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espectacular desembarco de Rammstein en Festimad con un show cargado
de melodrama, pirotecnia y solemnidad nos ha llevado a encargar un
perfil del grupo a nuestro coordinador de literatura. Entre la tradición
y el delirio, los alemanes han forjado una estética personal,
que les convierte en referente metalero (aunque si buscas a los verdaderos
maestros del rock industrial, harás mejor en acudir a los que
aparecen en nuestra selección). Nada más: te dejamos
con el retrato caústico de un grupo de nuestro tiempo. |
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¿Te parece que
Rammstein son el equivalente gótico de Bon Jovi? ¿Crees que
son la versión heavy de una charanga bávara y que
su presencia en Festimad es tan digna de reseña como los
desfiles de lencería en las galas televisivas de José
Luis Moreno? Enhorabuena, tienes un gusto impecable. Ahora bien,
¿realmente el buen gusto es lo único que importa en música?
Para empezar,
el problema es que Rammstein tampoco son mucho peores que lo más
granado de la cultura clásica alemana. Hölderlin, Novalis,
Goethe… sus versos parecen pedir a gritos una buena dosis de mallas
negras, melenas rizadas, zapatillas de boxeador y severos punteos
de guitarra. De algún modo, casi hay que felicitar a Rammstein
por haber logrado cierto aggiornamento del medioambiente intelectual
irremisiblemente heavy que impera desde hace dos siglos en su país
y que, a fin de cuentas, la dictadura musical de los Scorpions (¿acaso
"Wind of Change" no es la banda sonora ideal de los Discursos a
la nación alemana de Fichte?) ejemplifica a la perfección.
Puede
parecer que lo digo por impresionar, pero lo cierto es que no estoy
para nada seguro de que "Cuando un niño todavía/ era
yo me
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| me
encarcelaron;/ y muchos años pasé/ en mí mismo
recogido/ cual en maternal regazo" (Goethe) sea mejor en algún
sentido evidente que "Mutter", el último single de Rammstein
cuyo vídeo, por otra parte, ilustra con precisión los
anteriores versos de Goethe. No creo que diste un abismo entre "Hemos
venido demasiado tarde. Es verdad que viven los dioses,/ pero allí
arriba, sobre nuestras cabezas, en otro mundo" (Hölderlin) y
"Tu carne blanca será mi patíbulo,/ en mi cielo no existe
ningún dios" (Rammstein). Y, desde luego, estoy razonablemente
convencido de que "Ich will" de Rammstein es francamente superior
a cualquiera de los repugnantes poemas de Nietzsche. Incluso en el
terreno estrictamente musical, no es que Mahler, Strauss o Karl Orff
sean precisamente los reyes de la elegancia y su tendencia a abusar
del dos por cuatro recuerda poderosamente al "chunda-chunda" ubicuo
tanto en Herzeleid como en Sehnsucht, los dos primeros discos de Rammstein. |
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¿Sustancia o pirotecnia?
Texto:
Roberto Herreros
Algo cambió
definitivamente cuando Sepultura descubrieron a Ministry. La influencia
del grupo de Al Jourgensen fue decisiva en la gestación de
Chaos AD, sin duda el mejor álbum de los brasileños,
e inició lo que, poco tiempo después, se convertiría
en un auténtico fenómeno de masas, generalmente con
pobres resultados artísticos. Si Ministry asimilaron
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el thrash desde
la música industrial y Sepultura recorrieron el camino inverso,
la pléyade de bandas de nuevo metal que inundan las páginas
de mensuales como Rock Sound ha terminado por conformar la enésima
renovación de ese rock simplón y previsible que tan
bien representaron grupos como Queen, Aerosmith o Dire Straits. Superventas
como Limp Bizkit, Korn, Slipknot o Tool (entre el exhibicionismo instrumental
y el infantilismo de Playstation) monopolizan en la actualidad la
letra grande de los macrofestivales de rock exhibiendo inofensivamente
sus fuegos de artificio. Desde luego, musicalmente, están a
años luz de ese espíritu inquieto y vocación
transgresora de Sepultura que tan bien asimilaron Fear Factory, una
de las mejores muestras de la combinación del thrash y el techno
industrial, aunque |
ahora
anden un poco despistados. Muy lejos quedan las expectativas que despertaron
Nine Inch Nails cuando en 1994 entregaban su definitivo The Downward
Spiral. Sus posteriores palos de ciego y la ausencia de grupos que
recogieran el testigo abonaron el camino para la mediocridad presente.
Con todo, los menos conformistas aún pueden consolarse con
la migajas que de vez en cuando dejan caer los poco prolíficos
Young Gods. Los más osados deberán acudir a los artistas
de la escudería Earache, sello de Birmingham de música
extrema que, a pesar de no atravesar su mejor momento creativo, ha
pasado por derecho propio a la historia del metal más vanguardista
tras haber dado cobijo a nombres fundamentales como Godflesh, Napalm
Death, Carcass o los mutantes Scorn. |
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Discografía
recomendada • Sepultura: Chaos AD (Roadrunner, 93); Ministry: The
Mind Is A Terrible Thing To Taste (Sire, 89); Fear Factory:
Demanufacture (Roadrunner, 95); Nine Inch Nails: The Downward Spiral
(Nothing / Interscope, 94);
Godflesh: Streetcleaner
(Combat, 90 - Earache, 94); Napalm Death: Utopia Banished (Earache,
92); Young Gods: T.V. Sky (Play It Again Sam, 91)
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que
Nabokov supo caracterizar por medio del concepto ruso de "poshlust",
una especie de kitsch llevado a su extremo que no es tanto un error
estético como una auténtica opción vital. El
propio Nabokov cita a Gogol para definir este fenómeno:
"Sí,
hablando en general, el alemán promedio no es una criatura
muy agradable, pero es imposible imaginar algo más desagradable
que un Lotario alemán, un alemán atractivo... Un día,
en Alemania, me tropecé por casualidad con un galán
de esa clase. La residencia de la doncella que él había
estado cortejando sin éxito estaba situada en la ribera de
un lago, y allí estaba ella sentada en el balcón cada
noche y haciendo dos cosas a la vez: tejiendo una media y gozando
del paisaje. Mi galán germano, harto de la futilidad de su
campaña, ideó finalmente un método infalible
para conquistar el corazón de su cruel Gretchen. Todos los
días, al atardecer, se quitaba las ropas, se zambullía
en el lago, y mientras nadaba, exactamente ante la mirada de su
amada, no dejaba de abrazar a una pareja de cisnes que él
mismo había puesto allí con ese propósito.
No sé exactamente qué se suponía que simbolizaban
esos cisnes, pero sí sé que durante varias noches
él no hizo otra
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cosa más que flotar en el lago y adoptar bonitas posturas con
esas aves, bajo el preciado balcón. Tal vez imaginaba que había
algo poéticamente antiguo y mitológico en esos retozos,
pero fuera cual fuese su idea, el resultado acabó por ser favorable
a sus intenciones: el corazón de la dama fue conquistado como
él creía, y muy pronto estuvieron felizmente casados".Igualmente,
resulta extraño que se haya acusado a Rammstein de criptonazismo
cuando, en mi opinión, ocurre justamente al contrario. Rammstein
parecen haber dado con una de las claves para no espantarse ante el
inconfundible aroma a horno crematorio de versos como estos: "En fronteras
sin límites hallarse,/ gustará desaparecer el individuo,/
puesto que allí se disuelve todo hastío./ En vez de
ardientes deseos, desenfrenado querer,/ en vez de costosas exigencias,
estricto deber./ Renunciar así es goce" (Goethe, "Uno y todo").
Ya no es sólo que, como decía Woody Allen, al escuchar
a Wagner a uno le entren unas ganas irrefrenables de invadir Polonia.
Buena parte de la cultura alemana, pero muy especialmente el romanticismo,
parecen contaminados retrospectivamente por una impronta autoritaria
que resulta muy difícil de obviar. Lo que precisamente nos
ofrece Rammstein es la oportunidad de interpretar ese mundo estético
como si se tratara de una continuación musical de Dragones
y mazmorras, como la banda sonora de alguna serie de dibujos animados
o de un videojuego, en definitiva, como un afectado pastiche que en
ningún caso podría decorar los sueños de autenticidad
de algún tenebroso Junker. Desde este punto de vista todo el
mantecoso medioambiente romántico, no sólo el alemán,
se vuelve bastante más digerible. Una vez desdramatizados,
es mucho más fácil soportar a autores como Lautréamont,
Coleridge, Novalis y... bueno, sí, incluso a Byron. |
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Pero hay un
segundo motivo por el que Rammstein resulta interesante. Frente
a grupos siniestros clásicos como Joy Division o Siouxsie
(sí, ya sé que la comparación ofende), Rammstein
parecen curiosamente cercanos a una pléyade de bandas de
Nu Metal musicalmente grotescas pero con cierta miga desde el punto
de vista de la teoría de la cultura. Al igual que Marilyn
Manson, Slipknot o Korn, Rammstein son una especie de engranaje
de un medioambiente estético mucho más vasto y poco
definido en el que el público y los autores de artes muy
diversas (cómic, cine, música y danza) se reconocen
entre sí. Por ejemplo, resulta difícil decir con precisión
qué relación hay entre una película como Matrix
y un grupo como Tool, pero lo cierto es que esa relación
existe y va más allá del hecho de que a los fans de
Tool les guste (o no) Matrix.
Esto es importante
porque la teoría de la estética lleva más de
un siglo tratando de averiguar dónde reside la carga política
de ciertas expresiones artísticas. El problema es que el
mero "mensaje" de una obra no basta para establecer su significación
política (o su ausencia de ella) ya que está sujeto
a interpretaciones y utilizaciones ambiguas. Para algunos, esa dimensión
tiene que ver con la forma en que una obra de arte se articula con
prácticas políticas complejas, lo cual es muy similar
al modo en que prácticas artísticas muy diversas,
como veíamos a través del ejemplo de Rammstein, pueden
"encajar" entre sí. Por eso a veces la sencillez naif de
"mentira la mentira/ mentira la verdad" puede resultar más
subversiva que las soflamas a favor de la "lega-legalización".
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