La muestra Mundos corporales está formada por 175 órganos del cuerpo, sanos o enfermos, y 25 cadáveres que han sido sometidos al innovador método de conservación del profesor Gunther Von Hagens que consiste en sustituir los fluidos corporales por un plastificador que evita la degradación orgánica. Los cuerpos expuestos fueron donados por sus dueños antes de morir para convertirse en esculturas "didácticas". Según Von Hagens se trata de un regreso al mundo de los anatomistas renacentistas cuyos exámenes públicos del cuerpo humano "afectaron profundamente el entendimiento de la naturaleza del mundo".

 Resulta desconcertante intentar averiguar a través de la prensa si la exposición es buena o no. Que la muestra haya sido calificada por la Iglesia de "degradante" no ayuda. Que los críticos la consideren un "freak show del siglo XIX" tampoco. Del calificativo de "legal", cortesía del gobierno británico, mejor ni hablamos. Como colofón a este sin dios se han producido varios sabotajes. Entre otros, un hombre de 50 años fue detenido tras destrozar uno de los cuerpos a martillazos. No obstante, si algún peligro acecha al visitante, nada tiene que ver con los perturbados. Ser hostigado por alborotadores es una cosa pero morir aplastado por una avalancha de turistas es otra bien diferente. ¡Para que luego digan que el arte se ha convertido en algo inofensivo!
Lo que ya es más raro es que a estas alturas todavía quede algún pardillo que no sepa que la publicidad adversa no existe. Por ello, parece lícito sospechar que los saboteadores no son otra cosa que performers a sueldo de Herr Professor. De otro modo no se entiende que los activistas de la iglesia protestante adopten los métodos de La Fura del Baus o, sencillamente, que alguien con cuerpo pueda tenerle tanta grima a la carne.
El realismo de las esculturas produce escalofríos: el ensimismamiento del jugador de ajedrez, el organismo acribillado por los implantes a modo de ciborg sin piel o el fiambre que sólo conserva el sistema nervioso y que parece estar pidiendo a gritos un cóctel de calmantes..


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Pese a que desde el rotativo thatcherista Daily Telegraph se ha sugerido que algunas de las "esculturas" son involuntarios reclusos de un psiquiátrico siberiano, los visitantes de la muestra son invitados a donar sus cuerpos a la salida de la exposición. Los compinches del Profesor no lo tienen difícil. Sin duda, se aprovechan del estado de shock en el que se encuentra inmersa la plebe después de haber presenciado una sucesión ininterrumpida de úlceras de estómago y pulmones cancerosos. Uno tras otro se arriman al mostrador de solicitudes con la cabeza gacha, completamente entregados.
– Qué debo hacer... estoy confuso.
– Tu cuerpo ya ha sufrido muchos cambios... pero esto es sólo el principio. Tienes que llegar hasta el final. Transformación total. ¡Larga vida a la nueva carne!
– Vale. ¿Dónde hay que firmar?
Alrededor de cuatro mil personas se han decidido ya a preservar sus cuerpos. Normal. ¿Quién quiere pudrirse o ser pasto de las llamas pudiendo pasar a la posteridad convertido en obra de arte? A fin de cuentas, el único riesgo de hacer un pacto con Herr Professor es que los integristas intenten transformarte en estatua de sal. Así que, se mire por donde se mire...
Claro que siempre habrá quien prefiera la sinceridad artística del Profesor. Como si eso importara. Él mismo, para acabar con las habladurías sobre sus supuestas ínfulas artísticas, decidió hacer uso de la fórmula popularizada por el cineasta Werner Herzog que ya indicó en su día que, "la única forma de acabar con un rumor es poner en circulación otro rumor más salvaje". "Yo no soy un artista –afirma Von Hagens– sino un científico". ¡Cielos! La diferencia no es baladí si se tiene en cuenta que el Gabinete del Doctor von Hagens ya ha sido visitado por 8 millones de "necrófilos" que han dejado en taquilla unos 70 millones de euros.

¿Se imaginan lo que pueda llegar a hacer un mad doctor con ese dineral? Clonar pitbulls, distribuir ántrax a través de Internet o, incluso, Dios no lo quiera, bombardear Afganistán. ¿Por qué no? Si además de "científico" y "presunto artista" Herr Doktor es, como muchos piensan, un "degenerado", parece condenado a enfrentarse, desde su postura en pro de la perpetración corporal, a la política burkaniana de ocultación del cuerpo difundida por el talibanesco Ministerio para la Prevención del Vicio y la Protección de la Virtud.
Bien... al parecer, ya es tarde para eso. Dicha institución ha sido reducida a cenizas recientemente por una coalición de "artistas" internacionales que, según las malas lenguas, temían que le hiciera sombra al recién inaugurado Guggenheim de Las Vegas en sus labores de imposición de la legalidad (est)ética vigente. Y es que, cuando rueda la ruleta y el sonido de las maquinas tragaperras se confunde con el zumbido de las bombas sólo hay un más allá corporal posible: pulvis es, et in pulverem reverteris. Qué miseria.

 

G. Von Hagens, Mundos corporales, Galería Atlantis, Londres

Texto: Carlos Prieto