Por Darwin Palermo

Entre las últimas novedades de la editorial Paidós hay que destacar tres obras relacionadas con la filosofía anglosajona. En primer lugar El cerdo que quería ser jamón, de Julian Baggini. Contra todo pronóstico y a pesar de su horrible título, se trata de un libro riguroso y, sobre todo, muy entretenido (un poco en la línea de Pienso luego río de John Allen Paulos) que presenta algunos de los principales problemas que han ocupado a los filósofos del lenguaje en el último siglo. El contexto filosófico en el que se mueve Baggini es importante, pues le permite presentar los problemas en breves cápsulas de dos páginas (¿se imaginan algo similar con la filosofía continental? ¿un fenomenólogo presentando 100 problemas filosóficos? ¡Necesitaría un par de bibliotecas!). El recorrido temático es casi exhaustivo: lógica, teoría del significado, filosofía de la acción, ética, teodicea, estética… El libro se lee de un tirón. Baggini presenta los problemas de un modo muy claro y con ejemplos interesantes que casi casi permiten apreciar que la filosofía analítica es algo más que un divertimento académico cuya principal ocupación es la elaboración de improbables experimentos mentales de dudoso interés.

En segundo lugar, Paidós acaba de publicar On bullshit y Sobre la verdad, ambos del archicitado Harry Frankfurt. Para el primer texto, que tanto le gusta a Juan Luis Cebrián, casi mejor hacerse con La importancia de lo que nos preocupa (Katz, 2006), que recoge una amplia selección de material de Frankfurt, incluido el artículo de marras. On bullshit es básicamente un ataque a la verborrea ambiente que los medios de comunicación multiplican exponencialmente. No es que el texto esté particularmente mal pero, la verdad, resulta difícil de entender por qué demonios se ha hecho tan famoso. Con Sobre la verdad, continuación del primero, pasa un poco lo mismo. Es un ataque a los proyectos relativistas contemporáneos que debe mucho a las refutaciones clásicas del escepticismo (Aristóteles y toda la pesca), un aggiornamento que nunca está de más pero que tampoco es como para tirar cohetes de entusiasmo.

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