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21.LDNM - Mar-Abr 2006
Arte
BitterWeber. La arquitectura de la revolución
Mona Meinhoff
BitterWeber son Sabine Bitter y Helmut Weber, dos artistas austriacos cuyas obras –basadas en la fotografía y el vídeo– abordan diversos aspectos de la arquitectura y el urbanismo, prestando especial atención a los mensajes que transmiten las imágenes urbanas. El pasado febrero, en el marco de las exposiciones asociadas a ARCO, expusieron en Madrid parte de su obra, en la que destaca su reciente proyecto Hecho en Caracas.
En vuestros trabajos abundan las fotografías tomadas en viajes al extranjero. Al margen de la indudable calidad estética del resultado, ¿qué es lo que diferencia vuestra forma de captar imágenes de la de un simple turista? ¿Cómo trabajáis cuando llegáis a un lugar?
Sabine: Helmut y yo trabajamos sobre desarrollos arquitectónicos y urbanísticos en diferentes lugares y empleamos para ello medios muy distintos, no sólo la fotografía. Nos interesa el tipo de imágenes que transmiten los desarrollos urbanos y la relación que guardan con el poder, con la historia..., es decir, lo que podríamos llamar la “política de la imagen” de estos lugares. Por lo demás, nuestras obras siempre requieren un trabajo previo sobre el terreno: nos trasladamos a un lugar, nos implicamos de alguna forma en el plano local y, sólo después, creamos una obra con esa experiencia acumulada. Para Hecho en Caracas lo primero que hicimos al llegar fue inspeccionar las zonas urbanas de Caracas marcadas por la arquitectura moderna –entendiendo por tal no tanto un conjunto de características formales o estéticas, cuanto una tradición que conlleva algún tipo de planteamiento utópico o, cuando menos, cierta idea de promisión–, y su estudio nos dio pie a implicarnos muy a fondo con organizaciones de base y movimientos sociales y a conocer los avances políticos que están teniendo lugar.

Hecho en Caracas contiene numerosas referencias a la Constitución bolivariana, a la democracia directa y la participación ciudadana. ¿Os sorprendió lo que encontrasteis al llegar a Venezuela o era lo que esperabais?
Sabine: Antes de viajar estábamos informados del proceso revolucionario que se estaba viviendo y de las medidas que estaba tomando el gobierno de Chávez. Pero sí nos sorprendió, y mucho, ver cómo todo estos procesos políticos se estaban trasponiendo en el ámbito de la cultura, tan reacio generalmente a estos desarrollos. Nos asombró descubrir cómo la gente de abajo –personas intelectualmente muy preparadas– tomaba la iniciativa en una forma de democracia verdaderamente radical.
Helmut: Estuvimos en Caracas seis meses, tiempo suficiente para conocer a la gente y escuchar voces que generalmente no se oyen. Un amigo nos facilitó el contacto con personas que habían estado implicadas en la elaboración de la Constitución bolivariana y en los movimientos de resistencia contra los gobiernos anteriores a Chávez. Así que tuvimos un acercamiento muy apropiado a esta revolución en marcha y a sus gentes. Otro aspecto que destacaría de nuestra experiencia venezolana es la claridad con la que se percibe la política mediática imperante: las noticias de agencias como Associated Press decían exactamente lo contrario de lo que estaba teniendo lugar. Es realmente increíble ver cómo funciona esta política de la imagen y cómo la gente se organiza para poner en marcha otras políticas de imagen capaces de contrarrestar este sistema mediático dominante.

Vuestra obra, ¿pretende también incidir en este espacio, es decir, pretende contribuir a contrarrestar las imágenes dominantes?
Sabine: Por supuesto, y también intentamos hacer visibles cosas que suelen permanecer ocultas. En Caracas, por ejemplo, nos centramos en un barrio, el 23 de Enero, compuesto por grandes bloques de viviendas típicamente modernos, que no aparecía representado en ningún lugar de la Caracas oficial antes de Chávez a pesar de ser obra de Carlos Raúl Villanueva, un arquitecto de fama mundial. Nadie parecía haber reparado en la situación actual de estos superbloques que, por lo demás, tienen una interesantísima historia, fiel reflejo del pasado de movilizaciones políticas de Caracas: a finales de los cincuenta, durante la revuelta que acabó con la dictadura del General Pérez Jiménez, la gente ocupó los edificios que permanecían vacíos y, desde entonces, el barrio entero es un foco de resistencia política, además de constituir uno de los principales respaldos del gobierno de Chávez. Y a pesar de este pasado tan interesante, de su papel en la historia de la ciudad y de su calidad arquitectónica, era como si el barrio y sus bloques no existieran; no aparece ni en libros de arquitectura.

Cuando un urbanita occidental mira una foto del 23 de Enero, en donde el espacio que queda entre los superbloques está totalmente macizado de chabolas, lo que ve es un escenario de pobreza y peligro. No obstante, en vuestra forma de representar el barrio parece percibirse un cierto aire positivo. ¿Es así?
Sabine: De nuevo se trata de la política de la imagen y la carga ideológica que hay tras estas imágenes. Nuestros prejuicios nos hacen pensar que necesariamente debe haber un choque social, cultural y político entre los habitantes de los bloques y los de las chabolas. Pero resulta que no es así; allí vive una única clase social que comparte una misma cultura y unos mismos problemas. De hecho, a los superbloques los llaman “barrios verticales”, cuando “barrio” es la palabra que se utiliza en Caracas para referirse a los conjuntos de viviendas de autoconstrucción. Así pues, en este caso, la recurrente oposición entre la ciudad formal y la informal –supuestamente asociada a desesperación, pobreza e ilegalidad– se desvanece por completo. Tanto la gente de los superbloques como la de los ranchos se moviliza, forma colectivos y organiza toda una infraestructura social que, actualmente, cuenta con el apoyo del gobierno. Por eso se está viviendo este momento tan productivo en el que por primera vez los movimiento de base se ven complementados y reforzados por las medidas que se toman desde arriba.
Helmut: También tratamos de reapropiarnos de algún modo de la estética de supuesta pureza de estos proyectos urbanos modernos, reintroduciendo imágenes tomadas desde abajo. Y aunque no intentamos ocultar los problemas, sí buscamos la manera de procesar estas imágenes de forma que la gente se haga una idea de que sí, puede resultar peligroso, pero hay mucho más; no nos interesa la típica imagen de favela devastada. De hecho, también pretendemos contribuir a modificar la percepción imperante de este tipo de imágenes. Así que si al mirar esas fotos has percibido algo positivo, es que lo hemos hecho bien.

Live like this, otra de vuestras obras, trata de Pedregulho, un conjunto moderno de viviendas proyectado por Affonso Reidy en Río de Janeiro. Cuando uno compara vuestras fotos con las que aparecen en los libros de arquitectura, apenas puede creer que se trata del mismo lugar...
Sabine: Precisamente nos interesa mostrar la carga ideológica que conllevan las formas tradicionales de representar esta arquitectura. Antes estos edificios se fotografiaban en blanco y negro y vacíos o semivacíos, como queriendo mostrar la pureza de la forma arquitectónica. En los últimos años, en cambio, sólo se muestran imágenes de desolación con los edificios prácticamente en ruinas, queriendo ilustrar el supuesto fracaso de la arquitectura moderna y sus pretensiones utópicas, como si no hubiera término medio, como si no hubiera millones de personas viviendo una vida normal en estructuras arquitectónicas y urbanísticas de este tipo.

Hablando de la arquitectura moderna y su supuesto fracaso, en vuestra obra parece haber implícita una cierta defensa de esta tradición arquitectónica tan duramente criticada. ¿Es así?
Helmut: Puede que en nuestra obra haya algo de apología aunque, desde luego, es difícil defender esta tradición; todos sabemos que los procesos de modernización han resultado ser un desastre para los pobres y oprimidos. No obstante, aunque las pretensiones de la arquitectura moderna de alojar mejor a los pobres fracasaran, al menos, la sociedad en su conjunto parecía sentirse de algún modo responsable de esta situación y se mantenía la idea de que era preciso buscar e imaginar cómo debiera ser la sociedad. En los ochenta, en cambio, con la aparición del posmodernismo y el auge neoliberal, se produce una ruptura total y toda la tradición moderna se convierte en algo reprobable. Por lo demás, habría que ver qué elementos de la tradición moderna permanecen en el proyecto globalizador neoliberal, y cuáles son los que faltan pero deberíamos reintroducir, porque la idea de que si la economía va bien todo va a ir bien es una auténtica patraña.
Sabine: Sí, la globalización es modernización sin modernismo, o sea, todo el aparato técnico y económico pero sin la preocupación social, sin la vertiente utópica…


1 comentarios a BitterWeber. La arquitectura de la revolución

1. «eres un marico
»


Dicho por mamaguevo el Wed 31-01-2007 23:33 (UTC)




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