Por Perla Primicias

Subir peñascos es una estrategia bien conocida para investir al sátrapa de turno de un halo sobrehumano. Mitterand subía todos los años a la roca de Solutré en compañía de unos cuantos catetos de su confianza, Juan Pablo II era frecuentemente fotografiado dando caminatas por los dolomitas y haciendo examen de conciencia por encima de los dos mil metros y el Führer  elegía los escenarios alpinos para sus instantáneas más íntimas. Pues bien, anoche pudimos presenciar una intentona de José Luis Rodríguez Zapatero de unirse a este selecto club de grandes hombres políticos capaces de empequeñecer a la naturaleza y a las crisis económicas a golpe de Chiruca.

Con la vaga excusa de querer repetir una escalada que el joven ZP realizó hasta un recóndito refugio alpino de los Picos de Europa, el grupo PRISA puso en un programa de Cuatro al presidente del gobierno bajo la tutela de una especie de monitor de tiempo libre, con un parecido escalofriante con Owen Wilson en Zoolander, llamado Calleja. Al final del recorrido, el sherpa Calleja aseguró haber crecido junto al Jefe de Estado, afirmación a la que un Zapatero desfondado asintió por agotamiento.

La salida del pueblo hacía presagiar grandes males. Calleja, descompuesto por la relevancia histórica de su misión, no dejaba de zarandear al segundo de los españoles mientras le inquiría compulsivamente: «¿Qué se siente? ¿Qué se siente?» Zapatero, mientras, claramente noqueado por las embestidas que acababa de recibir de varias votantes socialistas de la zona, no llegaba a interpretar el comportamiento simiesco de su porteador y balbuceaba algunos comienzos de frase claramente insuficientes para disuadir al enfebrecido montañero. Pasada esta primera fase de desconcierto, Zapatero se rehizo y comenzó a responder a su interlocutor con una serie de disparatadas impresiones acerca de la vida y la política, “las montañas están donde estaban y yo estoy donde estaba”, dijo ZP para marcar su confuso territorio discursivo. El momento álgido de esta fase llegó cuando una inofensiva bromita de Calleja, (“las montañas se suben con talante, ¿eh?”) desató un monólogo a mitad inaudible, en el que un ZP, cada vez más en sintonía con su entorno y progresivamente presa del mal de altura, comenzó diciendo que a la política le falta sentido del humor y acabó susurrando a los montes algo acerca de lo mala que es la rigidez de carácter para la vida. “Eso no puedo cambiarlo”, aseguró el desconcertado alpinista.

A la mañana siguiente llegó la gran prueba. Sin duda a petición del propio gabinete de asesores de imagen de Zapatero, el presidente del gobierno no acometió el ascenso por el camino habitual sino por un extravagante roquedo por el que suelen transitar los más experimentados montañeros. El jefe de gobierno se vio atrapado en un fino hilo de camino, entre un pedregal y un precipicio pavoroso, y toda España pudo comprobar la capacidad de sacrificio de su máximo mandatario, dispuesto a despeñarse por recuperar unos puntos en los índices de popularidad. Cuando a Zapatero se le estaba ya haciendo muy larga la subida y andaba en ángulo de noventa grados, chorreaba sudor y jadeaba visiblemente, el sherpa-presentador volvió a atacarle verbalmente con otra batería de preguntas: «¿Qué se siente estando aquí y siendo presidente?», a la que el presidente del gobierno replicó con una serie de bufidos monosílabos sospechosamente cercanos al gruñido.

El delirio llegó con la llegada al refugio (del que por cierto los escoltas acababan de botar a unos cuantos  barbudos, con pinta de haberse estado fumando tranquilamente unos canutitos hasta cinco minutos antes, y que al cruzarse con el sequito presidencial no paraban de mostrar su sorpresa por ir a encontrar “precisamente aquí, a 2070 metros” a ZP), cuando el presidente, ya claramente victima de la escasez de oxígeno, dijo incoherencias con gesto de iluminado hasta el final del show. Comenzó el estadista por contestar “ha sido muy fácil” a todo cuanto le preguntaban, siguió diciendo que es un deber de todo presidente visitar los sitios más bonitos de su país y acabó entonando una oda a la sana camaradería montañera, alejada de cualquier sentido (ni de estado, ni de cualquier otro tipo). Sospechamos que, ya fuera de cámara, la bajada la hizo en un cómodo helicóptero del SAMUR.

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Una respuesta a “”

  1. J. Fox
    septiembre 10th, 2008 11:09
    1

    Mmm… quizá esta noticia ayude a aclarar la oportunidad de este tipo de reportajes de intención hagiográfica:

    http://www.cotizalia.com/cache/2008/09/10/noticias_52_zapatero_anuncia_destinara_millones.html

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