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En su filmografía
los niños son los ojos sin complejos a través de los
cuales se descubre una visión descarnada del mundo de los
adultos. ¿Cree que sólo los niños y los locos saben
decir la verdad?
La verdad
es tan escurridiza que es difícil de decir. Desde luego creo
que los niños pueden ser reveladores para los adultos. Son
interesantes en la medida en que nos descubren cosas. A veces como
adulto te das cuenta de que la perspectiva de un niño no
te es tan ajena como te gustaría pensar.
¿Tenía
algún héroe cuando era niño?
No, no
los tuve de niño y tampoco los tengo ahora.
Pero,
probablemente, sí tuvo mitos eróticos.
¿Mitos
eróticos? Vamos a ver. Estoy seguro de que tuve muchos, por
supuesto, bueno quizás no tantos, pero algunos sí,
claro...
¿Alguno en concreto?
Oh, pero esto
es tan... Es una pregunta demasiado personal.
¿Acaso le da
vergüenza admitir una pequeña perversión infantil?
No, no es eso.
No creo que haya nada perverso en fantasear, no hay nada insano.
No importa a quien desees, siempre es legítimo. Tener fantasías
es maravilloso. Es un don que tenemos.
Aunque
sus películas ofrecen una visión costumbrista de la
vida, usted creció viendo televisión y es un confeso
admirador de la "cultura basura". ¿Qué opina de la ciencia
ficción?
Dentro
de este género veo dos extremos. En lo más alto hay
gente como Kubrik y en lo más bajo hay un montón de
películas que me gustan, me refiero a las series B, Z, este
tipo de cine puede ser muy entretenido. Es lo que hay entre estos
dos extremos lo que me resulta problemático.
Digamos
que un importante productor de Hollywood le ofrece hacer un remake
personal de El Planeta de los simios. ¿Aceptaría?
No he
visto la nueva versión, aunque creo que Tim Burton es un
director con mucho talento. De todas formas, la película
original no es una de las que me gustaría versionear.
¿De qué
otra película le gustaría hacer un remake?
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Quise hacer
Los Ángeles de Charlie. Quedé con Drew Barrymore para
cenar. Hablamos en varias ocasiones y nos caímos bastante
bien. Ella estaba muy ilusionada con la perspectiva de trabajar
conmigo. Pero el estudio no aceptó y fueron listos porque
no creo que mi película hubiese resultado tan rentable.
La versión
que finalmente se hizo, protagonizada por Drew Barrymore, Cameron
Díaz y Lucy Liu, tuvo un gran éxito de taquilla pero
no recibió buenas críticas. ¿Cómo habría
sido su versión de este clásico?
Mi película
hubiese sido muy distinta. No quiero hacer juicios de valor, pero
a mí me habría gustado jugar con muchas cosas de este
icono de la cultura pop. Pero como ya he dicho, los del estudio
fueron listos, porque conmigo no habrían ganado dinero. Yo
quería jugar, pero no me dejaron.
¿Va usted
al cine a ver los grandes estrenos comerciales?
Yo voy a ver
todo tipo de películas. Como ya dije, veo tanto lo mejor
como lo peor. Lo que ocurre con las superproducciones es que tienen
tanta publicidad, y es tan efectiva... Está en la televisión,
en la prensa, por todas partes. "Ve a ver El planeta de los simios,
vea El planeta de los simios". Y funciona de verdad, nos lavan el
cerebro. "Tengo que ver El planeta de los simios, tengo que verla".
Lo que ocurre es que si no la ves en la semana de estreno, pierdes
interés y ya no vas.
¿Come
usted palomitas en el cine?
Depende.
¿De la película?
No, depende de
las palomitas. En algunos sitios no están muy buenas, pero
en otros son excelentes.
¿Qué
película del último año recomendaría
a un amigo?
Ghost
World, la última película de Terry Zwigoff, el director
del documental sobre la vida de Robert Crumb, basada en el cómic
de Daniel Clowes.
Ya que
ha salido el tema, ¿qué opina sobre el trabajo de Robert
Crumb, el dibujante de cómics en el que se basa el susodicho
documental Crumb?
Es un
artista fabuloso. Además ha ejercido una gran influencia,
no solo en dibujantes de cómic sino en general. Su trabajo
es muy hermoso.
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¿Se podría
decir que él es uno de esos locos-niño de los que
hablábamos antes, capaces de ofrecer una visión descarnada
de la realidad?
No sé
si loco es la palabra, colgado quizás. Todo el mundo tiene
pequeños demonios dentro, ocultos en algún lugar de
la cabeza. A algunos esos demonios nos atormentan más que
a otros. La cuestión es cómo tratamos con ellos. Lo
importante es cómo los intentas manejar.
¿Cree
que hay algo sobre lo que no se pueda ironizar, sobre lo que no
se pueda hablar siquiera?
Varía
dependiendo de la situación, o del lugar. Por ejemplo, lo
que es tabú en España no lo es en otros lugares. Incluso
dentro de España, lo que dices sobre lo español y
lo vasco. Ya sabes, tenéis vuestra propia situación.
Si estás en un sitio vasco hay cosas que no puedes decir;
si estas en un sitio español los tabúes son otros.
Es algo muy cambiante. No se trata de hablar o no hablar de los
tabúes, sino de cómo hablamos de ellos. Lo importante
es el cómo. Hay muchos tipos de ironía y lo que hay
que encontrar es el tono y la intensidad adecuados. Supongo que
no hay reglas, pero tienes que estar preparado porque puedes resultar
ofensivo y tienes que ser responsable de lo que dices.
Usted
profundiza en temas que son tabú para la mayoría.
¿Tiene claro desde el principio de la película ese tono al
que se refería con anterioridad?
Yo tengo
una opinión, un punto de vista sobre los temas que expongo,
pero creo que algunas personas encuentran difícil mi tratamiento,
ya que me antengo todo muy implícito. No me gusta decirle
al público qué pensar o qué es lo que está
bien y lo que está mal. Para algunas personas esto resulta
muy frustrante, pero así es como trabajo. Por eso mis películas
exigen mucho del espectador. Sobre todo que tenga la mente abierta
y sin prejuicios.
En sus
películas usted le niega al público la paz que ofrece
un final cerrado. Después de los créditos, al espectador
siempre le queda la duda y la preocupación de qué
será de los personajes. ¿Se hace usted la misma pregunta?
Yo siento que
digo todo lo que quiero decir en la película. Los personajes
hacen su viaje y es esa la experiencia que quiero compartir con
el público. Más allá de eso pues, en fin, lo
mío no son las historias épicas. Una hora y media
no da para tanto.
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