de lo real. Hay cierta atmósfera alucinógena y evocadora, una sensación de claroscuro, fragilidad y misterio que, al tiempo, se vuelve increiblemente placentera. El cuarteto se recrea en la construcción de hermosísimas melodías reforzadas por todo un arsenal de recursos, desde las voces aniñadas de las gemelas Gyda y Kristin hasta la combinación de programaciones electrónicas en miniatura e instrumentos como la guitarra, bajo, acordeón, cello y melódica. Por supuesto, y siguiendo la escuela de la vanguardia islandesa, el resultado no parece de este mundo. La deslumbrante "Green Grass Of Tunnel" recuerda a lo mejor de Cocteau Twins, "Behind Two Hills..." y "Faraway Swimmingpool" parecen hacer jugar a los gnomos galácticos del Planeta Imaginario de Tomita con las cajas de música de Björk, mientras que en "Don't Be Afraid, You Have Just Got Your Eyes Closed" se llevan a Kraftwerk de excursión por los géiseres. Para no dar crédito y reconciliarse con la humanidad.

D.S.               

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ORNETTE COLEMAN
At The Golden Circle, vols. 1 y 2
Blue Note

La serie Rudy Van Gelder Edition es el argumento utilizado por el sello Blue Note para dotar de una coartada de actualidad a parte de su catálogo de referencia. En esta ocasión el ingeniero de sonido toma por primera vez (no intervino en la edición original) esta grabación en directo llevada a cabo en un club de Estocolmo a finales de 1965. Ornette Coleman regresaba en formato trío junto al contrabajista David Izenzon y el baterista Charles Moffett tras un periodo de dos años en los que, sin grabar ni tocar en directo, se había dedicado a componer música y a añadir a sus capacidades instrumentales la trompeta y el violín, de los que aquí muestra su lado más cáustico en el delirio consciente de "Snowflakes And Sunshine". Así, en estos dos volúmenes el saxofonista no se ve acuciado por la urgencia expresiva presente en trabajos previos como The Shape Of Jazz To Come o Free Jazz, y logra articular una sintaxis propia. Con el añadido de las pertinentes tomas alternativas y un inédito ("Doughnuts"), el ideario musical colemaniano articula una serie de temas que van de lo reflexivo ("Dawn" y "Morning Song") a la pura cinética ("Faces And Places" o "The Riddle"). En todos ellos la sección rítmica, mutante y tremendamente flexible, crea un trasfondo lleno de aristas que casa a la perfección con la belleza turbia y sin concesiones del discurso de un Coleman en estado de gracia.

Pablo G. Manchón
     
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VARIOS ARTISTAS
24 Hour Party People
London Rds. / Warner

El cineasta Michael Winterbottom ha decidido recrear en su nuevo filme el nacimiento, auge y caída del sello Factory y el club The Hacienda, principales emblemas de Manchester como capital mundial del pop más inquieto durante el período 1977-90.
Tony Wilson, impulsor del sello, compila una banda sonora representativa del equilibrio entre hedonismo, vicio, inocencia y rabia que se vivió en aquellos años, dejando especialmente visibles las relaciones entre la cultura punk y la eclosión de la música de baile como nueva religión (ahí están tanto el "Hallelujah" de los Happy Mondays como los hits de Marshall Jefferson, 808 State y A Guy Called Gerald). Al tiempo, clásicos que ya han sido explotados hasta la extenuación ("Love Will Tear Us Apart", "Atmosphere", "Transmission" y "She's Lost Control" de Joy Division, "Blue Monday" y "Temptation" de New Order) adquieren aquí otro sentido al situarse en su contexto que ayuda a captar tanto lo que significaron como su arrolladora vigencia. Tres inéditos (una nueva de New Order, una versión de "New Dawn Fades" por Moby con invitados y un remix de "24 Hour Party People" a cargo de Jon Carter) justifican la compra al tiempo que consagran a Wilson como encantador polemista: prescinde en la seleccion de mitos locales como los Smiths, Stone Roses, Fall, James o Inspiral Carpets y, a cambio, introduce a los londinenses Sex Pistols y The Clash.

D.S.

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