Todd Solondz pasea despistado. Lleva unas gafas molonas, pero son de ver, vaqueros y zapatillas Converse All Star amarillas. Viendo sus películas uno no se lo imagina así. Es un tipo afable y educado. Se deja querer, firma autógrafos como pidiendo perdón y agradece en castellano el entusiasmo de sus fans: "tu nombre es...", "oh really, Julia?", "tú eres muy amable". Dice preferir una conversación a una entrevista.
En 1989 debutó como director y guionista con el largometraje Fear, anxiety and depression. Una experiencia que prefiere olvidar y que le persigue cada vez que inicia un nuevo proyecto. "Ni siquiera le pusieron el título que yo quería, por eso me resulta muy difícil hablar de ello". El rodaje fue tan frustrante que dejó el cine y se puso a dar clases de inglés a emigrantes rusos recién llegados a Nueva York. Seis años después volvió con Bienvenido a la casa de muñecas, película que triunfó en el Festival de Cine Independiente de Sundance y en Berlín . El retrato de Dawn, una pre-púber que vive en un suburbio a 20 minutos de donde se crió el propio Todd Solondz, hablaba con proximidad y sin concesiones de la experiencia de crecer. En Happiness (1999) continuó interesándose por las familias disfuncionales y, gracias a su tratamiento sin complejos del tabú, fue la comidilla de la temporada y consiguió una candidatura al Globo de Oro de guión. Ahora, ya casi convertido en director de culto, llega Storytelling, con la que vuelve a mostrarnos su visión cáustica del mundo.
Cuando habla, Solondz se descubre como un conversador ágil y cauto, modesto y reflexivo. Da gusto, por muchos bichos que tenga dentro.

En su filmografía los niños son los ojos sin complejos a través de los cuales se descubre una visión descarnada del mundo de los adultos. ¿Cree que sólo los niños y los locos saben decir la verdad?
La verdad es tan escurridiza que es difícil de decir. Desde luego creo que los niños pueden ser reveladores para los adultos. Son interesantes en la medida en que nos descubren cosas. A veces como adulto te das cuenta de que la perspectiva de un niño no te es tan ajena como te gustaría pensar.
¿Tenía algún héroe cuando era niño?
No, no los tuve de niño y tampoco los tengo ahora.
Pero, probablemente, sí tuvo mitos eróticos.
¿Mitos eróticos? Vamos a ver. Estoy seguro de que tuve muchos, por supuesto, bueno quizás no tantos, pero algunos sí, claro...
¿Alguno en concreto?
Oh, pero esto es tan... Es una pregunta demasiado personal.
¿Acaso le da vergüenza admitir una pequeña perversión infantil?
No, no es eso. No creo que haya nada perverso en fantasear, no hay nada insano. No importa a quien desees, siempre es legítimo. Tener fantasías es maravilloso. Es un don que tenemos.
Aunque sus películas ofrecen una visión costumbrista de la vida, usted creció viendo televisión y es un confeso admirador de la "cultura basura". ¿Qué opina de la ciencia ficción?
Dentro de este género veo dos extremos. En lo más alto hay gente como Kubrik y en lo más bajo hay un montón de películas que me gustan, me refiero a las series B, Z, este tipo de cine puede ser muy entretenido. Es lo que hay entre estos dos extremos lo que me resulta problemático.
Digamos que un importante productor de Hollywood le ofrece hacer un remake personal de El Planeta de los simios. ¿Aceptaría?
No he visto la nueva versión, aunque creo que Tim Burton es un director con mucho talento. De todas formas, la película original no es una de las que me gustaría versionear.

¿De qué otra película le gustaría hacer un remake?

Quise hacer Los Ángeles de Charlie. Quedé con Drew Barrymore para cenar. Hablamos en varias ocasiones y nos caímos bastante bien. Ella estaba muy ilusionada con la perspectiva de trabajar conmigo. Pero el estudio no aceptó y fueron listos porque no creo que mi película hubiese resultado tan rentable.
La versión que finalmente se hizo, protagonizada por Drew Barrymore, Cameron Díaz y Lucy Liu, tuvo un gran éxito de taquilla pero no recibió buenas críticas. ¿Cómo habría sido su versión de este clásico?
Mi película hubiese sido muy distinta. No quiero hacer juicios de valor, pero a mí me habría gustado jugar con muchas cosas de este icono de la cultura pop. Pero como ya he dicho, los del estudio fueron listos, porque conmigo no habrían ganado dinero. Yo quería jugar, pero no me dejaron.
¿Va usted al cine a ver los grandes estrenos comerciales?
Yo voy a ver todo tipo de películas. Como ya dije, veo tanto lo mejor como lo peor. Lo que ocurre con las superproducciones es que tienen tanta publicidad, y es tan efectiva... Está en la televisión, en la prensa, por todas partes. "Ve a ver El planeta de los simios, vea El planeta de los simios". Y funciona de verdad, nos lavan el cerebro. "Tengo que ver El planeta de los simios, tengo que verla". Lo que ocurre es que si no la ves en la semana de estreno, pierdes interés y ya no vas.
¿Come usted palomitas en el cine?
Depende.
¿De la película?
No, depende de las palomitas. En algunos sitios no están muy buenas, pero en otros son excelentes.
¿Qué película del último año recomendaría a un amigo?
Ghost World, la última película de Terry Zwigoff, el director del documental sobre la vida de Robert Crumb, basada en el cómic de Daniel Clowes.
Ya que ha salido el tema, ¿qué opina sobre el trabajo de Robert Crumb, el dibujante de cómics en el que se basa el susodicho documental Crumb?
Es un artista fabuloso. Además ha ejercido una gran influencia, no solo en dibujantes de cómic sino en general. Su trabajo es muy hermoso.

¿Se podría decir que él es uno de esos locos-niño de los que hablábamos antes, capaces de ofrecer una visión descarnada de la realidad?
No sé si loco es la palabra, colgado quizás. Todo el mundo tiene pequeños demonios dentro, ocultos en algún lugar de la cabeza. A algunos esos demonios nos atormentan más que a otros. La cuestión es cómo tratamos con ellos. Lo importante es cómo los intentas manejar.
¿Cree que hay algo sobre lo que no se pueda ironizar, sobre lo que no se pueda hablar siquiera?
Varía dependiendo de la situación, o del lugar. Por ejemplo, lo que es tabú en España no lo es en otros lugares. Incluso dentro de España, lo que dices sobre lo español y lo vasco. Ya sabes, tenéis vuestra propia situación. Si estás en un sitio vasco hay cosas que no puedes decir; si estas en un sitio español los tabúes son otros. Es algo muy cambiante. No se trata de hablar o no hablar de los tabúes, sino de cómo hablamos de ellos. Lo importante es el cómo. Hay muchos tipos de ironía y lo que hay que encontrar es el tono y la intensidad adecuados. Supongo que no hay reglas, pero tienes que estar preparado porque puedes resultar ofensivo y tienes que ser responsable de lo que dices.
Usted profundiza en temas que son tabú para la mayoría. ¿Tiene claro desde el principio de la película ese tono al que se refería con anterioridad?
Yo tengo una opinión, un punto de vista sobre los temas que expongo, pero creo que algunas personas encuentran difícil mi tratamiento, ya que me antengo todo muy implícito. No me gusta decirle al público qué pensar o qué es lo que está bien y lo que está mal. Para algunas personas esto resulta muy frustrante, pero así es como trabajo. Por eso mis películas exigen mucho del espectador. Sobre todo que tenga la mente abierta y sin prejuicios.
En sus películas usted le niega al público la paz que ofrece un final cerrado. Después de los créditos, al espectador siempre le queda la duda y la preocupación de qué será de los personajes. ¿Se hace usted la misma pregunta?

Yo siento que digo todo lo que quiero decir en la película. Los personajes hacen su viaje y es esa la experiencia que quiero compartir con el público. Más allá de eso pues, en fin, lo mío no son las historias épicas. Una hora y media no da para tanto.