Por Karim Sambá

Como mucha otra gente, pasé trece horas en la edición número trece de Monegros. Se celebraba el siete del siete del 2007. No fue El Día de La Bestia, pero fue bastante bestia. Aquí resumo la experiencia en siete puntos:
- La primera pantalla duró seis horas. Viaje entre la Plaza de España y el término municipal de Fraga en un autobús fletado por la organización. Me tocó sentarme entre un clubero conocido como “El Copón”, otro que respondía por “Jamfry” y un sonriente chaval australiano de 21 años. Este último irradiaba entusiasmo: se lo había pasado tan bien en el festival belga “I Love Techno” de 2003 que desde entonces decidió consagrar su vida al clubbing. No exagero: acudió a Monegros con su camiseta de Underground Resistance y una escayola en la pierna derecha. “Es que soy camarero y a otro chico del bar se le escurrió un barril de cerveza”, explicaba sin rastro de rencor. Lea más en Música en la mochila.

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