 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
|
 |
 |
 |
|
La
Industria del Disco siente que su fin se acerca y que, si Dios no
lo remedia, va a extinguirse del mismo modo que se extinguieron
los dinosaurios. Anteriormente otros industriales prósperos
y decentes, como pudieran ser los fabricantes de escupideras y orinales,
tuvieron que cerrar sus puertas cuando tiempos más higiénicos
los declararon obsoletos. Nada nuevo bajo el sol, es la ley de la
oferta y la demanda: cuando nadie quiere lo que tu vendes, desapareces.
Imagino que el lector debe estar pensando que la música no
es lo mismo que un orinal y que, excepto los bebés, nadie
necesita uno teniendo un buen cuarto de baño, mientras que
la música gusta y ha gustado siempre a todo el mundo e incluso
hay mucha gente a la que nos enloquece. Y el lector tendrá
toda la razón del mundo, pero el hecho está ahí:
la crisis de la industria del disco es la noticia más candente
y comentada del mundo musical.
Los precios abusivos de los discos, el pirateo y las páginas
de intercambio de MP3 en Internet (yo añadiría el
empeño de la industria y los medios por promocionar música
mediocre y aburrida pero, claro, eso es una cuestión de gustos)
han hecho tambalearse a una industria en apariencia inamovible.
Lo curioso es que mientras iba sacando sin prisa pero sin pausa,
a puñaditos, la tierra que iba a cubrir su ataúd,
la industria alardeaba de unas cifras de ventas multimillonarias
(millones de copias de Alejandro Sanz, un millón de Estopa,
400.000 de Ana Torroja, otras tantas de Manolo García, Jarabe
de Palo, Enrique Iglesias, Ismael Serrano, Marta Sánchez,
Duncan Dhu y quien se tercie) que, indudablemente, o eran falsas
o de ser ciertas denotan lo absurdo de un mercado que, independientemente
de los millones, está a punto de extinguirse.
|
|
 |
Fotografia: Pato Llavona y Manuena Villa Texto:
Patricia Godes |
 |
 |
|
 |
 |
 |
|
Texto: Redacción
música
Según
el IFPI, asociación mundial de discográficas, las
ventas de discos cayeron un 6,5% en todo el mundo durante 2001 (8%
en España). Los países con mayor bajón de ventas:
Polonia (28%) y Brasil (25%). El caso más extremo de piratería
lo encontramos en China, donde el 90% de la música que circula
es pirata.
Cuando hablamos de piratería, nos referimos tanto a descargas
de Internet como a ventas de compactos grabados. En España,
la copia casera es legal, tras aprobarse un canon destinado a los
autores (0,18 euros por cada cincuenta minutos de música).
El año 2000 fue el de la explosión de compactos grabables
(CD-R). Las ventas subieron un ochenta por ciento: de mil millones
de unidades (1999) a mil ochocientos. En Rusia y México,
dos de los mercados donde la industria tiene mayores esperanzas
de expansión, el CD-R fue el disco más vendido de
2001 (aunque gran parte no se usa para grabar música).
No todas las cifras son igualmente fiables. Imposible, por ejemplo,
que la Mesa Antipiratería pueda calcular "lo que la industria
ha dejado de ganar" o "lo que el fisco ha dejado de ingresar". ¿Asumen
quizá que quien compra un CD en las mantas (3 euros) lo compraría
igual en las tiendas (15 euros)?
El precio de los compactos no está sólo determinado
por la ley de la oferta y la demanda. La industria del disco funciona
en régimen de oligopolio, donde cuatro empresas controlan
tradicionalmente más del 90% del mercado. Esta es la explicación
de que el compacto, más barato de fabricar que el vinilo,
se venda a un precio superior.
La piratería ha provocado el cierre masivo de pequeñas
tiendas. Según la distribuidora independiente PIAS, cien
establecimientos cerraron el año pasado en España.
Olvidando la contribución de otros factores (como las grandes
superficies), se aduce, como único motivo, el que ya no despachaban
tantos "superventas" (por culpa del "top manta") ni tantos discos
exquisitos (por la dura competencia de las ciber-tiendas).
Como dice el tópico periodístico: Internet es el futuro.
La Recording Industry Association Of America, que reúne a
los sellos de Estados Unidos, calcula que cada mes se descargan
de Internet 3.600 millones de canciones y nadie duda de que irá
a más. La prestigiosa consultora Merrill Lynch hace una profecía
para 2010: ese año, el 46% de la distribución de música
se hará a través de la red, ya sea en forma de suscripciones,
descargas gratuitas o venta por correo.
Según el IFPI, en España hay 200 acciones al mes contra
los distribuidores piratas. El número de discos piratas confiscados
por la policía y aduanas ha aumentado espectacularmente:
de 300.000 unidades en 2000 hasta 700.000 en 2002 (datos de abril,
con sólo cuatro meses de actividad).
|
|
 |
|
Como
espectadores conscientes de las jugadas desmañadas que se
estaban llevando a cabo en nombre de un mercantilismo malintencionado
o ingenuo, vamos a proponer, sin ningún ánimo de polémica,
los siguientes argumentos en relación con el tema para los
que, afectados o no, tengan ganas de ejercitar las meninges.
I-
La industria se ha empeñado obsesivamente en demostrar que
la música no importa.
No podemos comprender el porqué pero así es: se supone
que son la belleza física, la elegancia, la literatura y,
a lo más, el sonido lo que hace vender discos. Me remito
a los hechos: ¿cómo es si no que el MP3, que es sólo
música, está logrando desbancar a esas ediciones en
CD tan bonitas y tan caras que se empeñan en hacernos comprar?
Incluso la fan más alienada, cuando se compra un disco del
ídolo más lamentable -Enrique Iglesias, por ejemplo-,
está convencida de que lo que le gusta es su música.
Si no, se compraría postales, pósteres, cromitos o
camisetas que son más baratos que el disco.
II-
La industria del disco no vende música, sino soportes.
La industria del disco ha estado convencida durante los últimos
veinte años de que, contando con una exposición y
un valor añadido extramusical suficientes, cualquier producto
se puede convertir en éxito, incluyendo los consabidos dos
minutos de silencio (desde John y Yoko hasta Depeche Mode). Y, sin
embargo, a nadie le gustan los discos ni las casetes per se sino
las canciones que contienen: contra todo pronóstico, el público
ha elegido bajarse las canciones de Internet sin soporte ni nada
o comprarse los discos en el "top manta", despreciando la portada
y los regalitos que no hacen más que encarecer el producto.
Este aspecto de la crisis tiene difícil solución porque,
desde los años 60, y quizá antes, disco y música
se han convertido en sinónimos tanto para la industria como
para muchos consumidores y estoy segura de que, ahora mismo, hay
lectores que no están entendiendo de qué estamos hablando.
Las consignas lanzadas por algunas campañas alarmistas abundan
en identificar ambos. Pues no, la crisis de la industria no trae
consigo la muerte de la música: ni Juan Sebastián
Bach ni los grandes maestros del pasado necesitaron cobrar derechos
de autor ni tener discos en el mercado para inventarse lo que ahora
mismo seguimos llamando música.
III- La industria del disco no se molesta en conocer a sus clientes.
Los
gustos y criterios personales de su personal y, como mucho, de la
gente de los medios, constituyen la única guía para
llevar a cabo tal o cual inversión. Los jefes de producto
de las compañías tienen, en mi opinión, una
responsabilidad injusta y las compañías arriesgan
demasiado en cada lanzamiento hecho a ciegas. Es inevitable que
se hayan vuelto tan conservadoras y se limiten a repetir fórmulas
mil veces probadas. Encuestas, tests, estudios de mercado, sondeos
de opinión y, sobre todo,
|
|
 |
 |
|
 |
 |
|
Texto: R.M.
www.ifpi.org
www.sgae.es
Información
oficial, de primera mano, sobre la industria del disco. La IFPI,
radicada en Suiza, es la mayor patronal del sector que engloba a
la todopoderosa RIIA estadounidense y a nuestra AFYVE (cuya página
web, www.afyve.com, apenas tiene contenido). La SGAE, por su parte,
es la polémica Sociedad General de Autores Españoles,
que mantiene una intensa actividad judicial (como demandante y como
demandada) en asuntos relacionados con el canon, el cobro de derechos
y los archivos MP3.
www.antisgae.com
www.putasgae.com
En la
otra trinchera, dos combativas páginas que recogen testimonios
de artistas favorables a la piratería como Steve Albini,
Courtney Love (Hole), Negativland, Jorge Otero (Stormy Mondays)
o Nacho Escolar (Meteosat). Ofrece enlaces con varias organizaciones
contrarias al copyright y numerosos artículos de prensa (desde
fanzines hasta Le Monde). El pasado 14 de mayo, en la sede de la
SGAE, varios activistas repartieron folletos anti-copyright aprovechando
una conferencia de Naomi Klein, autora del primer best-seller cómplice
de estas tesis (el célebre No logo).
www.todaslasnovedades.com
Las crónicas
de Diego A. Manrique, prestigioso y veterano crítico musical,
arrojan luz sobre los métodos de la industria discográfica
(especialmente, la española). Sin militar en ninguno de los
dos bandos, ofrece anécdotas, análisis y ejemplos
sobradamente elocuentes sobre los intereses enfrentados. Contiene
un archivo con artículos antiguos. Si se quedan con ganas
de más, pueden leer su columna mensual en la revista valenciana
Efe Eme.
|
|
|
 |
|
servicios
de atención al cliente, semejantes a los que existen en cualquier
otro sector, se convierten en imprescindibles en un momento de crisis.
Incluso en estos tiempos de pirateo e Internet, existen sectores
alternativos de la industria discográfica que siguen siendo
prósperos gracias a su comprensión de lo que el público
les pide. Los ejemplos llenarían miles de páginas.
IV-
La industria del disco desprecia al melómano, su único
cliente potencial.
Es
decir, crea su producto para el público al que no le gusta
la música -en teoría más numeroso y más
manipulable- despreciando a los que, por lógica, son los
consumidores básicos de música: los melómanos.
Generalmente se considera que este sector es más reducido
y menos manejable, olvidando que, en cambio, es muchísimo
más fiel y más activo.
V-
La industria del disco se ha quedado anclada en los planteamientos
de los años 60.
Me
refiero a que, dado que fue entonces cuando, gracias al aumento
de la capacidad de consumo de los adolescentes, consiguió
su mayor desarrollo, sigue dirigiéndose exclusivamente al
público adolescente en lugar de recapacitar y observar la
cruda realidad: después de dos décadas de escasez
de bebés, la edad media de los españoles sobrepasa
los cincuenta años y ni el más memo de los cincuentones
va a interesarse nunca por Natalia, Raúl o Snoop Doggy Dogg,
ni va a sentir el más mínimo interés por la
frivolidad y la locura que rigen la actualidad musical.
VI-
La industria del disco ha perdido el contacto incluso con el público
joven.
Sabido
es que están dejando de comprarse música porque prefieren
el Sega, el fútbol, el botellón y otros hobbys más
divertidos y actuales: la industria del disco no ha sabido encontrar
su sitio en la oferta de ocio actual para la juventud. La gente
que sólo ha conocido el CD no lo valora como se valoraban
antes los delicados discos de vinilo. Desde el principio sabes que
tienes algo regrabable y que no vale lo que cuesta. El fracaso es
mayor si se tiene en cuenta que este sector constituye su objetivo
principal. No sería tan grave si se hubieran ganado otro
público, pero como no es así...
|
|
 |
 |
 |
|
IX-
La industria del disco nos ha estado obligando a comprar un álbum
con doce (o más) canciones desconocidas por una que nos gusta.
Es
decir: nos obliga a comprar doce kilos de arroz cuando pedimos uno
para hacer una paella. En realidad es más grave: es como
si, cuando vamos a comprar un kilo de arroz, nos obligasen a comprar
once kilos de residuos y basura. Personalmente opino que, hablando
de música popular, la canción constituye la unidad
de medida y que es muy fácil encontrar canciones buenas,
emocionantes o divertidas en cualquier temporada pero resulta muy
difícil que quien ha grabado una de esas canciones consiga
producir, al mismo tiempo, diez más del mismo nivel. La mayor
parte de la música que sale a la venta son cortes de relleno
y eso lo saben los propios artistas, productores y editores. En
una palabra: estoy profundamente convencida de que hacer desaparecer
el mercado de singles constituyó un error irreversible.
X-
La profesionalidad del personal de la industria se ha degradado
ostensiblemente.
Lo
normal ahora es que en las discográficas trabaje gente de
marketing y no gente de música. Pero vender chorizos es diferente
de vender canciones y sus tecnicismos equivocados les han llevado
a la crisis. Los contestadores automáticos están permanentemente
enchufados para evitarse la molestia de contestar a tus llamadas.
Y, llegado el caso de que consigas contactar con alguien, nadie
va a saber quién eres -prueba irrefutable de que no hacen
su trabajo y no leen revistas- y te van a tratar a patadas (hay
excepciones, pero casi siempre se trata de amigos o gente de los
viejos tiempos). Cuando yo empecé a publicar, fueron las
compañías las que contactaron conmigo para hacerme
llegar sus discos... Pero entonces no se hablaba de crisis y ahora
sí.
XI-
El mercado del disco está en manos de señores que
no pertenecen al mundo de la música.
La
crisis de los primeros 90 acabó con las tiendas de discos.
Sólo han sobrevivido establecimientos altamente especializados
y los únicos que ofrecen música al gran público
son los grandes almacenes. Desprecio al cliente, desconocimiento
del producto y unas reglas mercantilistas simplistas y reaccionarias
rigen los principales puntos de venta de música de este país.
La oferta se reduce al mínimo según criterios equivocados
de gente que no entiende ni valora lo que es la música.
|
|
 |
| |
|
Texto: R.M.
1. Tramitación
de una Ley de Radiofórmulas que impida a los locutores hablar
encima de la música. También quedaría prohibido
emitir una canción más de 24 veces al día.
Se pretende acabar con el método bombardeo, el síndrome
de Estocolmo de algunos oyentes y la marginación del 90%
de los artistas (con honrosas excepciones, como las radios libres
o Radio Nacional).
2. Tramitación
de una Ley de la Carcasa que suprima el armatoste de plástico
que enmarca los compactos en las grandes superficies, impidiendo
muchas veces la lectura del listado de canciones, en colaboración
con el código de barras y la pegatina del precio.
3. Tramitación
de una Ley del Piercing que permita a personas de aspecto "corriente",
sin piercing, tatuajes o pelo de colores, presentar programas musicales.
No reivindicamos a Carlos Lozano o Agustín Bravo, sino locutores
informados que no hablen a gritos. También, si procede, una
Ley del Valium para frenar la euforia desbordante e injustificada
de los jóvenes presentadores.
4. Tramitación
de una Ley de Dos Preguntas para prensa escrita. Esta bien que a
Khaled le pregunten cada año por el FIS, está bien
que a los Planetas les pregunten cada año por la drogas y
está bien que a todo quisque le pregunten por el 11 de septiembre.
Pero, para no perder del todo la perspectiva, molaría que
cada entrevista o reportaje sobre música contuviese un mínimo
de dos preguntas musicales.
5. Tramitación,
y ya terminamos, de una Ley de Fonotecas. Se trataría de
crear una Fonoteca Nacional que recoja cuatro copias de cada lanzamiento,
así como una red de fonotecas municipales donde la gente
pueda acercarse a escuchar música. Las copias de fonoteca
serían suministradas por las discográficas y estarían
libres de cualquier tasa. La SGAE, la AFYVE y las grandes discográficas
llevan años intentando que la música sea considerada
cultura, con la consiguiente rebaja fiscal, por lo que suponemos
que no tendrán inconveniente en que la gente tenga la posibilidad
de acceder a ella de manera gratuita, como pasa con los libros.
|
|
 |
|
VII-
La industria del disco ha devaluado metódicamente su producto
con el baile de soportes que se inició hace veinte años.
Porque...
¿quién te dice que, cuando hayas conseguido sustituir
tu querida colección de discos de vinilo, que tantos sudores
te costó reunir, por sus correspondientes CDs (porque tú
sabes que, te digan lo que te digan, aún no están
editados en CD todos tus discos y casetes), no van a venir con otro
invento todavía más caro y todavía más
moderno para que te veas obligado a tirar a la basura los CDs junto
con los discos y las casetes? ¿Solución? Pasas de todo
y empiezas a coleccionar cochecitos y... ¡un comprador de discos
menos!
VIII-
La oferta de la industria del disco es excesiva y gratuita.
Una
manera perfecta de alienar al comprador: demasiados lanzamientos,
demasiados nombres nuevos, demasiadas modas y demasiadas tendencias...
Teniendo en cuenta que el disco no es un bien de consumo esencial
como el jabón o el pan, la mayor parte de productos están
destinados al fracaso. Las estadísticas no mienten: la mayoría
de los discos venden menos de cien copias. El exceso de nuevos valores
todavía empeora más la situación. No se cuida
a los clásicos porque, en caso de éxito, los contratos
con los novatos resultan más beneficiosos para las compañías
que los de los artistas consagrados, más exigentes, para
empezar, en los porcentajes de beneficios.
|
|
 |
| |
 |
 |
 |
 |
| |
|
"Bueno, es que
esto [la piratería] es como si entran a robar en tu casa.
En este tema, lo siento mucho, pero en contra de mis principios,
he de decir que lamentablemente la única solución
que encuentro es la represión. Conseguir que resulte muy
difícil encontrar esos discos piratas. Lo que no puede ser
es que el 30% o el 40% de lo que se venda sea pirata o que te encuentres
el mismo disco a las puertas de unos grandes almacenes a 500 pesetas.
Debería haber una brigada antipiratería discográfica
como la hay antidroga".
Alejo
Stivel, productor de discos, ex Tequila, a El País, 9 de
marzo de 2002.
"Los verdaderos
piratas son las multinacionales. [...] Cuando miras la referencia
de un CD, dice copyright 1976 Atlantic Records o copyright 1996
RCA Records. Cuando miras un libro, sin embargo, dirá algo
como copyright 1999 Susan Faludi, o David Foster Wallace. El autor
posee sus libros para licenciarlos a los editores. Cuando el contrato
termina, a los escritores les devuelven sus libros. Pero las compañías
discográficas poseen nuestro copyright para siempre".
Manifiesto
escrito por Courtney Love, cantante de Hole, que se puede encontrar
íntegro y traducido en www.putasgae.com.
"Nos quejamos de que las multinacionales se forran, pero luego lo
reinvierten en fichar talentos y en hacer promoción, mientras
que el chino o el blanco que vende discos piratas en la calle se
lo queda él".
Enrique
Bunbury, El Mundo, 29 marzo de 2002.
|
|
 |
|
personas, incluido
un seguroso cuyo exclusivo cometido es vigilar las maletas
de la expedición. Se aloja en el hotel más chic de
Barcelona y, entre otros caprichos, exige que los camerinos -y todo
lo que haya dentro- sean blancos. Ni me atrevo a calcular lo que
ha costado esta actuación que ha consistido en
una rueda de prensa y una canción. Pero lo recuerdo para
la próxima vez que un ejecutivo de multinacional me intente
convencer de que los (altos) precios de los CDs están justificados".
Diego
A. Manrique, Efe Eme, número 35, febrero de 2002.
"La piratería
es hija del sistema. Si todo el mundo tuviera un trabajo digno no
existiría, pero en este mundo la economía paralela
es inevitable. Eso sí: hay piratería casera, la de
los chavales que graban mis discos en casa, que me enorgullece,
y la de las mafias, que son unos cabrones, hacen mierdas de discos,
y eso sí que duele".
Manu Chao,
en rueda de prensa en el Cine Bellas Artes de Madrid, 24 de marzo
de 2002.
|
|
|
 |
|
"Internet ha
tenido un gran impacto en la música: sobre todo, porque es
la primera vez que la gente llega a un formato antes que la industria.
Esa es una gran ventaja. Puede haber un cambio en las relaciones
de poder. La gente está pasando del papel de espectador al
de participante".
Chuck
D, líder de Public Enemy, al programa de la BBC Go digital,
23 abril de 2002.
"Un compacto
se vende al 2000 por ciento de su valor: ¿Eso es música
o narcotráfico?".
Andrés
Calamaro, en la revista argentina La García, julio de 2001.
"Jennifer López hace playback en la gala de Los Ondas,
pero se desplaza con cerca de treinta
|
|
 |
 |
 |