Por Perla Primicias

La productora cultural de El Mundo ha presentado su capolavoro hasta la fecha: la película GAL. Melchor Miralles, productor de la película, reconstruye la historia de los hechos que él mismo investigó y que, como cita el eslogan de la película, sacudieron “el país”, que no “al país”. Sí, “el país”, porque GAL es ante todo un ejemplo para otros medios que sirven a intereses inconfesables (o, como diría José María García, “mediáticos”). Los crímenes del GAL, ocupan un lugar secundario frente a la afirmación de la rotunda integridad de Pedro J. Ramírez y del propio Miralles.

A pesar de que a estas alturas poca gente duda de la integridad de Ramírez, propietario de la piscina más íntegra de España, su empleado insiste en ella con tal vehemencia que en cualquier otro contexto se podría pensar en un peloteo a gran escala previo a la petición de un fuerte aumento de sueldo. No es el caso, nos consta que Melchor sí llega a fin de mes, y que no sirve a más interés que a la verdad. Algún retoque como cambiar, en la escena real del casto beso de la pareja investigadora en el teleférico de Madrid, a su colaborador Ricardo Arqués por Natalia Verbeke en nada altera el fondo de la película. Según el film, tres son los momentos clave del paso de Pedro Jota por la historia reciente de España:

1) Ante las primeras insinuaciones por parte del dueño de Diario 16 de la inconveniencia política de la investigación de los hechos del GAL, Pedro Jota deja clara su máxima deontológica: “Mientras yo sea director no admitiré ninguna presión política”, aunque por supuesto se reserva el derecho democrático a ejercerla él, por su propia voluntad, y sirviendo al transparente interés por la verdad. A los malintencionados que piensan que el hecho de que la subvención de la película provenga de los gobiernos autonómicos de Murcia, Baleares, Madrid, Valencia y Castilla León supone algún sesgo político les recordamos que el pronunciamiento del hombre del tutú más integro de España se refiere sólo a la prensa escrita.

2) Ante la continuidad de las presiones del director de Diario 16 para que acabe la investigación y se despida a Miralles y a Arqués/Verbeke, Pedro Jota asume su cita con la historia reciente de España y antes de intentar alguna fea maniobra en la sombra, impropia de su estatura moral y de su poblada cabellera, dimite antes de que el corrupto dueño del periódico haya terminado la frase. La reacción de la redacción no se hace esperar y, todos en pie, dedican una sonora ovación al hombre de los tirantes. Miralles hace suya la indignación de la plantilla entera y con un fino hilo de voz dice “esto es una canallada” y abraza castamente a su jefe. En el siguiente plano aparece lustroso el edificio sede de El Mundo. Por Miralles, por Verbeke y por la Verdad, Pedro Jota ha decido continuar siendo incómodo para el poder en lugar de aceptar soluciones cobardes como retirarse a una casa situada en la linde del dominio público terrestre a investigar los usos del ácido bórico.

3) Un personaje histórico como Pedro se forja con presiones de los de su rango y no con reprimendas de su jefe. La película saca a la luz dos encontronazos al más alto nivel. El primero con el presidente del gobierno, magistralmente interpretado por alguien muy parecido a Christopher Lee (¿un drácula andaluz?) en los pasillos del congreso. Minutos antes, el presidente comparecía ante los medios condensando en un minuto todas las majaderías que dijo Felipe González durante la década larga de GAL que presidió. El segundo encontronazo se produce, tras un debate televisado, con un híbrido perfecto entre Vera, Barrionuevo y varios personajes de Los Soprano al que Pedro Jota acababa de cantar y contar las verdades del barquero a la cara.

Pero Melchor también sabe reivindicar a las figuras menores de la historia reciente de España, esas de las que ya no depende su aumento de sueldo. El subcomisario Amedo nos es devuelto en sus auténticos rasgos de personalidad. Después de la deformación interesada a la que le sometió el polanquismo en películas como Torrente, GAL nos recuerda que expresiones como “estoy hasta los cojones de putas y maricones”, “por mis santos huevos” o “que tiro de la manta mecagoendios” son la voz de un hombre equivocado y manipulado, pero que acabó contando la verdad a las personas adecuadas.

Tiremos todos de la manta, acerquémonos al mantero más cercano y por cinco euros compremos GAL y un par de recopilaciones de reggaeton, y podremos carcajearnos de este publirreportaje sin miedo a que nos confundan en el cine con lectores del ABC o, lo que es peor, con votantes del PSOE.

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Una respuesta a “”

  1. Calcerrada
    diciembre 18th, 2006 18:00
    1

    Pedro J. Forjó su acero

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