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Actualmente más
que un movimiento propiamente dicho, Reclaim the streets es el lema
bajo el que se organizan pacíficas fiestas callejeras, se plantan
árboles, se pintan improvisados carriles para bicicletas, se
juegan partidos de fútbol o se organizan multitudinarias rave
parties con la intención de protestar de manera festiva y llamar
la atención sobre el deterioro de la calidad de vida en las
grandes ciudades y la supremacía manifiesta de los coches sobre
los peatones en los espacios urbanos. Precisamente fue la preocupación
por la hegemonía del automóvil la que dio lugar al nacimiento
de esta original forma de protesta hace más de una década
en la capital británica. "En la ciudad –advierte uno de los
miembros del colectivo londinense– no hay un solo ángulo desde
el que los coches no sean visibles". Desde su punto de vista, conceder
prioridad a los automóviles es una forma evidente de impedir
el uso público de la calle, ya que la circulación de
vehículos impide sistemáticamente el juego, la fiesta
o el paseo. "Los coches son un verdadero problema –reitera el activista
británico- y no sólo porque permanentemente estén
robándole espacio a los peatones, sino porque además
son ruidosos, contaminantes y poseen una enorme capacidad para matar.
Sólo hay que mirar las estadísticas al respecto para
darse cuenta de la gravedad del asunto". Efectivamente, los datos
del Worldwacht Institute de Washington, revelan que durante los últimos
diez años ha muerto en el mundo una media de 250.000 personas
al año en accidentes de tráfico. Realmente una cifra
escalofriante.
No obstante, las
inquietudes que mueven a la celebración de las reclaim the
streets parties en las grandes ciudades exceden ampliamente el fenómeno
del automóvil. La propia Naomi Klein las ha citado en su bestseller
No logo como "una de las nuevas formas de protesta contra la cultura
global dominada por las marcas". De hecho, en los últimos años
estas iniciativas festivas han formado parte de los repertorios de
acción colectiva en las numerosas movilizaciones que han recorrido
el planeta llamando la atención sobre los aspectos perversos
que encierra la denominada globalización. En este sentido,
en junio de 1999 se celebró la que probablemente haya sido
la movilización festiva más grande hasta la fecha: una
reclaim the streets party global en multitud de ciudades y países
como respuesta a una reunión del G-8 (las autoridades de los
ocho países más industrializados del planeta) que se
celebraba aquellos días. "Una jornada de protesta, acción
y carnaval en centros financieros alrededor del mundo, una jornada
internacional de acción apuntando al corazón de la economía
global", rezaba la convocatoria colgada en Internet y que se podía
leer en varios idiomas.
Sin duda, los ingredientes
fundamentales de este tipo de iniciativas son la música y la
fiesta. Generalmente consisten en reuniones de centenares o miles
de personas que cortan el tráfico al ritmo de percusiones o
música electrónica disparada desde algún camión
en el que se ha instalado un equipo de sonido. Sound systems, sesiones
de DJs, muestras de hip hop y hasta conciertos de rock aderezados
con disfraces y juegos callejeros suelen poner color y calor a la
fiesta en un ambiente plenamente reivindicativo.
En algunas
ocasiones este tipo de iniciativas se hace posible mediante la negociación
con el gobierno local, otras veces la gente corta la calle sin previo
aviso y celebra la fiesta hasta que la policía actúa
para impedirlo. Obviamente son frecuentes los altercados con las autoridades,
que suelen ver estas fiestas como un grave problema de orden público
y hasta de terrorismo: en mayo de 2001 el director del FBI citó
a Reclaim the streets durante una comparecencia en el Congreso norteamericano
como "grupo que supone una clara amenaza terrorista".
Todo parece
indicar que después de los sucesos del 11 de septiembre y las
repercusiones que están provocando en todo el mundo cada vez
será más difícil la celebración de eventos
de este tipo. Hace unos años un vecino de Sabadell decía:
"aquí cuando usted ve a alguien por la calle, o va al trabajo,
o viene del trabajo, o va a la compra, o viene de la compra, o está
en paro". Sus palabras siguen gozando hoy en día de una peligrosa
actualidad. |
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