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El suplemento Babelia dedica su portada a E. L. Doctorow, uno de los mejores novelistas de nuestra época. La charla contiene respuestas muy sustanciosas: «Los relatos nos enseñan las leyes de la comunidad y distribuyen el sufrimiento. A través de las historias, el individuo siente que su sufrimiento puede ser compartido por los demás. El relato trae consigo lo que la comunidad debe saber para sobrevivir: éste es el sistema de conocimiento al que me refiero. La facultad imaginativa, la facultad de ver cosas y hacer conexiones que no serían posibles dentro de parámetros fácticos, son dones del escritor de ficción. «Ver lo que está oculto», decía Henry James. Bellow se sentía «como un médium». El escritor de ficción siente que no tiene obligación moral ninguna hacia las instituciones que rigen nuestra vida, trátese del Gobierno, la Iglesia o la familia, y este tipo de testigo es muy valioso para la sociedad. Cuando Joe Heller publicó Trampa 22, una novela muy escéptica sobre los nobles esfuerzos norteamericanos en la Segunda Guerra Mundial, la gente se molestó mucho. «Esto no ocurrió así», dijeron. Puede que no, pero sí ocurrió así en Vietnam. El libro fue profético». Aprovechamos para repescar la entrevista que el escritor concedió a LDNM en 2003.

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